Había una vez

Wish: El poder de los deseos – El homenaje ideal por los 100 años de Disney

Al fin llegó la nueva película animada de la factoría de Walt Disney a los cines de Latinoamérica, después de su estreno internacional en noviembre.

por | Ene 2, 2024

Ser el estudio de animación más reconocido de todos los tiempos y tener un panteón de clásicos inmortales, inspirando a generaciones enteras alrededor del globo, pone la vara bastante alta para la celebración del 100º aniversario de semejante legado. Esta fue la misión autoimpuesta de Disney para festejar su primer siglo de vida.

Para la titánica tarea, la división animada del estudio convocó nada menos que a la dupla de Jennifer Lee en guion y Chris Buck en dirección, responsables de Frozen (2013), la película que rompió todos los récords de taquilla y devolvió al estudio su esplendor de antaño. Solo que esta vez, en lugar de Lee se sumó a la co-dirección con Buck la novata Fawn Veerasunthorn, quien ya había trabajado en Raya y el último dragón (2021) como “jefa de historia” bajo la supervisión de Lee.

Había una vez un estudio

El 16 de octubre de 2023, día exacto del aniversario de la fundación de los estudios Disney, ocurrió la magia. Burny Mattinson, uno de los legendarios animadores del estudio -quien fallecería poco después de filmar su participación- cierra las puertas de los cuarteles de Los Angeles tras su jornada laboral. Como quien no quiere la cosa, le comenta a una joven a su lado:

“Si estas paredes pudieran hablar…”

Y como buen protagonista de Disney, su sueño se hace realidad. 

Por obra y gracia del poder de los deseos, Mickey y compañía comienzan a cobrar vida dentro de los cuadros que cuelgan lado a lado con retratos de grandes artistas de la compañía, como la talentosa Mary Blair. Las suyas son simple fotos, pero los personajes parecen tener una agenda vespertina y van dando la alarma a los demás para que se reúnan a cumplir con la misión. Poco a poco, personajes de todas las épocas y estilos de animación se dan cita en el hall del estudio para la gran foto por el centenario de la compañía.

Entre ellos, una desconocida que -casi al final del corto- toma la mano de Blancanieves, la primera princesa en protagonizar un largometraje de animación. Se trata de Asha, la nueva heroína de Disney para su 62º film animado, Wish: el poder de los deseos (2023). Una historia que -en honor a la tradición del estudio y a la magnitud de la tarea encomendada- se apoya sobre puros homenajes para narrarse a sí misma como una especie de alegoría del poder y la magia de Disney.

Asha (Ariana DeBose) es una chica de 17 años que vive en el reino de Rosas y sueña con ser una gran hechicera, inspirada por el rey Magnífico (Chris Pine) y por su propio abuelo, que está por cumplir 100 años (guiño, guiño). Por su gran potencial, es convocada a la corte para ofrecerle un trabajo junto al monarca, pero pronto descubre que sus intenciones no son del todo puras y que el destino del reino -y de todos sus deseos- podría estar en manos de un megalómano.

El concepto es simple: con la excusa de protegerlos de amenazas externas, el rey aisló a su gente y prohibió todo contacto con el exterior, además de autoproclamarse guardián de los deseos. De esta forma, todos los habitantes del reino le entregan voluntariamente sus más grandes deseos, para después olvidarse de los mismos. Y solo unos pocos afortunados son elegidos, en ceremonias anuales, para otorgarles su deseo hecho realidad. Nadie cuestiona los métodos del rey y todos viven en relativa armonía, hasta que Asha descubre los perversos planes del monarca.

Como toda joven de 17 años que se precie de tal, Asha va a cuestionar el orden impuesto e intentar iniciar una revolución entre los suyos, pero sin mucho éxito. Hasta que, expulsada por su propia familia, pide un deseo a una estrella y ocurre el milagro que viene ocurriendo desde que Disney es Disney: se vuelve realidad. A partir de este momento, los animales hablan, las flores danzan y todo el poder de la estrella recae ahora en sus manos, aunque no quiera o no sepa qué hacer con él.

Es el perfecto homenaje a la historia de Disney como estudio de animación, con una metadiscurso que repasa sus propias convenciones y guiños por doquier a las películas con las que crecieron varias generaciones: personajes que se parecen a otros personajes, cameos, referencias sutiles y otras mucho más obvias. Es una búsqueda del tesoro de “easter eggs”, casi como un exojuego de la historia. Para los fans de Disney, los que se emocionan con su legado y están en contacto con su niño interno, será una fiesta.

Para quienes van a ver estas películas con ojos cínicos y gustan de pronosticar la decadencia del estudio -desmentida continuamente por los sucesivos éxitos de taquilla y su permanente popularidad entre los más chicos-, Wish se convirtió en un manjar de críticas negativas. Que no tenía historia, que era un abuso de clichés, incluso que era una descarada precuela (?) rejuntando todo lo que conocemos hasta ahora. Llegaron a decir que no aprovecha su particular premisa para hacer una crítica al populismo (??) y se queda en la superficie.

Pero Wish es exactamente lo que debería ser: un musical de animación inocente y divertido como tantas películas del estudio a lo largo de cien años -algunas con mayores penas y glorias que otras. Si se siente genérico, es porque se supone que sea así, no porque a Disney se le escapó. La falta de ideas no tiene nada que ver con este intencional homenaje, que combina animación 3D con el tradicional estilo a mano alzada de Disney, mientras hace lo propio con la narrativa. Y si un titán de la industria que inspiró a tantas generaciones de artistas no se puede homenajear a sí mismo en el centenario de su fundación, ¿entonces qué queda para los demás?

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Ana Manson

Editora

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