Independiente y popular

“Nouvelle Vague” en la filmografía de Richard Linklater: amando al experimento

La extensa obra del director se apropia del manifiesto de Godard. Una reivindicación de la innovación humana en tiempos de IA y algoritmos.

por | Ene 9, 2026

Quizás no haya alguien más indicado que Richard Linklater para retratar a la nouvelle vague. El director estadounidense, uno de los máximos referentes del cine independiente de su país, toma el trabajo de Jean Luc Godard en À bout de souffle (1960) y hace una declaración de principios no solo sobre la forma de hacer cine sino sobre el arte en general. Que debe ser independiente, lúdica, autónoma y visceral. Como hicieron los jóvenes franceses.

Hay una estela que une a las películas de la nueva ola francesa con el cuerpo de obra de Linklater, que emergió del cine independiente de Austin, Texas, y es conocido por los experimentos -sobre todo temporales- a los que suele someter a sus producciones.

¿Cómo se inserta esta Nouvelle Vague (2025) en la filmografía de Linklater? Treinta años de películas de distinta factura -independientes, mainstream, falsos documentales, animación- confirman que el director de The Before Trilogy hizo propio el decálogo de Godard sobre la intuición del artista y la necesidad de escuchar la propia voz para la construcción de un lenguaje.

Así, lo que para Godard fue pura experimentación en la puesta en escena y montaje de À bout de souffle (con improvisaciones, cortes de edición deliberados y escenas escritas sobre la marcha), también lo fue para Linklater con Slacker (1991) y Dazed and Confused (1993), sus primeros dos largometrajes ungidos hoy como películas de culto.

Richard Linklater, en los tiempos de Slacker (1991).

En Slacker, que transcurre en un solo día y sigue por las calles de Austin a distintos personajes más o menos marginales, más o menos inadaptados, un joven realizador hacía uso del experimento para la construcción de un estilo. Dos años después, Dazed and Confused consagraría ese sello personal en una película coral que se convertiría en un hito para esa generación.

La obra como laboratorio

A partir de ahí, Linklater consolidó su condición de autor con desafíos experimentales de todo tipo: la espera de 9 años para cada entrega de The Before Trilogy, en la que se propuso mostrar el paso del tiempo real en los actores; la duración en tiempo real de la segunda parte de esa trilogía, Before Sunset (2004), en la que los personajes de Ethan Hawke y Julie Delpy caminan a lo largo de una hora y media por las calles de París, y el rodaje de 12 años de Boyhood (2014), otra de las proezas estilísticas en la obra del director.

Julie Delpy, Linklater, Ethan Hawke: el trío detrás de The Before Trilogy.

Y eso no es todo: también están Tape (2001), que transcurre en tiempo real con tres personajes dentro de una habitación de hotel (¡y de nuevo con Ethan Hawke!); Waking Life (2002), hecha con un diseño de dibujos animados sobre secuencias reales, y A Scanner Darkly (2006), una adaptación de la novela Una Mirada a la Oscuridad (1977), de Philip K. Dick, en la que se utiliza la misma técnica de la rotoscopia (un híbrido entre animación e imágenes reales).

Linklater en Waking Life (2002).

¿La última locura? Una película cuyo rodaje llevará… 20 años. Se trata de la adaptación de la obra musical Merrily We Roll Along, que estará protagonizada por Paul Mescal. El rodaje inició en 2021 y, si todo marcha bien, el estreno será en 2041. La prueba consiste en ser fiel una vez más al paso del tiempo en los protagonistas. Cuando la película llegue a las salas, Linklater tendrá 81 años.

Mirando esa carrera a la luz de la influencia que representó la nouvelle vague y esa pulsión por la experimentación permanente, podemos decir que Slacker y Dazed and Confused fueron las À bout de souffle de Linklater.

Una mirada al cine

Retratar a la ópera prima de Godard no solo representó para Linklater la posibilidad de saldar una deuda con una de sus principales influencias sino que también le permitió el lujo de acercarse al universo de esos artistas que lo formaron, como ya había hecho en torno a Orson Welles en la película Me and Orson Welles (2009), que se sitúa en los tiempos de autor de teatro del director de Citizen Kane.

Richard Linklater no para.

En esta Nouvelle Vague Linklater se esfuma en la obra: deja apenas la cámara como testigo del agitado rodaje de À bout de souffle, que supuso el debut de Godard y la consagración definitiva de la nueva ola francesa. No hay grandes introducciones ni finales grandilocuentes. Solo el muestrario de aquella experiencia como un manifiesto a favor de la innovación humana desde el corazón del siglo XXI.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Notas Relacionadas

“Perfect Days” de Wim Wenders: Contemplando la fugaz belleza del presente

La nueva película del director alemán es un lento y delicado retrato sobre cómo nos relacionamos con el tiempo y los placeres que esconde lo mundano.

The Banshees of Inisherin: una gran tragicomedia sobre el miedo a la muerte
The Banshees of Inisherin: Una gran tragicomedia sobre el miedo a la muerte

La película protagonizada por Colin Farrell y Brendan Gleeson se perfila fuerte para los Oscars y se estrena en nuestras salas el 2 de febrero.

She Said: la caída de Harvey Weinstein, bajo la óptica del periodismo
She Said: la caída de Harvey Weinstein, bajo la óptica del periodismo

La biopic de Maria Schrader retrata la investigación de Megan Twohey y Jodi Kantor que fue clave para exponer los abusos del productor.

Asesino serial: un violento thriller Tarantinesco donde nada es lo que parece

Contada fuera de orden cronológico y construyéndose sobre estereotipos, esta película de estética retro ganó su merecida fama gracias al boca en boca.

Nicolás Poggi

Licenciado en Comunicación Social de la Universidad de La Plata (UNLP). Trabajó en la agencia Diarios y Noticias (DyN), A24.com y en la Agencia Télam. Actualmente es jefe de Política en la agencia Noticias Argentinas.