La despedida de Hacks (2021-2026) ya empezó y vino con todo. En la conferencia de prensa de su quinta y última temporada, el elenco y los creadores dejaron en claro que el final de la serie no va a ser tranquilo. Pero además hubo risas, reflexiones sobre el legado, críticas a la inteligencia artificial y hasta crisis emocionales en vivo.
El tono del evento, que contó con la presencia de sus protagonistas Jean Smart y Hannah Einbinder fue exactamente el que uno esperaría de Hacks: caótico, inteligente, sensible y, por momentos, completamente desbordado.

sobre el legado
Uno de los ejes centrales del cierre será qué queda después. Tras el escándalo de la temporada anterior – cuando se reporta erróneamente la muerte de Deborah Vance (Jean Smart) – el personaje empieza a cuestionarse cómo quiere ser recordada. Y se pregunta qué es eso que realmente quedará de ella en este mundo y qué es lo que deseamos que perdure de nosotros.
Según explicaron los creadores, esta temporada pone ese conflicto en el centro: no solo desde lo profesional, sino también desde lo íntimo. Deborah comienza a replantearse sus vínculos, sus decisiones y hasta la forma en la que construyó su carrera. El resultado será la exploración más profunda de su identidad, pero sin perder la acidez que siempre la definió.
Y en paralelo, hay algo casi meta en el mensaje: mientras Deborah piensa en su legado, la serie también está construyendo el suyo, posicionándose como una historia que quedará por siempre cómo una de las mejores.

Más absurda, más “Hacks” que nunca
Después de una temporada bastante oscura, el tono cambia. Jean Smart adelantó que esta última entrega vuelve a lo que mejor sabe hacer la serie: ser “profundamente ridícula”. Y el panel dejó pistas de que eso no es una exageración. Entre las ideas que contaron sin spoilers -muchas de ellas pensadas desde la primera temporada- aparecen:
• Una trama inspirada en The Amazing Race.
• Una convención de autógrafos.
• Un episodio en Montecito.
• Ava (Hannah Einbinder) saliendo con un mago (y trabajador sexual).
• Situaciones cada vez más absurdas, pero siempre manteniendo la esencia de los personajes.
También hablaron de algo clave en la construcción de la serie: muchas de estas ideas no se hicieron antes porque necesitaban “ser ganadas”. Es decir, que funcionaran dentro de la historia y no solo como un chiste.

Deborah y Ava, el corazón de todo
Pero más allá de lo excéntrico, el corazón de la serie sigue siendo el mismo: la relación entre Deborah y Ava. Hannah Einbinder contó que esta vez veremos a las protagonistas más alineadas, trabajando hacia un mismo objetivo, algo que no siempre fue así. Aunque, claro, el conflicto sigue presente porque sin ese choque generacional y emocional, Hacks no existiría.
También habló del crecimiento de Ava: de una joven de 24 años a alguien completamente transformada a los 30, marcada por su vínculo con Deborah. Esa evolución, según ella, se siente “natural”, orgánica, real. Y quizás ahí está una de las claves de la serie: sus personajes cambian, pero nunca dejan de ser quiénes son.
Sin spoilers, los creadores adelantaron que el final va a ser una síntesis de todo lo que la serie quiso contar desde el principio: el legado, el vínculo entre sus protagonistas y la tensión entre lo que somos y lo que dejamos.

Queer, compleja y orgullosa de serlo
La serie también reafirmó algo que siempre fue parte de su ADN: su vínculo con lo queer. Para Einbinder, Deborah Vance es una verdadera “queer icon”, y no solo por su personalidad o su estética, sino por lo que representa: una figura admirada, defendida y sostenida por comunidades que muchas veces ven en ella algo más que una artista.
Además, destacó que Hacks evita los clichés: sus personajes queer no son caricaturas, sino personas complejas, contradictorias, profundamente humanas. Esa mirada atraviesa toda la serie. Está en su tono, en sus historias y en su sensibilidad. O como dijeron en el panel, entre lágrimas y risas: Hacks es, ante todo, “fabulous dabulous”.

la crítica a la IA
Uno de los momentos más fuertes de la conferencia llegó cuando hablaron de inteligencia artificial, y lo hicieron sin pelos en la lengua. Los creadores fueron directos: ven a la IA como una amenaza real para el arte, la creatividad y el trabajo de los artistas. Criticaron la obsesión por “optimizar” todo (desde cómo pensamos hasta cómo creamos) y plantearon una pregunta incómoda: ¿a quién beneficia realmente eso? La respuesta, según ellos, es clara: no a los artistas sino a las corporaciones.
También señalaron que el problema no es solo laboral, sino cultural y político. La falta de regulación y el potencial de manipulación hacen que esta tecnología sea peligrosa para la verdad, la libertad de expresión y la confianza en lo que vemos y escuchamos.
Incluso se habló del impacto en la imaginación humana, especialmente en las nuevas generaciones. Fue, sin dudas, el momento más serio del panel. Y también uno de los más necesarios. Los protagonistas plantearon qué pasa cuando las supuestas “herramientas” en vez de ayudar, te quitan la capacidad de pensar por vos mismo.

Que no se corte
Si había alguna duda de cuánto significa Hacks para su equipo, Megan Stalter la despejó en segundos. Contó que al terminar su última escena se puso a llorar, gritar y colapsar emocionalmente, describiendo la experiencia como si le hubieran “arrancado un tenedor de oro” para dejarle “uno de plástico”.
Jean Smart, por su parte, habló de algo más silencioso pero igual de fuerte: ver cómo desmontaban los sets y darse cuenta de que nunca más iba a ser Deborah. Cada espacio que desaparecía era una despedida de lo que fue su hogar por muchos años. Y Hannah Einbinder lo resumió de una forma simple pero devastadora:
“Los personajes se sienten reales. Despedirse de ellos no es solo terminar un trabajo. Es dejar ir a alguien”.




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