Felicidades

Algo que pasó en Año Nuevo: sidra, sectas y lisergia con acento porteño

La ópera prima de “Te lo resumo así nomás” es una comedia de terror costumbrista que hace honor a sus referentes pero tiene una fuerte voz propia.

por | Dic 30, 2022

Pocos momentos se vuelven tan abstractos como lo son aquellos días entre Navidad y Año Nuevo, tiempo en que los horarios laborales se desdibujan o los planes familiares nos mantienen en vilo,  costumbres que pueden ser genuinamente celebratorias así como de una convivencia casi obligada entre personas con posturas muy desiguales. Es posible así que preveamos incómodos encuentros mientras nos preparamos para enfrentar estallidos, para poner paños fríos a las discusiones o simplemente fingir demencia y disfrutar. Son experiencias que vivimos cada año, memorias que pueden resultar tan graciosas como terroríficas. Esas sensaciones son exactamente de lo que se alimenta Algo que paso en Año Nuevo (2022).

María (Natalia Maldini) y Manuel (Casper Uncal) casi no tienen ganas ni de discutir entre ellos la manera de encarar el problema. Es una charla complicada que demanda acallar los egos, pero ambos tienen un deseo postergado que sin ayuda sería imposible de lograr por sí mismos. La discusión continúa hasta llegar a la quinta de la hermana de Manuel, Ana (Xiomara Martínez), donde ella y su pareja Julio (Federico Aimetta) los reciben ostentando sus lujos. Ahí les  presentan a la pequeña legión de sus llamados “ahijados”, un grupo de jóvenes que siguen sus enseñanzas de aparente autoayuda. Vestidos de blanco y con sonrisas imperturbables, los chicos parecen no querer otra cosa más que servir al cuarteto. Todo apunta a que este será un comienzo de año inolvidable.

Ese es el punto de partida de la ópera prima de Jorge Pinarello, más conocido por ser la rasposa voz detrás de uno de los canales de YouTube locales más celebrados, el ya icónico Te lo resumo así nomás. Interpelado por muchos de los géneros de ese cine que su canal tanto celebra como critica sin parecer perder el disfrute, Pinarello hace homenaje a varios hitos cinematográficos mientras los atraviesa con una comedia costumbrista. La película referencia así a clásicos del horror que en general nos llegan del hemisferio norte, haciendo que en su relato las vivamos desde un lugar en donde sabemos reconocernos.

El choque entre una pareja en una situación económica complicada con un matrimonio de discursos New Age meritocráticos es una bomba de tiempo. No tardan en saltar las primeras chispas, ya que las psicomagias de Julio y los edulcorados insultos de Ana son suficientes como para que nos encontremos empatizando con la limitada paciencia de una ya exacerbada María, una versión moderna de la pobre Susana del gran clásico argentino Esperando la Carroza (1985). Pinarello la cita abiertamente, ya que desde muchos lugares la película se erige en una base parecida. Pero a pesar de cómo su afilada comedia es casi una constante, esas notas de extrañeza, de aquello que encontramos fuera de lugar, van mutando para ofrecer otro tipo de incomodidad.

El grotesco del humor comienza a interpelarnos desde otro lado, a medida que el tono de la historia cambia. Se da de manera muy orgánica, como esa sensación opresiva de un mundo que de a poco va asfixiando a su protagonista, lugares en donde nadie más reconoce la locura y el cada vez más evidente despliegue sobrenatural, mutaciones que llegan a generar incomodidad en la piel del propio espectador. Los referentes cinematográficos se vuelven claros y puntuales, haciendo que creamos que podemos prever las vueltas que pega la historia, solo para que la película pegue un volantazo y los eluda. Es así como una historia que se siente tan simple como clásica consigue sorprender y sentirse refrescante, entregando un final que ofrece múltiples lecturas.

Mención aparte merece su excelente elenco. Qué fácil es conectar con esa María siempre al borde de llegar a su límite, con una Naty Maldini que pone todo de sí en un personaje que lleva la intensidad a flor de piel pero que igualmente logra mostrar diversas capas. Aimetta y Martínez son responsables de las carcajadas más fuertes en la película, su química impecable en un dúo que genera tanta carisma como rechazo. Pero Uncal, a quien ya habíamos visto en otra nueva gran propuesta del terror argentino, Historia de lo oculto (2020), se convierte en una de las sorpresas mejor guardadas del filme.

Tras un exitoso paso por la  37° edición del Festival de Cine de Mar del Plata, el 23° Buenos Aires Rojo Sangre y cumpliendo con el pedido del público de sumar funciones en distintas salas del país, se anunció que la película será estrenada en 2023 de forma internacional en formato digital. Es algo digno de festejo, ya que en épocas en donde se insiste que los grandes titanes de Hollywood son los responsables de salvar a un cine supuestamente moribundo, son producciones locales como esta las que a veces visitamos para apoyarlas pero nos regalan el más genuino de los goces.

Es una profunda alegría salir de la sala con ganas de repetir la experiencia. Sus creadores ya comentaron el esfuerzo que fue realizarla, ya que como si fuera poca cosa hacer una película, además los atravesó una pandemia. Pero el esfuerzo lo vale, porque películas como Algo que pasó en Año Nuevo, hechas a puro pulmón, son las que demuestran que el profundo amor detrás de este tipo de producciones siempre se refleja en la pantalla.

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Ro Tapias

Artista visual. Madre de dragones, gatos y un corgi. Hablo de cine, a veces demasiado.

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