Con el título “Trying to Get to Heaven Before They Close the Door”, referencia a la canción de Bob Dylan, se abre la tan esperada segunda temporada de Euphoria (ya disponible en HBO Max). Luego de una pausa de dos años por las complicaciones que generó la pandemia, y de dos espectaculares episodios especiales, regresa la serie que impactó de lleno en la cultura pop de una forma como hace mucho no se veía.

Euphoria (2019-) vuelve luego de un hiatus muy extenso y de un final de temporada musical y confuso. Con lo cual, se esperaba con ansias saber cómo iba a continuar la historia de Rue y Jules (Hunter Schafer). La actuación de Zendaya sigue siendo inmaculada y merecedora del Emmy que ganó en los premios por Zoom, pero quien se roba el foco en este nuevo episodio es Angus Cloud, que nació para interpretar a Fez. Este dealer zen se ganó el interés de los fans de la serie, que reclamaban conocer la historia de origen de su personaje.

Con un plano secuencia inicial, conocemos a la abuela gánster de Fez y, a su vez, el tono que va a tomar esta segunda entrega de la serie: violencia pura. Se nos muestra el origen del negocio de Fez, así como de su cicatriz, para luego pasar al presente junto a su hermano y Rue. La intensidad del peligro fluctúa a lo largo del capítulo, por lo que no va in crescendo, sino que se diluye con la presentación de nuevos personajes o en el cruce inesperado de personajes conocidos, como es el caso de Cassie (Sydney Sweeney) y Nate (Jacob Elordi), o Lexi (Maude Apatow) y Fez.

Si se divide el capítulo en tres actos, el segundo decae en cuanto a la dinámica y la intensidad, ya que es mucho más terrenal y los conflictos que se retratan son más del orden tradicional de la adolescencia (traiciones, drama adolescente, sexo y drogas). Lo que resalta de esta parte es, sin dudas, el diálogo inesperado -pero central- entre Fez y Lexi.

Estos dos personajes, que observaban siempre desde afuera la trama principal, se vuelven el centro de la fiesta en la que se encuentran. La química que se produce entre ellos es increíble y dan ganas de tenerlos más tiempo en pantalla, ver cómo se desarrolla esa relación y el arco de los propios personajes a lo largo de esta segunda parte, que arrancó con altibajos. Esta charla de sofá relaja la tensión que se transita, lo cual contrasta claramente con el principio y el final del capítulo.

Fez se come el episodio, incluso cuando el foco ya no está puesto en él, porque la tensión que se construye con su historia es la única que se mantiene firme y coherente. Lexi ve asombrada cómo el chico tranquilo con el que hablaba hacía dos minutos sobre Dios y responsabilidades, cambia completamente y de la nada golpea con brutalidad a Nate, quien -en contraste- se desbordaba ante los otros continuamente, mostrando cada vez más su verdadera cara.

Esta es una segunda parte mucho más violenta que la primera. El primer episodio es como una película de terror adolescente, donde el peligro son las propias decisiones de los personajes. La misma Zendaya advirtió a los fans en su cuenta de Instagram que tuvieran precaución al mirar algunas escenas que podrían ser demasiado fuertes para una audiencia juvenil. El guion maduró en cuanto a sus diálogos -como su audiencia- en estos dos años, algo que ya se podía ver en los dos excelentes episodios especiales que se lanzaron durante el 2021, ante la imposibilidad de filmar la segunda temporada por la pandemia.

Si bien la temporalidad en la serie siguió su curso normal y no se introdujeron los hechos de la realidad global, no se puede obviar la evolución de la producción y de la trama entre el fin de la primera temporada y el estreno de la segunda. Ya no prima una sensación de intriga sobre el futuro, sino una historia que narra el recuerdo de una época pasada, acentuada con los flashes que parecen retratar fotos o momentos congelados en el tiempo. En este sentido, el uso de rollos Kodak para filmar aportan textura y color a la imagen de una serie que sigue siendo visualmente impactante.

La fiesta de fin de año nos recuerda al piloto de la primera temporada, donde Jules nos invitaba a conocer junto a ella este nuevo mundo. En esta oportunidad, la fiesta sucede sin importar nuestra mirada, hay dinamismo en los distintos puntos de vista de un evento lleno de tensión, y dentro del cual ya sabemos que todo va a terminar mal. El vestuario tan característico de la serie, que impactó de forma tan potente en la cultura pop de nuestro tiempo, ya no se impone como protagonista, sino que se amolda a las tendencias ya establecidas del año pasado (como los mitones, los tops transparentes o los vestidos con cortes irregulares). La puesta en escena comienza in medias res, las cosas suceden y nosotros caemos tarde a la fiesta que ya está por terminar.

El inicio de la segunda temporada fue un cierre de cuentas pendientes, sobre todo la de Fez con Nate, y la de Rue con Jules, quienes vuelven a estar juntas, mientras Rue mantiene su adicción. A su vez, este fue el comienzo de una nueva Euphoria mucho más violenta y oscura, pero madura.

La crudeza que caracteriza a la serie sigue estando, y lo que brilla ya no es el glitter del aspecto visual, sino el guion y los diálogos entre dos personajes. Si bien el episodio pierde por momentos el foco de hacia dónde nos quiere llevar, los flashes que iluminan a los distintos personajes nos dicen que la segunda temporada va a ser mucho más coral que la primera, con la incorporación de nuevos integrantes y la exploración de otros ya conocidos, pero con mucho trasfondo hasta ahora ignorado.

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