En general son pocos los que no escucharon, aunque sea a través de un cuchicheo barrial, acerca de una curandera o bruja que atendió al conocido de un conocido. Mientras que las instituciones religiosas normalmente estas encabezadas por masculinidades, The Medium (2021) es una película que recupera la figura matriarcal como aquella relacionada a la espiritualidad popular.

El mockumentary tailandés-coreano de Banjong Pisanthanakun (Shutter, 2004) comienza entrevistando a Nim (Sawanee Utoomma), una chamán cuya vida está dedicada a la diosa Ba Yan, herencia pasada solo entre las mujeres de su familia. Como si de una maldición se tratase, la mayoría de los hombres en su linaje parecen tener un final trágico. Y es justamente en el funeral de su cuñado donde el equipo de cineastas nota que la sobrina de Nim, Mink (Narilya Gulmongolpech), muestra comportamientos poco habituales, síntomas  que eventualmente hacen que la medium sospeche que algún espíritu maligno poseyó a la chica.

Eso es tan solo el comienzo de la que es sin duda una de las películas sobre exorcismos más originales en llegar al cine en las últimas décadas. Por empezar, rara vez vemos relatos de esta temática en donde el catolicismo no sea la solución, siendo en este caso representado casi como una nota al margen dentro de la sociedad multicultural de Tailandia. Es ante todo en el ámbito de lo popular, específicamente de la clase media-baja, donde florece el lenguaje universal de una historia en la cual sería de esperarse un choque cultural aún más fuerte.

Intentando que este acercamiento sea aún más ameno, se nos explica con sencillez y de manera orgánica la particular cosmogonía de la región, siendo de suma importancia comprender que muchas de sus creencias están basadas en una fe animista. Por lo tanto, personas, animales, lugares u objetos, todo tiene un espíritu. Esta visión se ve acompañada por la maravillosa fotografía del filme, con planos generales que retratan todo tipo de símbolos religiosos en la arquitectura tanto tradicional como la más contemporánea, así como también una particular aura en sus espacios naturales. Lo terrenal y lo intangible son simbióticos en el mundo de Nim.

Aprendemos que esos espíritus que la rodean pueden tener intereses personales o resentimientos hacia los vivos y, por lo tanto, ser una amenaza tanto individual como uniendo sus fuerzas. Esta particular visión ya plantea un campo de juego diferente, en donde reglas del subgénero de películas sobre posesiones resultan ya cansinas. De esta manera, se convierte en una bocanada de aire fresco, teniendo en cuenta lo poco que se pudo innovar desde que El Exorcista (1973) dejara una vara demasiado alta para relatos que quisieran incursionar en el tema y que inevitablemente copiaron sus modos. 

El ritmo es otro punto positivo, ya que sin duda se toma su tiempo en desarrollar el drama que envuelve a Mink, brindando un particular y necesario realismo a una historia que se siente más cercana a ser un thriller sobrenatural. Es en la segunda mitad donde el relato escala en intensidad hasta convertirse en casi una antítesis de la primera parte, pero manteniéndose como una coherente culminación en un guion más que sólido.

Aquellos que esperen los típicos jumpscares de las franquicias norteamericanas encontraran algunos pocos y efectivos que serán complacientes, pero la película jamás depende de ese tipo de horror.  Ante todo, The Medium incomoda. La crueldad para con sus personajes se incrementa hasta cruzar muchas de las líneas de “aquello que no se debe hacer en una película”, ni siquiera una de terror. Hay un balance, sin embargo, entre las más gráficas de sus escenas con el verdadero salvajismo que plantea Pisanthanakun, en donde pocas cosas son tan desoladoras como la incertidumbre.

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