En 2012, Andrew Garfield tuvo el extraño reto de vestir las mallas negras y rojas de Spider-Man en un inesperado reboot. The Amazing Spider-Man de Marc Webb fue un reto que asumió con soltura, a pesar de la desconfianza de los fanáticos y el desconcierto de buena parte de la crítica. Después de todo, la célebre trilogía del héroe protagonizada por Tobey Maguire apenas había culminado en el 2007. El experimento de Sony — que buscaba capitalizar una de sus licencias más rentables — era todo lo arriesgado que puede suponerse. Aún más, al fichar a un actor casi desconocido para el gran público, que apenas había participado antes en seis películas. La más conocida de ellas, The Social Network (2010) de David Fincher, en la que interpretó al empresario brasileño Eduardo Saverin

La crítica alabó su actuación, pero nadie podía imaginar que el actor sería el rostro de uno de los personajes más icónicos de Marvel. Mucho más, en la rápida estrategia de expansión de Sony de un universo que apenas comenzaba a mostrar con dificultad. Aún así, Garfield acometió el reto con su habitual buen humor. “Peter es un tipo corriente, yo soy un tipo corriente. En eso podíamos comprendernos”, dijo entonces para Variety antes del estreno. 

Han transcurrido diez años desde que Spidey volviera a la pantalla grande con otro rostro y en otro universo. Uno en que se enfrentó a un tono realista que se adelantaba a su época y que se alejó por completo del espectro de Raimi. Pero en especial, Garfield captó el carisma nervioso, torpe y encantador del vecino más amistoso de Nueva York. Y a pesar que la duología de Webb terminó de forma abrupta, si logró algo: que toda una generación tuviera un Spider-Man con el cual identificarse. El chico de la cámara, cabello rebelde y sonrisa traviesa se convirtió en un emblema de lo que el héroe de Marvel podía ser. Y a pesar de las malas críticas de The Amazing Spider-Man 2 (2014), una cosa quedó clara: Garfield acababa de entrar por la puerta grande en la cultura pop mundial.

Una araña que pende de un hilo

Andrew Garfield pasó buena parte del 2021 en un revival acelerado de su carrera. También, negando siempre que pudo su participación en el cierre de la trilogía de Jon Watts de Spider-Man. Un momento complicado que puso a prueba su indudable encanto. Y a la vez, su capacidad para fascinar a un público que recuperó el gusto (si alguna vez lo perdió) por verle actuar. 

Luego de algunos proyectos de cierta relevancia — que incluyeron Hacksaw Ridge (2016) de Mel Gibson, por la que obtuvo su primera nominación al Oscar Garfield parecía atravesar con extraño buen humor un momento plano de su carrera. De hecho, cuando protagonizó la inclasificable Under the Silver Lake (2018) de David Robert Mitchell, muchos de los críticos insistieron en que el actor tenía futuro “si realmente encuentra la oportunidad”. El gran comentario en Hollywood parecía ser el motivo por el cual Garfield no había tenido mayor éxito. Después de todo, se trataba de un actor talentoso, con una carrera respetable y en especial, con un singular magnetismo. A pesar de eso, seguía siendo parte de una honorable pero atípica lista B, que le incluía como secundario de lujo o directamente en el cine independiente. “Soy un tipo que hace lo que le gusta… cuando puede” bromeó para Collider en 2018.

Entonces, ocurrió lo impensable, En el año de la recuperación del cine luego del parón obligatorio debido a la emergencia sanitaria de la pandemia, Garfield se las arregló para brillar. Se encontró en dos proyectos equidistantes, pero que terminaron por empujarle a un tipo de fama difícil de explicar. Por un lado, el compositor y ahora director Lin - Manuel Miranda le escogió para protagonizar la biopic musical Tick, Tick… Boom! (2021), interpretando al icónico Jonathan Larson. El papel requería que Garfield cantara y bailara. Y no solo lo hizo con habilidad y talento, sino que ya forma parte de varias de las listas sobre predicciones de nominados a los premios de la Academia.

