La escritora Angela Carter insistió en su libro The Bloody Chamber (1979) que La bella y la bestia era el cuento de hadas más cruel de todos. Carter, que dedicó más de treinta años a profundizar en la simbología de los grandes relatos de fantasía, encontró un detalle inquietante. En todas las ocasiones que la fábula narraba acerca de una hermosa mujer que se enamoraba una bestia, la muerte era una condición dolorosa.

Además, más allá de analizar la hipótesis sobre el amor romántico, el cuento mostraba la idea del sufrimiento femenino. La sumisión y el dolor por el que debía atravesar Bella para alcanzar el estatus de poder o, al menos, la reivindicación en medio de una sociedad hostil. Más interesante aún resulta que el cuento actual es la simplificación de su versión francesa, más perturbadora. En ella, la Bestia muere por amor a Bella y solo a través de esa liberación cruel es que la heroína logra alcanzar un nuevo nivel de poder.

En la actualidad, las dos versiones del clásico cuento llevadas a la pantalla por Disney cuentan esencialmente la misma historia. La animada de 1991 muestra a la Bella como una mujer brillante, pero que al final sucumbe al amor. Lo hace, a pesar de las circunstancias, de la violencia tácita y al final, la extraña situación de su reclusión.

Lo mismo ocurre con su versión live action de 2017, en la que la historia intentó modernizarse sin grandes resultados. A pesar del esfuerzo de Emma Watson por brindar mayor poder a Bella, la historia de amor es prácticamente la misma. Y lleva a las mismas preguntas: ¿quién es Bella? ¿Por qué una mujer inteligente y llena de vida, sigue siendo la víctima y prisionera de la Bestia? Más complicado aún, ¿cómo crear una historia en la que el amor sea parte del discurso y a la vez, no un espacio de restricción?

Belle (2021) del maestro del anime Mamoru Hosoda encuentra una solución brillante para hacerse preguntas profundas acerca de Bella, como individuo. Lo hace a través de dos planos de la realidad y también, con una animación poderosa que analiza la connotación de lo bello desde un punto de vista novedoso. Entre ambas cosas, la película es una mirada osada sobre el tradicional cuento, llevado a un nivel de asombroso ingenio.

No solamente es un recorrido a través de Bella, la mujer/símbolo que deslumbra a una criatura violenta. Es la percepción sobre qué consideramos hermoso, deseable y cercano. Sin duda, uno de los puntos más interesantes de Belle es la capacidad de Mamoru Hosoda para plantear la historia desde la idea de lo subjetivo. Además, de incorporar de forma sutil la concepción de lo deseable actual para reflexionar sobre algo más profundo y universal.

Lo singular es que Belle apela a la cultura pop para reflexionar sobre la moralidad y la estética. Desde una versión sobre la vida online alternativa — una plataforma virtual llamada “U” — hasta la concepción del tiempo y la identidad. Todo en la película está concebido para sostener un discurso que explora cómo la belleza y la necesidad de aceptación, a un vínculo con el amor como algo más profundo. ¿Alguien puede aceptarnos tal y como somos? Se pregunta la premisa de Belle, en todas sus versiones sobre la búsqueda del bien y del mal, la moralidad y sus contradicciones.

Al final, se trata de un recorrido complicado y duro a través de una idea preconcebida sobre lo que somos, más allá de los límites de la realidad. Tomando la misma concepción de irrealidad de las redes sociales actuales, la película se plantea la cuestión sobre el individuo con delicadeza. También, desde una transformación poderosa acerca del lenguaje visual que responde a pulsiones muy específicas. Belle de Mamoru Hosoda no es una fábula. O, de serlo, está más interesada en realzar la idea de por qué deseamos ser amados — aceptados — en nuestra identidad total.

Una bella para una generación multipantalla

Por curioso que parezca, el mundo virtual de Belle tiene algunos parecidos con Matrix Resurrections (2021) de Lana Wachowski. O ,mejor dicho, en el universo central de la saga cyberpunk, con todos sus detalles y percepciones sobre la realidad dual. También, por supuesto, hay algo de la enorme Ready Player One (2018) de Steven Spielberg, con esa versión del universo online que se extiende al real. Pero para Mamoru Hosoda, la condición sobre la existencia de ese otro reglón de la vida y la comprensión del mundo, es algo más que un escenario. De modo que lo dota de una belleza asombrosa, con una mezcla de estilos y géneros que sorprenden por su precisión. Belle no es una película alegórica aunque lo parezca. En realidad, está interesada en definir los espacios y los cruces entre los planteamientos de la realidad para construir algo por completo intrigante.

Por supuesto, esta Bella conectada a una multiplataforma extraordinaria, tiene una identidad compleja. Huérfana de padre y con una historia familiar complicada, va de un lado a otro de su historia con cierta torpeza. Pero Mamoru Hosoda logra construir una premisa más poderosa que un personaje frágil en busca de consuelo. De hecho, la fortaleza invisible de Belle (cuyo nombre real es Suzu) define al personaje y lo sostiene. Mucho más, a medida que el guion analiza el origen de esa energía interior, desconocida y cada vez más definida. Suzu, tímida y angustiada en el mundo real, es una estrella en “U”. Y lo es por su capacidad de encontrar un sentido sobre lo que la identifica y la sostiene.

Al contrario de la Bella de Disney (evidente referencia para el avatar de Suzu), la cualidad indestructible de la voluntad del personaje de Mamoru Hosoda proviene de su independencia. Incluso, de su cualidad para reconocer el bien sin ceder en su personalidad. En el momento que la Bestia aparece (un avatar monstruoso con cabeza de lobo), Bella intenta comprender su comportamiento desde la curiosidad y la generosidad.

Después de todo, en “U” nadie parece sobrepasar los límites de cierta percepción sobre lo modélico. Por lo que el comportamiento de Bestia es no solo una novedad, también es un indicativo que bajo todo el aire subversivo e incluso violento de comportamiento, hay dolor. Uno que Bella asume de la misma forma que su propia fama y talento súbito dentro de “U”. Para ella, convertida en una celebridad en la plataforma, la experiencia tiene mucho de escapismo.

¿Ocurrirá lo mismo con la Bestia? La película se hace preguntas brillantes sobre la confrontación y, en especial, sobre la dinámica de ambos personajes. Para su tramo final, Belle logró reconstruir el clásico cuento en una pregunta esencial: ¿quiénes somos más allá de lo que mostramos? La cuestión se eleva como una precisión sobre la idea contemporánea del individuo y la manera en que exploramos el amor y la conexión espiritual.

Mucho más, a medida que Mamoru Hosoda encuentra la forma de analizar la belleza de la tensión entre lo emocional y lo intelectual. Para su conmovedora escena final, Bella y Bestia encontraron una nueva historia que contar. Una reivindica a una heroína que nació para mostrar la sumisión femenina y que ahora, muestra su liberación. Sin duda, una paradoja extraordinaria que se convierte en el punto más asombroso y movilizador del argumento.

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