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Hannah Montana cumple 20 años: El gran ícono de la monocultura tween

Con su nuevo especial en Disney+, Hannah Montana nos obliga a revisar cómo una Miley Cyrus de 13 años se convirtió en un fenómeno global.

por | Abr 3, 2026

Hannah Montana (2006-2011) apareció en las televisiones del mundo en 2006 a través de Disney Channel. La premisa era simple pero eficaz: una preadolescente de Tennessee llegaba a Malibú con el deseo de cantar pero, al mismo tiempo, quería mantener su vida normal lejos de la fama. Para lograrlo, vivía una doble vida con ayuda de su padre, su hermano y sus mejores amigos.

El pelo castaño y con rulos indicaba que estábamos viendo a Miley Stewart, y cuando aparecía la mítica peluca rubia con flequillo recto entendíamos que se trataba de la estrella internacional Hannah Montana. Su influencia creció tanto que en en 2009 se expandió al cine con Hannah Montana: The Movie.

la televisión y la MONOCULTURA TWEEN

Esta época fue sin dudas especial porque colisionaron tres aspectos fundamentales que no van a volver a repetirse, o por lo menos no con estas características. Estamos hablando de las sitcom tween televisivas de Disney Channel, la monocultura en nuestra forma de consumir y el talento de Miley Cyrus.

«Tween» es un juego de palabras en inglés que hace referencia a los que están entre medio de la infancia y la adolescencia («between» y «teen»), es decir, preadolescentes de entre 9 y 12 años aproximadamente. Disney ya había conquistado las infancias con sus películas, ahora iba por los niños que estaban creciendo y que todavía no tenían permitido ver MTV.

El objetivo era controlar la atención de la audiencia a través de lo que se programaba en la televisión, en un horario particular, para un público específico. Porque en esa época todos mirábamos una sola pantalla y nuestra atención no estaba dividida en algoritmos individuales.

Por eso hablamos de monocultura cuando vemos los 2000, esa forma de organización cultural compartida, donde a partir de un conjunto limitado de contenidos se construyen referencias comunes, populares. Durante estos años canales como Disney Channel concentraron gran parte de la oferta dirigida a preadolescentes. Las grandes sitcom tween como That’s So Raven (2003-2007), Lizzie McGuire (2001-2004 )o Wizards of Waverly Place (2007-2012).

Pero había una que logró no solo hacernos reír, sino también ponernos a cantar y a desear ponernos una peluca para vivir una fantasía pop. Hannah Montana (2006-2011) es el producto estrella de la cultura tween porque logró ingresar también en la industria musical.

HANNAH montana en la industria musical

La semana del 23 de octubre de 2006 conocimos discos que marcaron a toda una generación, como el debut de Taylor Swift o el tercer álbum de My Chemical Romance. Canciones que ponían en palabras las emociones intensas de la juventud. Pero, ¿quién le cantaba a quienes tenían diez, once o doce años? La respuesta la tenía Disney con el soundtrack de la primera temporada de Hannah Montana, que esa misma semana llegó al número uno. ¿Cómo un personaje ficticio logró posicionarse entre los primeros rankings por sobre cantantes «reales»?

Hannah le cantaba a esa infancia que ya no es tan pequeña pero tampoco puede identificarse con temas como I Don’t Love You de My Chemical Romance. Desde los noventa, los tween empezaron a consolidarse como un público con peso propio dentro del consumo cultural, sostenido por el poder adquisitivo de sus padres.

Por eso la música tween en Estados Unidos comienza a concentrar poder en los rankings como una explosión pop orientada a quienes quedaban en ese punto intermedio entre inocencia y rebeldía sexual. Las listas estaban encabezadas por estrellas que brotaban de las sitcoms de Disney Channel: Demi Lovato, Selena Gomez, Jonas Brothers.

Pero Hannah Montana tenía una diferencia y por esto movía los números más grandes. Ella era una completa fantasía, porque no solo no existía sino que también era dos personas en una.

hANNAH Y MILEY: LA FANTASÍA Y EL OBJETIVO DE LAS CRÍTICAS

Mientras Hannah Montana condensaba una versión apta para todo público del pop que ya conocíamos, con ecos de Britney Spears, Christina Aguilera o Paris Hilton, lo hacía sin el peso de la exposición ni de los titulares. Hannah era una figura totalmente artificial, disponible para la identificación sin conflicto. Pero esa estabilidad se sostenía en una separación donde las críticas no recaían sobre ella, sino sobre Miley Cyrus.

Cuando Miley empezó a correrse de la peluca, aparecieron las sanciones sociales, como en aquella producción de fotos donde la vimos con su espalda descubierta y eso derivó en el titular amarillista «Miley’s Shame». En ese desplazamiento, la fantasía quedaba intacta, mientras el cuerpo real atravesaba el costo de crecer bajo la mirada pública.

En una entrevista Tish Cyrus, madre, co-manager y productora de varios aspectos de la vida artística de su hija, cuenta que ella fue la encargada de que el álbum doble de Hannah Montana y Miley Cyrus fuera un éxito. Ella enfatizó que sus deseos como manager y madre eran que Miley pudiera ser tan famosa como Hannah. Claro que Disney vio la oportunidad de generar un doble producto en su adolescente de los hits de oro.

El crecimiento de Miley Cyrus fue un producto en sí mismo, diseccionado por millones de personas y convertido en un vehículo donde distintas formas de feminidad encontraron identificación. Tal vez por eso fue tan importante la cercanía de su madre en todo su trabajo.

volver a MERENDAR con HANNAH MONTANA

Hace tiempo que las grandes empresas se dieron cuenta de que la nostalgia vende más que el sexo. La nostalgia es el deseo doloroso de volver a un lugar donde no podemos quedarnos porque ya no existe.

El fenómeno de Hannah Montana (2006-2011) no es porque sea una obra maestra audiovisual, no es sobre el reconocimiento o los premios. Tiene que ver con la forma en que ese momento estaba armado para que podamos vivirlo, consumirlo y disfrutarlo.

La estabilidad de lo previsible, la merienda rutinaria esperando un nuevo capítulo anunciado por los conductores de Zapping Zone (2000-2012). En ese sentido, tiene lógica que la nostalgia se convierta en un producto porque todos buscamos un momento más simple cuando el presente se pone difícil.

Y por eso hoy, 20 años después, Disney vuelve a hablar de Hannah Montana, porque nuevamente gana dinero y a nosotros nostalgia.











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