Era el año 1688 cuando el joven médico sueco, Johannes Hofer, presentó una tesis en la que por primera vez se utilizaba el término nostalgia, creándola a partir de las palabras griegas nóstos (regresar al hogar) y álgos (dolor).  Ahora sabemos que el sentimiento sin duda no era nuevo ni algo que se debiese curar. Después de todo, ¿quién no asocia sabores a momentos de la más tierna infancia o canciones a un viejo amor? Hay un cierto confort, una calidez al recordar viejas historias y reencontrarnos con nuestros héroes, ponernos al día con sus vidas, como si de viejos amigos se tratase. Por esa razón, estos últimos años mucha de las series y películas de las cuales nos habíamos despedido encuentran la forma de volver a nuestras pantallas.

Corría el 2020 cuando comenzaron a esparcirse rumores sobre que en la tercera entrega de la Spider-Man de Jon Watts, antiguos enemigos del superhéroe arácnido y los actores que los representaron en sagas anteriores podrían retornar, lo que eventualmente llevó a fans a preguntarse: ¿podrían las encarnaciones anteriores de Peter Parker volver gracias al concepto del multiverso? Esa sin duda sería una enorme apuesta para Marvel Studios, ya que no es poco lo que el personaje representa culturalmente.

Con la primera Spider-Man (2002) de Sam Raimi a punto de cumplir dos décadas, podemos decir que ya un par de generaciones han crecido admirando a Tobey Maguire como el héroe enmascarado, siendo sobre todo su secuela Spider-Man 2 (2004) una de las películas de superhéroes más admiradas por los fans del género.

En un tono que por momentos recuerda a la serie animada de los noventa, la trilogía de Raimi fue en gran parte bastante fiel a lo que habían sido los comics, enfocándose principalmente en realmente desarrollar los conflictos del día a día de la vida de Peter, siendo fácil identificarse con sus dinámicas familiares y las problemáticas tanto mundanas como las del héroe. Maguire rápidamente gano a su audiencia con un personaje querible, pero lleno de defectos: humano. En ella se popularizó la frase que resume todo lo que Spider-Man simboliza: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, mientras la historia demostraba el peso de cada palabra.

Fue para 2014 cuando el querido héroe regresó a nuestras pantallas, esta vez con el actor británico Andrew Garfield calzándose el traje de telarañas. Comenzando una vez más en los últimos años escolares de Parker y esta vez eligiendo presentar a Gwen Stacey (Emma Stone) como su interés romántico, el peso del drama fue aún mayor dentro de la narrativa, haciendo que la historia tomara un ángulo mucho más oscuro, que no logró complacer a todos los fans.

Esta vez con un Peter un poco más canchero que el de Maguire, pero un Spidey aún más afilado al momento de burlarse de sus oponentes, Garfield eventualmente se ganó al público. Fue además una bocanada de aire fresco ver el peso de Gwen en la historia, cuyo desarrollo fue mucho más logrado que el de la lamentablemente desperdiciada Mary Jane de la talentosa Kirsten Dunst.

Al no llegar a obtener una tercera parte, el final de Garfield en la saga resulto abrupto y desesperanzador. Una lástima, especialmente considerando lo abierto que había sido el actor respecto a su cariño por el personaje. Pero toda la especulación alrededor de si Parker uniría al ya establecido Universo Cinematográfico de Marvel tuvo un giro repentino, al anunciarse que un nuevo actor tomaría el papel.Haciendo su debut no en una película propia, sino con una participación en Captain America: Civil War (2016), el Spider-Man de Tom Holland planteó unos giros interesantes, que no todos los fans supieron apreciar. Por un lado, el MCU optó por no mostrar dos momentos claves en la vida del arácnido: cómo Peter obtiene sus poderes y la muerte del Tío Ben. Estos dos eventos son importantísimos, pero hubieran resultado reiterativos y quitado tiempo de una historia ya compleja de contar. Y si bien hubo muchas críticas respecto a la dependencia de Parker hacia su mentor Tony Stark, es ineludible marcar la importancia que esta relación tuvo para impulsar no solo las futuras acciones de Stark y por consiguiente el relato, sino cómo catapultó también crecimiento del mismísimo Iron Man como personaje.

El Peter de Holland es sin duda el más joven del trío y, quien según su mismísimo creador Stan Lee, balancea perfectamente los diferentes aspectos de su personalidad, tanto en su vida civil como detrás de la máscara. Representando a un adolescente creíble en un mundo de presentaciones de PowerPoint mal logradas, este Peter muestra tanto su lado geek como su entrega a la hora de ayudar a los vecinos del barrio, y eventualmente sufriendo golpes de realidad, al comprender el peso que carga su traje. Este Spidey logró aggiornarse tanto a nuestros tiempos como al universo de Marvel Studios con naturalidad, además de ofrecernos ver de manera más paulatina el literal crecimiento del personaje.

Más allá de las preferencias personales, todos deberíamos estar de acuerdo con que cada una de las tres iteraciones de Parker generan algo único para su audiencia. Acercamientos personales a  interpretaciones distintas pero símiles, un héroe mítico pero identificable, popular. Si efectivamente los rumores son ciertos y las antiguas versiones de Spider-Man serán nuevos aliados de Peter en la culminación de la trilogía de Watts, esto se convertiría en todo un evento. La convergencia de veinte años de historias en una sola sin duda daría lugar a una dulce nostalgia, reencontrándonos con una butaca que hace dos décadas hubiese considerado este hito imposible. Una vuelta al hogar mientras se mira hacia adelante.

Pero más allá de la especulación, con rumores de una nueva trilogía y viendo futuros spin-off en el horizonte, además de a la secuela de la sublime Spider-Man: Into the Spider-Verse (2018), una cosa es segura: este es un maravilloso momento para ser fan del amigable vecino Spider-Man.

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