No sos vos, soy yo

Doctor Who: La Salvaje Lejanía Azul – El día que el Doctor se enfrentó a sí mismo

El segundo capítulo del aniversario brilla por sus terroríficos climas, dando lugar a una nueva mitología para un Doctor en pleno autodescubrimiento.

por | Dic 8, 2023

Nos encontramos en el año 1666. Específicamente, en el momento en que una manzana cae sobre la cabeza de Sir Isaac Newton (Nathaniel Curtis), dando lugar a que comience a reflexionar sobre el que será su mayor hallazgo.

Con una paradoja temporal y gag cómico, el segundo de los especiales que conmemoran los sesenta años de Doctor Who empieza con el que parece será un nuevo meme para los fans. Trivial y simpático como aparenta ser, no debemos dejarnos engañar. Al fin y al cabo, fue el mismo David Tennant quien advirtió que los tres episodios serían muy distintos respecto al tono que cada uno marcaría.

Es así como vemos a la TARDIS salirse de control y aterrizar sorpresivamente dentro de una nave espacial ubicada en los bordes del universo, lejos de toda señal de vida o de todo vestigio del resplandor de las estrellas. Dejándola en un modo de autorreparación, el Doctor (Tennant) y Donna (Catherine Tate) deciden explorar la inmensidad de la nave, sorprendidos al no poder encontrar otro tripulante a bordo, salvo por un silencioso robot parado en uno de sus infinitos pasillos. No es hasta que el dúo se separa en notamos la amenaza que los acecha: los únicos otros seres vivos en la cercanía pueden cambiar de forma y roban sus identidades.

Tomando algunas ideas de The Thing (1982) y el episodio Midnight de la cuarta temporada, la historia hace uso de la incomparable dinámica entre Tennant y Tate. Le saca jugo a las idas y vueltas de sus conversaciones a la vez de que empuja a que el Doctor hable de aquello que no se atreve a decir en voz alta. Así como Donna lo menciona, muy rara vez sus aventuras les permiten tomarse una pausa para reflexionar sobre lo vivido.

Desde que se reencontraron, no tuvieron tiempo para conectar. A medida de que la charla se torna más honesta también aumenta la vulnerabilidad y las tensiones. Pero este es a la vez un juego de estrategia en el que tanto nuestros héroes como nosotros tratamos de intuir la verdadera naturaleza de cada uno, algo que por momentos parece ser imposible.

Un niño olvidado en el tiempo

Nada de aquello que nombra la falsa Donna impacta tanto al Doctor como cuando menciona su verdadero origen. Si bien aquellos que no hayan visto las últimas temporadas podrán seguir la trama en forma general,  es necesario remitirnos a la última aventura de la 13ª Doctora (Jodie Whittaker) para comprender la importancia detrás de que Russell T. Davies retome este arco argumental tan controversial -y lo que esto podría significar para el futuro de la serie.

Mucho antes de que los Gallifreyanos se llamaran así y se convirtieran en Señores del Tiempo, la científica Tecteun (Seylan Baxter) encontró al final de un agujero de gusano a una nena a la que llamó la Niña Atemporal.

Pero este no fue su único descubrimiento, ya que tras un accidente su hija no murió, sino que cada célula de su cuerpo se curó y la transformó en otro ser completamente distinto. Tras exponerla a varios experimentos, logró obtener como resultado la fórmula de la regeneración. Esta huérfana es quien eventualmente conoceríamos como el Doctor.

Pero tener una identidad robada no es su único trauma. Es durante la treceava temporada de la serie en que un grupo de Gallifreyanos conocidos como La División aparecen, liderados por Tecteun, como los nuevos antagonistas. Ella lo analiza todo bajo el pensamiento científico, considerando que el desarrollo del universo es un experimento fallido, por lo que se decide a destruirlo. Gracias a la interferencia del Doctor solo la mitad desaparece, pero nunca queda en claro: ¿logró de alguna manera revertir el proceso? ¿Logró salvar el día?

