Atrás quedaron los dorados años veinte en la ciudad de New York y la historia del magizoólogo más famoso del Mundo Mágico (bueno, el único) para correr el foco hacia uno de los personajes más icónicos de la saga de Harry Potter y reforzar las conexiones con esa saga que moviliza a millones de personas en el mundo entero. Atrás quedó también el Grindelwald interpretado por Johnny Depp que daba título a la anterior entrega de la franquicia y que puso su producción en pausa. Entra en escena Mads Mikkelsen para encarnar al infame mago oscuro en otro cuerpo, sin mediar explicación.

De entre todas las razones que las infinitas posibilidades que el Mundo Mágico podrían haber ofrecido para este cambio, la elección del estudio fue hacer borrón y cuenta nueva. A diferencia del anterior cambio de cara de Grindelwald (de Colin Farrell a Johnny Depp), que se justificaba dentro de una trama de intrigas y hechizos, esta vez simplemente apelamos a la suspensión de la incredulidad y el talento de Mikkelsen para apropiarse por completo de un personaje que lejos estuvo de ser concebido a su medida. Su encuentro con el Albus Dumbledore de Jude Law en las primeras escenas del film ya asegura que la fortaleza de la trama recaerá en la relación entre ellos y la palpable química que comparten los dos actores.

Animales Fantásticos y dónde nos quedamos

Hace poca falta haber visto las dos entregas anteriores para poder sumergirse por completo en la historia, ya que el guion se encarga de recapitular hábilmente todas las líneas argumentales para el espectador casual (o para refrescar la memoria tras cuatro años de impasse). Es casi imprescindible, en cambio, ser un conocedor de la saga de Harry Potter y especialmente del personaje de Albus Dumbledore, para que todos los sucesos de la película cobren un peso emocional importante y un sentido de riesgo a futuro, aunque ya sepamos el desenlace. Lo que interesa, en este caso, son los detalles. Los detalles de una historia que su autora J.K. Rowling dejó entrever más de una vez, pero que nunca fueron narrados.

Lo cual, hasta ahora, representaba una enorme contradicción. En una saga que se caracteriza por su discurso de tolerancia, inclusión y diversidad, resultaba por lo menos curioso que el personaje de Albus Dumbledore fuera homosexual “en teoría”, pero nunca en los papeles. Casi tan curioso y polémico como las declaraciones de la autora hacia la comunidad trans en la vida real, un capítulo aparte que merece de un análisis mucho más profundo. Sin embargo viene al caso, ya que esta vez, las presiones de la opinión pública influyeron mucho en la toma de decisiones corporativas y narrativas. Desde despedir a Johnny Depp del elenco, hasta contratar a Steve Kloves, habitual colaborador de las películas de Harry Potter, para co-escribir el guion.

Debilidades y fortalezas

Guste o no, ambos cambios le sientan muy bien a la película. Por un lado, la interpretación de Mads Mikkelsen, mucho más sobria -y a la vez magnética- que la de su antecesor, cae en el mismo registro que la de su contraparte, el sabio Albus Dumbledore. Con la sutileza de sus microgestos, porte y caracterización (hasta su heterocromía es mucho más leve) logra conectar con Jude Law a un nivel que no solo transmite la pasión del vínculo que comparten, sino su extrema crueldad y seductor carisma, que le asegura una legión de fieles seguidores. Sobre esta relación de opuestos complementarios entre ambos magos recae casi todo el peso de la trama, relegando a Newt Scamander (el protagonista original de la saga) a un papel casi secundario y, en ocasiones, de comic relief.

Por otro lado, la incorporación de Steve Kloves al guion asegura una estructura mucho más funcional a la gran pantalla para el relato, que resulta en todo momento entretenido y atrapante. A diferencia de las dos experiencias previas de J.K. Rowling como única guionista de Animales Fantásticos y dónde encontrarlos (2016) y Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald (2018), en esta ocasión la mano de un guionista más experimentado marca la diferencia. A pesar de su indiscutible talento como novelista y creadora de un Mundo Mágico tan vasto, los guiones inspirados por uno de los libros de textos de los estudiantes de Hogwarts estaban lejos de ser una obra tan pulida como su saga literaria.

Volver a empezar

Si bien el guion de esta película también tiene sus baches y notorios defectos (principalmente olvidar subtramas de las películas anteriores y desperdiciar varios personajes, al no darles una motivación clara), cumple con encauzar el rumbo de la saga hacia un futuro mucho menos disperso y más enfocado a conectar con la saga principal. La trama del Obscurial protagonizada por Ezra Miller parece cerrar en esta entrega, a la vez que sirve como justificación para el sufrimiento de los hermanos Dumbledore por la condición de su hermana. Y se retoma -sin mucha delicadeza- la relación entre Jacob Kowalski (Dan Fogler) y Queenie Goldstein (Alison Sudol), cuya resolución sirve como contrapunto para el futuro del Mundo Mágico y el mundo muggle que plantea Grindelwald.

A pesar de que el regreso de Queenie carece del peso emocional que debería acarrear su historia, al menos Kowalski sigue siendo el alma de la fiesta y el mejor representante posible para los muggles. Por su parte, Tina Goldstein (Katherine Waterston), quien supo ser co-protagonista en la primera entrega, queda relegada a un simple recuerdo que hace las veces de interés romántico, sin mucha más justificación que “estaba ocupada”. Mientras que Newt Scamandar (Eddie Redmayne) sigue desplegando todo su talento como magizoólogo, su inocente encanto y entregando uno de los momentos más divertidos de toda la saga (sí, de las once películas), además de ser el hombre de confianza del mismísimo Albus Dumbledore, encargado de llevar a cabo sus planes secretistas.

Si hay algo acertadísimo, además de la identidad visual que mantiene el director David Yates con el resto de la saga, es el título de esta entrega. Ya que este Dumbledore es el mago reservado y enigmático que conocimos en las películas originales de Harry Potter, siempre con una agenda secreta y un plan (y contraplan) para todo el mundo. Mucho más cerca de la interpretación de Michael Gambon (y su antecesor Richard Harris) como el director de Hogwarts, este joven Dumbledore nos lleva de vuelta a los pasillos de la escuela de magia y hechicería más famosa del mundo, nos pasea por los rincones de Hogsmeade y compartimenta toda la información para que nunca sepamos todo lo que él sabe. Sin embargo, lo queremos, confiamos en él y nos dejamos llevar por su consejo, sabiendo que -al final- todo lo que hace, es en pos del bien mayor.

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