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X-MEN ’97 – Episodio 4: Romance y fichines en un recreo de nostalgia noventosa

Apostando por dos relatos individuales de desarrollo de personaje, el nuevo episodio es un descanso del vértigo que nos prepara para lo que se viene.

por | Abr 4, 2024

Los primeros tres episodios del revival (o mejor dicho, la nueva temporada) de la ya clásica serie animada de X-Men de los noventa tuvieron un alto nivel de intensidad dramática, con varias secuencias memorables y emotivas. Ya se sabe que la serie va a tener diez episodios, y este es el cuarto, por lo tanto estamos en la transición hacia la mitad de la temporada. Tiene sentido que a un comienzo tan potente le siga algún episodio descontracturante y más entregado a la diversión, que a sentar grandes elementos narrativos que serán retomados más adelante.

Aunque igual sienta las bases de algunos arcos argumentales futuros, este cuarto episodio se podría considerar como lo que alguna gente llama “episodio de relleno”, pensando que lo importante en una serie es solamente el desarrollo narrativo y no la caracterización de los personajes o divertirse con las aventuras de tus héroes favoritos. Por esa noción de que lo importante en una trama es solamente el planteamiento a futuro, episodios como este suelen tener una peor recepción dentro de la crítica, tanto amateur como especializada, y es probable que este episodio no sea la excepción.

A eso se le suma que plantea un cambio de formato, dividiéndose en dos sub-episodios más cortos, con historias independientes. La decisión responde claramente a emular una propuesta más televisiva que remite a la serie original. El resultado de hacer eso en una plataforma de streaming es bastante particular, ya que la mayoría de quienes venimos siguiendo la serie a esta altura la hemos consumido de tres maneras diferentes.

Nuevas formas de consumo

Primero, vimos los dos episodios iniciales de corrido, con una historia continuada que es prácticamente un solo arco narrativo partido en dos. Luego, vimos el tercer episodio como un arco narrativo independiente, que condensó una historia complejísima en menos de media hora. Y ahora vimos dos historias cortitas, con una duración y narrativa muy similar a la de los episodios de la serie noventera. 

Claramente, hasta ahora este es el episodio que más apela a la nostalgia, en lugar de  enovar o actualizar los conceptos de la serie. El primer sub-episodio, Motendo, cumple con esa premisa a la perfección. Esta vez, los guionistas Beau DeMayo y Charley Feldman no adaptaron personajes y conceptos de Claremont, sino de la marca que dejó en X-Men la autora Ann Nocenti, una de las mejores guionistas de Marvel. Particularmente, de los cómics del Mojoverso, un reino extradimensional que apareció a mediados de los años ochenta como una parodia y crítica del mundo de la televisión y sus ejecutivos.

La protagonista es Júbilo, la representante de la juventud en esta encarnación de los X-Men, junto a su interés romántico, Roberto, el mutante Sunspot. Ambos son transportados a este mundo virtual creado por Mojo, un personaje que ya había aparecido en la serie original, que en esta ocasión sigue siendo un productor de TV, pero ha adelgazado y ha expandido su influencia, de la televisión a los videojuegos.

La idea de llevarlos a este mundo es entretener a su audiencia interdimensional, para sacar provecho económico mediante su nueva creación, llamada “Montendo” (mezcla de Mojo y Nintendo, como él mismo aclara). Mojo ha creado un videojuego basado en las propias memorias de Júbilo y tanto ella como Roberto son personajes del juego. Además, los riesgo son altos: si mueren en el juego, mueren en la vida real.

(L-R): Jubilee (voiced by Holly Chou) and Roberto Da Costa (voiced by Gui Agustini) in Marvel Animation’s X-MEN ’97. Photo courtesy of Marvel Animation. © 2024 MARVEL.

El episodio es una excusa para referenciar otra rama importante de la nostalgia noventosa: los videojuegos de los X-Men, tanto en consola como en Arcade, que fueron en un momento la vanguardia del género beat-em’ up (personajes que se agarran a piñas con interminables filas de enemigos en galerías virtuales) y la punta de lanza de la tecnología de los juegos de su época.

La idea es ver en cuatro dimensiones y en primera persona lo que pasaba dentro de los fichines, y el resultado está bastante bien logrado, con buenas secuencias de acción y gran calidad de animación. La historia no parece muy compleja a simple vista: sabemos que van a vencer a Mojo. Lo interesante está detrás del argumento principal. Para probar el juego, Mojo ha creado copias digitales de Júbilo probablemente extraídas de otras dimensiones. Solo una de ellas, Abscissa, ha logrado hackear el juego y sobrevivir. Ella será la guía que lleve a Júbilo hacia la victoria. 