La salvaje lejanía azul finalmente llega con respuestas contundentes, así como con las debidas consecuencias. Por un lado, abraza la polémica decisión de cambiar el origen de un personaje ya mítico. Pero además, por primera vez le obliga a exteriorizar una culpa sobre la cual apenas vimos atisbos.

Son raras las ocasiones en las cuales el Doctor se atreve a admitir sus emociones, cosa que estos dos episodios evidenciaron cada vez que el 14º (con una apariencia casi idéntica al 10º Doctor) exteriorizó su cariño o hasta su atracción física por las personas.

Antes de echarle la culpa a Donna por dejar caer café sobre la consola de la TARDIS, se detuvo a sí mismo. ¿Qué sentido tiene hacerle sentir culpa al cuestionarla por un error que podría tener cualquiera? ¿Vale la pena herir así a su amiga? El Doctor, así como nosotros, no somos los mismos de hace quince años atrás.

Descanse ya, soldado

La teoría de Donna es simple. Ella está segura de que si un día desapareciera, su querido abuelo Wilfred Mott iría todos los días al último lugar en donde se vio a su nieta, listo con su termo en mano para esperar por su vuelta. Al primer momento de llegar a la Tierra esto se cumple, ya que basta con abrir las puertas de la TARDIS para encontramos a Wilf en su silla de ruedas, abrigado de pies a cabeza mientras espera por su querida Donna.

El abrazo entre el Doctor y Wilf, último humano en ver a la Décima encarnación antes de que se regenerase, es un momentos emocional que supera lo simbólico. La escena marca la última aparición del actor Bernard Cribbins, filmada antes de que este falleciera el pasado 27 de Julio de 2022, a la edad de 93 años.

Davies comentó que originalmente había planeado que la participación de Wilf fuera un poco más extensa, pero debido a la edad del actor esto resultaba demasiado demandante. Es así como se le dedica el episodio a una de las figuras más queridas de la serie, un actor que en más de una ocasión se mostró fascinado por el cariño que le ganó su paso por Doctor Who, ya que supuso que los niños empezaran a reconocerlo y llamarle abuelo en la calle. Puede que esta aparición póstuma sea lo último que veremos de Bernard, pero sin duda nunca será olvidado.

Una pausa antes del final

Si bien este capítulo no da la sensación de ser un evento como lo fue el anterior, poco tiene que envidiarle. En cierta manera llega a elevar la vara, ya que juzgando su ejecución resulta un poco más sólido que el anterior. Uno de los principales logros del guion es la manera en que con pocos elementos logra construir sus climas.

Además, somos otra vez testigos de los beneficios que supone el acuerdo entre Disney y la BBC, con un CGI que si bien no siempre funciona a la perfección a la hora de plantear espacios, sin duda destaca en cuanto a efectos prácticos y como, literalmente, saca todo fuera de proporción.

Ambientes enormes, vacíos y dolorosos silencios se alimentan de la siniestra banda de sonido creada por Murray Gold, compositor que acompañó la serie hasta 2017 y que ahora vuelve para demostrar que puede continuar reinventándose a la vez que sus notas nos resultan familiares.

Este regreso para el Doctor parece estar enfocado en abrazar el paso del tiempo. Tres fueron las regeneraciones desde que Tennant soltó su Destornillador Sónico y lo volvió a tomar, pero nada sucede en vano. Todavía no sabemos por qué su rostro se convirtió en aquel del Catorceavo, pero este no es un mero refrito. Davis sabe aprovechar la enorme empatía que su protagonista transmite al espectador y cómo en Tate encuentra su perfecta otra mitad, potenciándolo tanto en lo cómico como lo dramático.

Con tan solo un episodio pendiente antes de la despedida de este elenco, poco se sabe del viejo enemigo que parece haber sembrado el caos en la Tierra mientras la TARDIS estaba fuera de su órbita. Si bien los fans de las temporadas más clásicas pueden intuir que personaje es aquel que interpretará Neil Patrick Harris, una cosa es segura: nadie está listo para ver partir a Catherine Tate y a David Tennant.

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Ro Tapias

Artista visual. Madre de dragones, gatos y un corgi. Hablo de cine, a veces demasiado.

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