La esperanza de los súper

Extraordinary: La serie que sabe aprovechar el género (y de paso me manda a terapia)

La producción británica estrenada por Disney+ nos demuestra que aún se puede redescubrir el género de superhéroes e interpelar a toda una generación.

por | Mar 9, 2023

Este año se van a estrenar nueve películas de superhéroes, de series un puñado más. El género estuvo siempre presente, en mayor o menor medida, pero desde hace una década domina las pantallas, tanto que muchas veces los personajes dejan de ser historias y pasan a convertirse en propiedades intelectuales. Pero mientras los ejecutivos aseguran que el público jamás se va a cansar de ver más de lo mismo, la repetición empieza a saturar y uno llega a dudar si todavía hay algo nuevo para contar.

Y estaba convencida de que ya no iba a ver nada que me sorprendiera con superpoderes, que todo lo que vendría iba a ser derivativo de lo mismo, hasta que el 25 de enero una inesperada producción llegó desde el Reino Unido.

Una serie que cuenta la vida de una chica de 25 años que, en un mundo de personas con superpoderes, es ordinaria. Aunque lo innovador de Extraordinary (2023-) no es cómo refleja los poderes de sus personajes, ni el hecho de que su protagonista no los tenga, sino que son un vehículo para hablar de algo más, para plantearnos la desesperación y confusión que viven la mayoría de las personas de esa edad y cómo el mundo puede hacernos sentir poco especiales y que no somos suficientes.

Jen (Máiréad Tyers) no sabe quién es, no tiene idea de qué hacer con su vida ni cuál es su camino. Solo tiene una cosa en claro: que sin poderes no puede pertenecer a nada. Todos los integrantes de su familia tienen uno, sus amigos, con quienes comparte departamento, también los tienen. Qué lugar queda para una persona que no posee lo único que parece diferenciarla del resto, que le da sentido en una sociedad que prioriza esto como valor fundacional de su identidad. 

“Inseguridad paralizante. Soy egoísta, algo perezosa. Me falta ambición. Soy terca, discutidora, celosa. Solo me lavo las manos cuando hay alguien más en el baño. No me creo capaz de amar. Me preocupa ser un poco racista”.

Así se describe Jen en la primera escena de la serie. Es una persona muy consciente de sus fallas, pero para ella ninguna de estas es más importante que el hecho de no tener poderes aún. Entonces, todo esto pasa a un plano secundario, y de hecho el “no ser especial”, le da una justificación para dejar que el resto de sus debilidades, como las describe, tomen el control de su vida, sin importar cuánto puedan afectar a quienes la rodean.

Y es acá justamente en donde el recurso de los superpoderes es utilizado de una manera innovadora, diferente, y efectiva. Porque no es el centro de la historia, no nos guía, ni es el objetivo central de lo que se nos cuenta, sino que es la mayor ambición de la protagonista, y a través de esto se genera una comedia dramática que refleja lo complicado que es encontrarse a los veintitantos sin saber cuál es el rumbo a seguir, qué se quiere de la carrera, de las amistades, y de la vida en general.

Porque esta historia no es de superhéroes; si todos tienen poderes, si la sociedad en general es superpoderosa, eso es la norma, no la excepción. Estos dones no son usados para salvar a la gente, luchar contra villanos ni proteger a la ciudad; son parte de la cotidianidad.

Carrie (Sofia Oxenham), la mejor amiga y compañera de piso de Jen, puede comunicarse con los muertos y que ellos hablen a través de ella, pero su poder es utilizado en su trabajo como asistente legal para definir testamentos. Jizzlord (Luke Rollason) es un cambiaforma, pero solo puede transformarse en un gato y la mayoría de las veces no puede controlarlo; y los que quieren usar sus poderes para “combatir el crimen” son el hazmerreír de la sociedad y su aporte es intrascendente. 

Demasiado cerca de casa

Desde una perspectiva más personal, ya hace un tiempo los superhéroes y todo lo relacionado con ellos me cuesta. Los quiero, para mí son un escape, representan lo que podemos ser, las aspiraciones que tenemos y nos entregan una realidad mejor. Quizás con el paso de los años y la saturación del género, me fui agotando de ellos. Me cuesta sorprenderme con sus historias, que me conmueven, y esto lo digo con tatuajes de Batman y Robin. Ya espero poco de cada lanzamiento porque estoy un poco cansada de las franquicias y la misma trama repetida una y otra vez.

Pero esta serie es distinta. La comedia se entrelaza con el drama, con la crisis existencial de sus personajes, y me demostró que -con la vuelta de tuerca necesaria- aún queda mucho por explorar y hacerlo de una manera que logre sorprender. Aunque eso no fue todo lo que me atrajo de esta ficción, ni lo que me llegó, sino que me interpeló desde un costado mucho más personal. 

Cuando somos adolescentes tenemos una idea muy clara de a dónde queremos ir, cómo va a ser nuestra vida cuando lleguemos a los soñados veintes. La vida solos, el trabajo que queremos, al fin tener un grupo de pertenencia que se alinee con nosotros. Al menos a mí me pasó eso, pero a los 27 años, no sé muy bien para dónde va mi carrera, mi vida. 

Más veces de las que me gustaría me encuentro perdida, decepcionada de mí misma y de las decisiones que tomé que me trajeron a este lugar. La constante pregunta de “qué hubiera sido si” e imaginar posibles escenarios de cómo hubiesen resultado las cosas si en lugar de tomar el camino A, hubiese optado por el B. 

No nos preparan para esto, para dudar de nosotros, para convivir con la inseguridad y la desilusión. Pero es normal sentirse así, porque no creo que nadie sepa lo que hace, o hacia dónde va. Podemos tener ideas, planes, una especie de mapa, pero las cosas pueden cambiar, y el truco está en saber afrontar esto.

Jen no sabe cómo lidiar con estas cosas, y creo que yo tampoco sé hacerlo, no siempre. Sus propios asuntos sin resolver la pueden encerrar en su mente y el egoísmo toma el control porque siente que su ira está justificada, porque las cosas no salieron como ella quería; y por más que intento no ser así, a veces ese costado que no me gusta para nada puede aparecer. 

Ahí está la clave de por qué creo que Extraordinary es especial, porque no solo me devolvió la esperanza en la originalidad del género, sino también porque supo resumir mi experiencia de tener veintitantos y estar perdida. Pero también me ayuda a aceptar que eso es normal, y que así como a mí, o a Jen, Carrie, Jizzlord y todos estos personajes les ocurre esto, también le pasa a los demás. No sabemos muy bien qué estamos haciendo, tenemos una idea de a dónde queremos ir, y entre medio, solo nos queda hacer lo mejor posible.

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