A decir verdad, me costó siquiera darle una oportunidad a la serie spin-off de The Suicide Squad (2021) y razones no me faltaban. Por un lado, la versión del escuadrón de antihéroes y villanos de DC concebida por James Gunn no logró que empatice con sus protagonistas. La cantidad de personajes nuevos, la escala de los eventos y la constante necesidad de provocar a puro golpe de efecto, me resultaron abrumadores y poco convincentes. A pesar de algunos flashbacks que ofrecían un trasfondo superficial, las motivaciones detrás de cada decisión no estaban del todo claras. Y de todos ellos, precisamente Peacemaker (interpretado por el ex luchador John Cena) aparecía como el personaje menos interesante, con una ideología corrupta detrás de una mentalidad tan básica como el país latinoamericano genérico en el que transcurre la misión.

[Spoiler Alert: a partir del siguiente párrafo se revelan giros importantes en la trama de The Suicide Squad]

Sin embargo, el más inadaptado entre los inadaptados fue el elegido por Gunn para protagonizar su propia serie en la plataforma de streaming de Warner, antes incluso del estreno de la película y su relativo fracaso comercial en salas. Un personaje que representa la máxima expresión de la decadencia imperialista y el intervencionismo norteamericano devenido en símbolo, el Peacemaker de John Cena podría haber funcionado como comentario social, pero en la película se salía con la suya. No solo asesinando al único héroe discutible de la troupe, sino sobreviviendo en un escenario imposible, solo para justificar el desprendimiento de su propia serie.

Dicho todo esto, debo admitir que los primeros capítulos de Peacemaker (2022-) superaron ampliamente mis expectativas. En especial, porque James Gunn supo demostrar en estos cuatro episodios exactamente qué es lo que quiere contar, aprovechando el formato para explorar la psiquis de su nuevo protagonista. La serie recupera la tradición televisiva del antihéroe, esa tendencia que alcanzó su pico hace algunos años, sacando el máximo partido de la narración extendida a lo largo de las temporadas para indagar en las complejidades de personajes oscuros y atormentados. Así, logra hacernos vislumbrar que su versión de Christopher Smith, a.k.a. Peacemaker, es mucho más de lo que parece a primera vista y nos sumerge en las profundidades de su perturbada mente, sin intención a la vista de justificarlo.

Por el contrario, lo que parece estar proponiendo Gunn hasta ahora es un viaje de redención, en el que su antipático protagonista pueda demostrar su capacidad de cambio y convertirse en una mejor versión de sí mismo, hasta donde eso sea posible. La aparición de su padre, el villano racista White Dragon (interpretado por el siempre temible T-1000, Robert Patrick), es el disparador de este conflicto y una invitación a explorar la compleja relación de estos dos personajes y sus secuelas a largo plazo. Matizada, por supuesto, por el humor absurdo e irreverente que abraza Gunn en cada una de sus producciones, y enmarcada en su impecable factura técnica y particular estilo narrativo, desatado dentro de los límites de una producción televisiva.

La redención de los marginados

El sello Gunn incluye una selección musical de glam rock y una intro imposible de saltear, con una singular coreografía que involucra a todos sus personajes y sienta el tono pintoresco y casi ridículo de la narración. En un principio, es chocante ver el resumen de la película reducida a convertirse en el “previously” de esta serie, pero una vez superada esa barrera, podemos entrar en el nuevo código que propone Peacemaker y sus ocasionales conexiones con el resto del Universo DC. La serie recupera al equipo de operaciones encubiertas de Amanda Waller (Viola Davis) e introduce nuevos personajes, entre los que destacan su propia hija Leota (Danielle Brooks) y un viejo frenemy de Peacemaker salido de las páginas de los cómics: Adrian Chase a.k.a. Vigilante. Encarnado por el carismático Freddie Stromma, en pocos episodios demostró todo su potencial para convertirse en uno de los favoritos de la serie.

El camino que recorren estos personajes parece trazar un paralelismo con la propia historia de Gunn y quizás ese sea el motivo detrás de la elección, más allá de su eterno amor por los inadaptados. Años atrás, el director fue despedido por Disney luego de que una serie de tuits desafortunados fueran reflotados por un grupo de derecha interesado en desacreditarlo por sus dichos políticos. Gunn se disculpó inmediatamente por sus comentarios, alegando que en aquella época los consideraba “provocadores” cuando en realidad eran lisa y llanamente nefastos. Sin embargo, Disney mantuvo su decisión de alejarlo de la saga de Guardianes de la Galaxia y Warner vio la oportunidad para sumarlo a sus filas. El apoyo de sus colegas y de los fans eventualmente le devolvió su trabajo en Marvel y así Gunn se convirtió en el primer director en trabajar para ambos estudios al mismo tiempo.

La premisa de Peacemaker gira en torno a las segundas oportunidades y la capacidad de aprender y evolucionar, y Gunn parece determinado a demostrarnos a fuerza de sarcasmo que su protagonista es un tipo de buen corazón con mala suerte, un producto de las circunstancias. Más aún, que es capaz de sobreponerse a eso y enfrentar su pasado para construir un presente mejor para él mismo y para los que lo rodean. Un proceso que sin dudas será doloroso y escarpado, el terreno fértil para el humor descarado de Gunn y para todos esos comentarios sociales que se estaba guardando bajo la manga. Y, como no podía ser de otra manera, para la acción más brutal y la violencia más gráfica, fiel al estilo del director y a las libertades que se ganó a fuerza de persistencia. Como diría el simpático conejito que forma parte de esta nueva etapa: “Obstáculos son oportunidades”.

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