En especial, luego de haber obtenido una en los Golden Globes y que todo parece indicar, se impondrá en la categoría de mejor actor de comedia o musical. La inspirada, conmovedora y poderosa actuación de Garfield sorprendió a parte de la crítica, pero a otra le recordó la capacidad del actor para crear personajes complicados a través de una sensibilidad asombrosa. “Es Garfield, en su mejor momento” comentó The Hollywood Reporter, en la crítica de la película. 

El gran enigma de un buen chico

Pero el verdadero sitial de oro para Andrew Garfield ocurrió de manera inesperada. Kevin Feige decidió que una de las cientos de ideas que se debatieron en Marvel para explotar el concepto del multiverso, se llevaría a cabo. Y quería a Garfield en el equipo. Hace unos días, los guionistas de Spider-Man: No Way Home (2021), Erik Sommers y Chris McKenna, comentaron en una entrevista a THR una curiosa anécdota. Tanto Garfield como Tobey Maguire aceptaron regresar a sus respectivas encarnaciones del héroe de Nueva York, incluso antes que la historia estuviera completa. “Andrew estaba entusiasmado, feliz. Dijo que era su sueño hecho realidad”. 

Quizás lo sea. La aparición de las dos encarnaciones de Spider-Man en la pantalla grande se convirtió en uno de los puntos más altos de la cultura pop durante el 2021. Hubo rumores, persecuciones, preguntas indiscretas tanto para Garfield como para Maguire. Una obsesión que hizo a ambos actores encontrarse en el complicado centro de la atención de un fandom entusiasta y obsesionado con descubrir el gran secreto cinematográfico del año.

Pero mientras Maguire optó por ocultarse, huir de las cámaras y sonreír con cierto aire nervioso para sus fanáticos, Garfield fue enfático en afirmar que no era parte de la película. Tanto, como para volverse un ídolo en medio de bromas, interrogatorios insistentes en todas las plataformas y una persecución tenaz de la prensa. Pero para el actor, todo era parte de un juego. Bromeó con los rumores en cada rueda de prensa en la que participó durante la promoción de Tick, Tick… Boom! (2021), se grabó a sí mismo desmintiendo las informaciones y filtraciones. Por último, y apenas una semana antes del gran estreno de la película, insistió a Variety: “No soy parte del proyecto, pero de serlo, sería un gran triunfo personal”

Y el amor llegó en todo su esplendor 

La estrella del momento sospechaba sin duda del furor que ocasionaría su aparición en la película de Watts. Lo que tal vez jamás imaginó fue las proporciones del fenómeno que ocasionarían sus veinte minutos de metraje frente a las cámaras, en una historia en esencia emocional, convertida en homenaje a los fanáticos del héroe de Nueva York. La atención mundial se centró en Andrew y, de pronto, no solo se trató de un papel especial en un guiño de nostalgia, sino toda una reconfiguración en el universo del héroe.

Y con el estallido sin precedentes de una popularidad asombrosa, llegó el amor. Millones de fanáticos alrededor del mundo se unieron en redes sociales para pedir a Sony complete la trilogía de Amazing Spider — Man o, en todo caso, incluya a Garfield en sus futuros proyectos. El hashtag #MakeTASM3 se convirtió en tendencia durante casi cuatro días y cientos de youtubers, podcasts y personalidades del mundo del espectáculo se volvieron parte de la petición.

También corren rumores de los planes del estudio con Garfield, todos esenciales para su continuación del llamado spiderverse. Para fines del mes de diciembre, con Spider-Man: No Way Home (2021) convertida en la décima película más rentable de la historia norteamericana y un suceso a todo nivel, Garfield se ha convertido en el novio de Internet, en el chico del momento para toda una generación que le descubre o para una que le recuerda con cariño. 

2021 fue el año de la recuperación del cine, de la consolidación de las salas y el regreso de Marvel a la pantalla grande. Y también, fue el año en que todo el público se enamoró de nuevo de Andrew Garfield. Una historia de amor, que por lo visto, va para larga data. 

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