A pesar de esta simplicidad, la historia tiene una cierta profundidad emocional ya que es una suerte de coming of age de su protagonista, que está creciendo y debe asumir los sacrificios y los beneficios que eso representa. Esa otra versión de ella misma, más madura y experimentada, es la prueba de lo que ella podría llegar a ser en el futuro. Pero no en un sentido positivo: es una versión de Júbilo que no ha tomado riesgos, y cuya madurez es el resultado de estar restringida por las decisiones limitadas del videojuego en el que está inserta. Nuestra Júbilo tiene la posibilidad de romper ese bucle, y arriesgar la comodidad en función de escribir su propio destino, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. 

Si bien la idea central de esta historia está remarcada, quizá se pierda en el ritmo vertiginoso de la narración, que rápidamente pasa al siguiente punto de la historia. En el momento del clímax, Júbilo besa a Roberto, consolidando la relación para futuros episodios. Esto marca la importancia del amor en este doble episodio, que -sin estar dedicado por completo al romance- tiene en su centro dos historias de amor.

El amor después del dolor

El segundo sub-episodio le dedica aún más tiempo a la trama amorosa, llegando a ser hasta melodramático. Basado en el #186 de la revista Uncanny X-Men, otro arco de la etapa de Claremont, la trama continúa la promesa que nos había dejado el final del episodio anterior. Narra las aventuras de Storm y Forge en sus intentos por recuperar los poderes de ella, luego de que los haya perdido por el impacto de un arma.

(L-R): Forge (voiced by Gil Birmingham) and Storm (voiced by Alison Sealy-Smith) in Marvel Animation’s X-MEN ’97. Photo courtesy of Marvel Animation. © 2024 MARVEL.

El guion toma una decisión polémica en ocupar casi el cien por ciento de la historia en el desarrollo del amor entre los dos personajes. Luego de varias secuencias de romance en una cabaña, el episodio termina con Storm peleándose con Forge cuando descubre que él fue quien diseñó el arma que le quitó sus poderes. Finalmente, la historia nos deja otro cliffhanger (que será retomado en dos semanas) cuando Storm se enfrenta a otro personaje de la era Claremont: el archivillano El Adversario, que se alimenta del sufrimiento ajeno y está fuertemente vinculado a la historia de la pareja.

Es curioso que este sub-episodio sea solo la primera parte de este arco, cuya segunda parte no tendrá lugar en el siguiente episodio, sino que habrá otra historia en el medio. Esto es un claro intento de replicar la estructura de las transmisiones televisivas durante los noventa, cuando los argumentos no se consumían de manera lineal y a veces había que ir reconstruyendo la historia a medida que íbamos viendo la serie. El efecto está bien logrado, y es muy probable que ya esté cosechando quejas en internet, lo cual indica que la decisión fue acertada.

Claramente este episodio no se propone revolucionar nada, sino bajar un cambio antes de mostrar artillería más pesada. Dado que Cíclope y Jean no han aparecido en el episodio por estar haciendo una misión diplomática en Genosha (una nueva nación mutante que se suma a la ONU), es probable que en los próximos episodios se aborde uno de los arcos argumentales más políticamente cargados de la historia de los X-Men en los cómics de los últimos años. O también puede ser que se venga una historia ambientada en el futuro, con Nathan, el hijo de Cíclope y Jean, como protagonista. Ya sea una cosa o la otra, está claro que lo mejor está por venir.

Aunque pueda resultar un episodio intrascendente para muchos, la cuarta entrega de la temporada es una muestra de que la serie está manejando muy bien los tiempos y nos está sorprendiendo cada semana con un formato distinto, un tono y una vuelta de tuerca inesperada. Esto confirma lo que la serie viene haciendo desde el principio: explotar la nostalgia, sí, pero de maneras novedosas e interesantes.

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Paul Noguerol

Paul Noguerol es un escritor, guionista e investigador de Mendoza, Argentina. Actualmente vive en Estados Unidos, país donde nació, y está haciendo un Ph.D. en estudios hispánicos para la universidad de Connecticut, donde estudia las expresiones Queer en historietas de lengua española. Sus especialidades son el cómic y la ciencia ficción. Fue creador y miembro del colectivo de divulgación de estudios sobre la cultura pop Los Nerds Heredarán la tierra, y condujo el podcast del mismo nombre y el programa de TV "Los nerds heredarán la biblioteca", de Señal U, sobre literatura y cultura pop. También organizó en Mendoza dos ediciones del encuentro de ciencia ficción "Pórtico", originario de la ciudad de La Plata. Ha escrito para medios como Ouroboros, Revista Sonámbula, Jarilla Geek, y Elmeme.me, entre otros. Su trabajo como escritor de ficción está editado en dos antologías de cuentos, "Paisajes Perturbadores" (2018) y "Omelas" (2019). Actualmente es columnista de la sección "Pensé que se trataba de cuadritos" en el programa de radio por Twitch "Mandanga". Además, conduce y produje el podcast "La guía Falopa del espacio tiempo", dedicado exclusivamente al análisis de ficciones sobre viajes en el tiempo.