Los aristócratas más queridos están de vuelta en la pantalla grande, esta vez con una historia llena de drama y humor, pero ante todo, con un tema ineludible como protagonista: la inevitabilidad del paso del tiempo. Luego de una exitosa primera entrega cinematográfica, que recaudó más de 190 millones de dólares a nivel mundial, los personajes creados por Julian Fellowes vuelven (con su elenco original) para invadir los corazones de los fans con mucho glamour y nostalgia. 

Se acerca el fin de la década del ’20 y, tras haber sido anfitriones de nada más y nada menos que el Rey y la Reina de Inglaterra, los Crawley se preparan para recibir el futuro: el rodaje de una película en la mismísima Downton. Mientras la familia espera con pesadumbre la partida de la matriarca Violet Crawley (Maggie Smith), Mary (Michelle Dockery), la heredera y capitana de la fortuna, decide hacerse cargo de lo que implica recibir una producción cinematográfica en la casa. Mientras tanto, Robert (Hugh Bonneville) y compañía emprenden un viaje a la riviera francesa, luego de la noticia de una misteriosa herencia otorgada a su madre de parte de un fallecido noble francés. 

Tal como sucedió a lo largo de la serie, los personajes más longevos (entre ellos la Condesa Violet y Carson, el ex mayordomo) son quiénes se aferran a glorias pasadas y se resisten a las novedades que el futuro les depara. En este caso, se comienza explorando la idea de permitir que extraños merodeen por los pasillos de la gran casa a cambio de dinero, aunque sea esta recaudación lo que los ayude a mantener Downton en pie. Si tenemos en cuenta que una situación similar fue lo que permitió que la serie (y sus secuelas cinematográficas) pudieran filmarse en el Castillo Highclere de Inglaterra, nos encontramos ante el primero de  muchos guiños (no tan) sutiles y meta que van a aportar un poco de picante al guion.

Bailando con las estrellas

Bajo la excusa del rodaje y la llegada de los integrantes del elenco y producción de “The Gambler” a Downton, Fellowes se nutre de su afamada Gosford Park (2001) y de uno de los conflictos centrales de Singing in the Rain (1952), para introducir el glamour de Hollywood a los salones de esta gran casa señorial. Y demostrar así que, muchas veces -y sobre todo cuando hablamos de celebridades- no todo lo que brilla es oro.

Si bien el comienzo de la película se siente por momentos tosco y con escenas poco orgánicas, la historia va encontrando su balance conforme pasan los minutos. El desdoblamiento de la trama y los personajes en distintas locaciones ayuda a que se construya una armonía que va a perdurar hasta el final de la película. Eso sí, los que nunca vieron la serie o siquiera la primera entrega en cines, probablemente se pierdan muchos easter eggs y sutilezas que están claramente incluidas para satisfacer a los fans de antaño. La complicidad entre la Sra. Patmore y su ayudante Daisy está presente como desde el primer día en que las vemos interactuar en la cocina de los Crawley y, en general, son los personajes femeninos de la película los que se llevan los mejores momentos del guion. 

El elenco de la serie se luce con los personajes que ya viene construyendo desde hace años y la química que se genera con las nuevas incorporaciones en esta película (Hugh Dancy, Dominic West y Laura Haddock) es tan buena que dan ganas de verlos interactuar al menos una vez más.


Dejando de lado el comienzo medio torpe y olvidándonos de que el guion reboza de first world problems (a los que ya nos tienen acostumbrados), Downton Abbey: A New Age (2022) es la prueba de que Fellowes (creador y guionista) conoce muy bien a su público y aprovecha el carisma de todos sus personajes en pantalla, para contarnos una historia con una temática central que sigue resonando en el presente. El cine llegó para quedarse en Downton Abbey y nuestras vidas. Y la misma Downton ¿seguirá escribiendo un futuro en el cine?

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