El Planeta Salvaje (1973), Akira (1988) o Heavy Metal (1981) son solo tres de los interminables ejemplos de cómo la animación está lejos de ser un medio dedicado exclusivamente a un público infantil. En los últimos años, más y más de estas producciones comenzaron a ocupar también la pantalla chica, siendo The Simpsons (1989-) precursores de esto y Rick and Morty (2013-) o BoJack Horseman (2014-2020) ejemplos más contemporáneos. Es justamente esta última la que ganó fama al demostrar cómo se puede abordar la comedia más absurda para al mismo tiempo tocar temas como la depresión y salud mental de manera sofisticada. Pero más desapercibida pasó Big Mouth (2017-), otro título de Netflix que representa uno de esos extraños casos en donde el más crudo y bizarro humor pone en foco temas explícitamente sexuales, para terminar convirtiéndose en una herramienta de información, potencial discusión y, por consiguiente, aprendizaje.

Inspirada libremente en las transformaciones que experimentaron durante su pubertad dos de los creadores de la serie, Nick Kroll (The Addams Family) y Andrew Goldberg (guionista de Family Guy), la serie expone con total acidez los cambios que los jóvenes Nick (Kroll) y Andrew (John Mulaney) enfrentan al comenzar a dejar atrás su más tierna infancia. Es con la llegada de los primeros vellos púbicos que también aparece Maury (también interpretado por Kroll), el Monstruo de las Hormonas de Andrew, que tiene como tarea tanto atormentar al chico con sorpresivas erecciones en los momentos más incómodos, como acompañarlo al explicarle todo lo que implican estos cambios por los que está transitando.

Acompañando al par de protagonistas se encuentran Jessi (Jessi Klein) y su Monstrua Hormonal, Connie, interpretación que este año le otorgó a Maya Rudolph un Emmy a la mejor actuación de voz. Junto a ellas están el comediante Jason Mantzoukas (Invincible) como el sobreexcitado Jay, Jenny Slate (Venom) como la perspicaz Missy y prácticamente una docena de personajes que Nick Kroll se pone al hombro en lo que parece ser un muestrario ilimitado de voces y excéntricas interpretaciones.

Pero a medida que transcurren las temporadas, otras facetas de la psique humana toman forma en nuevas criaturas que personificarán todo aquello que aqueja no solo a los preadolescentes, sino también esos fantasmas que nos acompañarán durante el transcurso de nuestras vidas. El Mago de la Vergüenza, interpretado por David Thewlis (actor que las nuevas generaciones identifican inmediatamente como el Remus Lupin de otro conocido mundo mágico) es el primero de varias ocurrentes representaciones de los diferentes tipos de sensaciones o estados mentales que explora la serie. Personajes como Tito el Mosquito de la Ansiedad (Maria Bamford) o la Gatita de la Depresión (Jean Smart) aparecerán intermitentemente, mientras los personajes aprenden a convivir con ellos y en lo posible, aplacarlos. Estos además son tres ejemplos de la amplia lista de actores invitados, entre los cuales encontramos a Jon Hamm, Thandie Newton, Ludacris o a Kristen Wiig interpretando a la optimista vagina de Jessi.

Sorprendentemente, no fue el humor desaforado de Big Mouth lo que llevó a la serie a la controversia, sino justamente una cuestión relacionada al reparto de voces. Fue en el 2020 cuando la discusión respecto a los roles racializados interpretados por actores blancos trajo atención sobre Slate en su papel de Missy, la chica afroamericana del grupo. Con la actriz dejando el personaje por cuenta propia, los escritores una vez más demostraron su ingenio al no hacer simplemente un recast, sino además incorporar este cambio como parte del desarrollo del personaje y trama de la cuarta temporada.

Y es la diversidad dentro del equipo de escritores de la serie lo que sin duda marca la diferencia respecto a la complejidad de los temas que trabajan, independientemente del tono con el que sean tocados. Dialogando constantemente con educadores sexuales e incluso rememorando experiencias propias como punto de partida durante sus procesos creativos, una de las metas de los guionistas es proveer un vocabulario que su propia generación no poseía cuando ellos mismos experimentaron su adolescencia.

De esta manera, los chistes más agudos y los escatológicos conviven, a veces incluso tomando forma de pegadizas canciones, que en ocasiones terminan resultando bastante didácticas para explicar, por ejemplo, los diferencia entre sexualidad y género, y las diferentes clasificaciones de esto último. Temas que, increíblemente, aún parecen tabú, como el deseo femenino, son expuestos y, mostrando la inteligencia de los escritores, se logra representar los cuerpos e impulsos sexuales de los protagonistas sin que el ojo del público llegue a sexualizarlos en ningún momento.

Con el estreno de su quinta temporada y un spin-off en producción, es innegable el éxito que la serie ha tenido tanto para la crítica como para con el público. Es realmente digno de atención que una comedia por momentos casi grotesca o completamente surrealista consiga representar la complejidad de la transición de género o la salida del closet con tanto respeto e incluso calidez, sin perder en ningún momento el humor que la caracteriza.

En un tiempo en donde se discute la capacidad de impedir que los niños y niñas tengan acceso a productos que no están enfocados a ellos, Big Mouth es por lo menos una opción para que adultos acompañen en el consumo y puedan comenzar a generar un dialogo transgeneracional sobre temas que muy de a poco estamos comenzando a naturalizar en nuestras conversaciones.

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