Coming of age medieval

Catherine Called Birdy: el gran regreso a las fuentes de Lena Dunham

La creadora de Girls adaptó la novela de Karen Cushman y en esta nota te contamos por qué no hay que dejarla pasar.

por | Oct 17, 2022

Catherine Called Birdy: el gran regreso a las fuentes de Lena Dunham

Cuando en 2012 se estrenaba por HBO la serie Girls, su creadora y protagonista, Lena Dunham, sabía muy bien lo que estaba haciendo al poner en boca del personaje de Hannah Horvath esa convicción plagada de incertezas: “Creo que soy la voz de mi generación… O al menos una voz de una generación”. Por muchos años, Dunham lo fue, y eso incomodaba.

Girls vino, con un tono heredado del mumblecore, no solo a derribar las formas unívocas con las que las mujeres eran representadas en pantalla (las comparaciones con Sex and the City se volvieron inevitables para la ficción) sino a llenar un hueco al que nadie le estaba prestando demasiada atención. La transición de la adolescencia a la adultez, abordar las responsabilidades (ya sea pagando un alquiler o buscando un trabajo para poder sobrevivir en una ciudad como Nueva York) y lidiar con las presiones socioculturales sobre cómo vestirse, comportarse y sociabilizar no eran tópicos precisamente habituales en las comedias con mujeres al frente.

De Dunham y su profecía autocumplida de convertirse en la voz de una generación surgió un producto disruptivo -que dejó su impronta e influenció a tantas otras producciones, un legado sobre el que no se habla con frecuencia- con el que se aprehendieron esas imperfecciones, como quien protege lo más sagrado que tiene. Así, Hannah y compañía se mostraban al desnudo, sin prejuicios, y las fricciones que se suscitaban en ese grupo de amigas no hacían más que reforzar el punto de partida de Girls: no es fácil convivir con uno mismo, mucho menos con los demás, tópico que ya estaba latente en su largometraje Tiny Furniture (2010).

Pasó más de una década hasta que Dunham volvió al cine y lo hizo con Sharp Stick (2022), película en la que exploraba la sexualidad de Sarah Jo (Kristine Froseth), personaje que Dunham concibió tras haberse sometido a una histerectomía, experiencia que trasladó al rol de esa joven de 26 años que estaba confinada en un mundo en el que necesitaba la validación masculina, que alguien le asegurara que era bella y la despojara de sus miedos. Más allá de las secuencias osadas, Sharp Stick se conectaba con Girls en ese navegar por las inseguridades femeninas en un universo donde cuesta plantarse y eludir los preconceptos de terceros. Este año, Dunham volvió con otro largometraje, el más logrado Catherine Called Birdy (disponible en Amazon Prime Video), una obra encantadora basada en la novela homónima de Karen Cushman que la guionista y realizadora quiso adaptar desde la primera vez que leyó esa obra editada en 1994.

No me digan “Lady”

La protagonista excluyente de su nuevo trabajo es Catherine (apodada “Birdy” e interpretada por la ex-Game of Thrones Bella Ramsey), a quien Lena nos presenta de la manera más enérgica posible. La joven de 14 años está jugando en el barro con sus amigos en el patio de la mansión Stonebridge, en una aldea inglesa de la época medieval. Su conducta intempestiva, su enorme sonrisa, sus movimientos corporales, denotan el disfrute de la inmediatez, de poder despuntar el vicio por lo lúdico, como si el reloj no corriera y no hubiera preocupaciones a las que atender. Sin embargo, el contexto es clave y la juventud en el siglo XIII no es la misma que en la actualidad (al menos no en determinadas normas), por lo que esa espontaneidad de Catherine termina siendo víctima de reglas coercitivas. Su padre, Rollo (un Andrew Scottt de carisma avasallante), aguarda que su hija se convierta en “señorita” para que ella se case con un hombre adinerado que ayude a la familia a salir del terreno pantanoso en el que se encuentra.

La negativa de Birdy a un matrimonio arreglado la conduce a ocultar su menstruación (aqui Dunham vuelve a sacarle el tabú a ciertos temas y a recuperar esa voz que parecía haber perdido) y a rebelarse contra la misoginia a la que es expuesta a temprana edad. Cuando ya nada puede ser disimulado es cuando la impertenciencia de Catherine se potencia, cuando ella, como la propia Dunham, descubre lo mucho que tiene para decir (y para interpelar) y lo hace a través de un diario, el hilo conductor de la historia. En esos instantes aparece el desparpajo de la creadora de Girls, que se traslada a una joven fascinante como lo es Birdy, quien es consciente de su posición, pero que de todos modos no cesa en la lucha por su libertad.

En Catherine Called Birdy hay un evidente interés de Dunham por modernizar el relato y ésto lo notamos en el rol que cumple Perkin (Michael Woolfitt), amigo de la protagonista, y también víctima de una sociedad donde no puede manifestarse en función de sus anhelos. Por otro lado, el corazón del largometraje es el vínculo entre Catherine y su padre, desprovisto de un approach maniqueo, y sencillamente conmovedor, con escenas en las que Dunham sabe cuándo frenar los veloces one-liners inspirados en su querida Nora Ephron. Por lo tanto, cuando Birdy decide liberar a las palomas de la jaula que tiene en su habitación, hay un punchline que funciona, pero también hay un diálogo con el género coming of age, ese en el que se debe adolecer para alcazar la ansidad salvación.

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Milagros Amondaray

Más de 20 años de experiencia en crítica de cine y TV, redacción y edición editorial en medios digitales e impresos.

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