Batman se ha convertido en un fenómeno pop que madura junto con sus fanáticos. Y aunque el fenómeno es común en personajes de larga data, con el justiciero de Gotham la percepción sobre su madurez es mucho más convincente y poderosa, por el mero hecho que su alter ego Bruce Wayne comparte un profundo protagonismo con el héroe. Tanto, como para que los rostros de ambas versiones del bien y sus matices, se sostengan en un duelo curioso que implica y que muestra una progresión del clásico héroe clásico hacia algo más elaborado y de considerable interés. 

Su tránsito en el cine ha mostrado la misma versión del crecimiento interior e intelectual que el original. Michael Keaton fue un Batman misterioso, atormentado y agobiado por una culpa tenebrosa. También, tenía un sentido del humor sardónico y una rara vitalidad inquieta y nerviosa. El de Val Kilmer también, pero carecía del humor negro de su antecesor. Además, añadió una considerable carga sexual al encapotado de Gotham, distante y extrañamente monstruoso, enfundado en un traje oscuro de aspecto singular. George Clooney tuvo poco que aportar a la historia, más allá de una sonrisa deslumbrante y una mayor calidez que la adaptación de Kilmer.

Por su lado, Christian Bale dotó al personaje de una tridimensionalidad emocional de alto espectro. Por primera vez, Bruce Wayne es tan importante como Batman, y la novedad permitió que la dualidad fuera más notoria y dinámica. También encarnó al héroe de manera más física, muscular: Batman sufrió heridas, dolores. Al final, incluso, se le vio cojear y perder la salud, luego de años de esfuerzo físico, peleas y enfrentamientos potencialmente mortales.

En cuanto al Batman de Ben Affleck, Zack Snyder utilizó la estampa atlética del actor para crear un personaje de una envergadura temible. Mucho mayor que las encarnaciones previas, llevaba además la muerte de Robin sobre sus hombros. Con un traje que es una armadura de múltiples capas de protección y un batimóvil convertido en un arma letal, hubo un replanteamiento sobre su psicología. Mucho más peligroso, violento y brutal que sus predecesores, el Batman de Snyder aterrorizaba incluso a la policía de Gotham. Se trató de una transformación definitiva que terminó por marcar un rumbo por completo distinto a cualquier otra versión del personaje. Y a pesar de que no tuvo una película en solitario, su fuerte personalidad se consideró uno de los puntos altos del llamado Snyderverse.

De modo que Matt Reeves tenía la complicada labor de rehacer el personaje. Y hacerlo, en medio de sus numerosos rostros en el cine, evitando referencias y repeticiones obvias. Mucho más, con la película de The Flash (2023), que incluirá al menos a dos versiones del personaje. Reeves, que deseaba recomenzar un trayecto desde una dimensión fresca, escogió entonces un punto novedoso. Un Batman tan joven como para ser inexperto y todavía sin lograr resolver el trauma capital del asesinato de sus padres. Pero uno lo suficiente fuerte como para entrenarse a sí mismo en busca de objetivo y propósito. De hecho, uno de los grandes puntos de The Batman (2022) es el hecho que, en esta ocasión, el héroe es una versión realista. Una percepción que ya Christopher Nolan había construido, pero que, en manos de Reeves, toma una dirección por completo nueva.

Un Batman con miedos, enfurecido y temerario

El Batman de Matt Reeves todavía no sabe si desea justicia o venganza, un punto que le separa por completo de sus antecesores. También, es un antihéroe oscuro y en apariencia peligroso, con el que Gotham no sabe lidiar del todo. Un punto complicado, cuando el personaje está en busca de luchar contra el crimen de la ciudad y, a la vez, evitar enfrentarse al cuerpo de policía. Pero Reeves jugó con la capacidad dual de Batman para crear una brecha que le sostiene sobre un argumento cuidadosamente entretejido alrededor del personaje. Batman es una figura siniestra que provoca temor. Tanto como para utilizar el sentimiento como herramienta de disuasión y manipulación.

Pero este Batman, aun sin la serie de artilugios de alta tecnología que le acompañarán en un futuro, es un detective. Uno especialmente dotado para la observación. El Batman de Keaton tenía a su disposición su inteligencia, junto con un arsenal de equipo de punta. El de Reeves contempla las escenas del crimen con cuidado, recopila información que después estudia con detenimiento. Y mientras la versión de Joel Schumacher era un sofisticado luchador con técnica depurada, la nueva versión del personaje pelea a mano limpia.

Más parecido al de Bale (cuyas escenas de pelea se hicieron parte de la identidad de la trilogía), el Batman interpretado por Robert Pattinson es una fuerza viva. También, y al igual que la versión Nolan, confía en su sagacidad. Pero en esta ocasión, Batman está interesado en pistas y huellas. Y, de hecho, lleva un pulcro trabajo procedimental que convierte a la película en un thriller policiaco a toda regla. Por otro lado, este Batman que apunta los pormenores del “Proyecto Gotham” con obsesiva precisión, no sabe muy bien qué hacer con la responsabilidad que asume. ¿Debe vengar la muerte de sus padres y enfrentar desde el rencor el crimen en Gotham? ¿O acaso debe tomar decisiones basadas en un proyecto más significativo?

Batman, joven y al borde del abismo

Reeves creó un personaje capaz de tener miedo. No a su muerte, tampoco a la pobreza y a perder el patrimonio Wayne. En realidad, el Bruce Wayne interpretado por Robert Pattinson parece encontrarse en un largo y agónico proceso de duelo. El guion le muestra aturdido, escondido en la siniestra Torre Wayne, tan distante y temible como para que todos se aparten a su paso. Batman no es parte aún de la mitología de Ciudad Gótica. Tampoco es aliado (al menos no uno reconocido), de policías o funcionarios. Es una criatura oscura que camina por las calles, haciéndose preguntas sobre su propósito o el sentido de la responsabilidad que le atormenta.

Para el final de The Batman, Bruce Wayne y Batman habrán encontrado un punto de unión. Pero para un trayecto semejante, el personaje deberá atravesar fuego y dolor. Y en varias formas distintas. Una dimensión amplia y potente sobre un héroe misterioso que llega en la película de Reeves a su máximo esplendor.

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