Luego de un arranque sólido, lleno de ansiedad, que dejaba al espectador al borde del asiento en momentos casi cúlmines de los personajes, con escenas como la de Nate (Jacob Elordi) llevando a Cassie (Sydney Sweeney) a toda velocidad en el auto, Cassie escondiéndose de Maddy (Alexa Demie) en el baño, o Rue (Zendaya) casi teniendo un paro cardíaco, los últimos dos capítulos de Euphoria (2019-) impactaron en cuanto a lo visual, pero dejaron mucho que desear con respecto al guion y al desarrollo de personajes. La segunda temporada inició con lo que parecía que era el comiendo de una serie de episodios plurales, es decir, con capítulos donde las distintas historias se cruzarían. Pero finalmente obtuvimos episodios que se enfocaron muy poco en el desarrollo coherente de las historias. 

No se puede discutir que esta temporada está superando a la primera en cuanto a la cinematografía y la musicalización. El inicio del cuarto episodio, con Rue y Jules (Hunter Schafer) haciendo referencia a distintas obras de arte mundialmente conocidas, como El nacimiento de Venusde Botticelli, Los amantes’ de Magritte, o el ‘Autorretrato como tehuana de Frida Kahlo, o de distintos films como Titanic (1997) o Brokeback Mountain (2005), para describir el amor que siente Rue por Jules, es digno de destacar. Lo mismo sucede con la imagen final de Cassie, como una figura virginal en un mural mexicano lleno de rosas. Pero la dirección de fotografía de Marcell Rév no puede suplantar los baches en el guion y la desaparición de algunos personajes principales. 

El espectro de las historias que no fueron

A medida que nos adentramos en la nueva temporada, lo que vamos recibiendo son los fantasmas de los personajes que supimos adoptar en la primera entrega. Si bien Zendaya hace un trabajo increíble con Rue, y es merecedora de otra nominación al Emmy, su historia se lava entre los nuevos hilos argumentales que la serie quiere entretejer. En el capítulo 3,Ruminations: Big and Little Bullys, los primeros minutos fueron dedicados a la adolescencia de Cal (Eric Dane) y su ‘origin story’, como si fuera un villano en una película del MCU. Vemos cómo en su juventud y el descubrimiento de su sexualidad, Cal joven (Elias Kacavas) intenta salir de la represión violenta de su padre y de la presión social de sus pares al bailar libre con su primer amor Derek (Henry Eikenberry), pero esto se ve anulado por el embarazo inesperado de su novia Marsha (Rebecca Louise).

Lo que nos mostró esta escena no fue solamente cómo la violencia verbal se traduce de generación en generación, sino la esencia de lo que hizo de Euphoria un éxito: contar historias protagonizadas por adolescentes en poco tiempo, de una forma tan atrapante que querés ver una película de ese personaje y su desarrollo. Pero esto es lo que le está faltando a la segunda temporada, en la que ya no cuentan historias de personajes, sino pequeñas viñetas que se contradicen con la temporada anterior y sobre todo con los especiales transmitidos en 2020, los cuales habían sido una master class en cuanto a episodios basados en puros diálogos. 

En estos últimos episodios, el foco viró completamente a lo que narran visualmente y no a lo que dicen los personajes. El monólogo de Cal con su familia en el episodio 4, donde cuenta su verdad, fue totalmente anticlimático y fuera del timing de la serie. Los celos de Jules con Elliot (Dominic Fike) y Rue en el capítulo 2 se borran por completo en el 4, cuando Jules tiene relaciones con Elliot. Los errores del pasado vuelven a cometerse en esta temporada, pero ya no hay consecuencias, el espectador siente que en definitiva nada sucede: Rue se enoja con Jules y se droga para entumecer lo que siente, Jules prefiere estar con otra persona antes que hablar con Rue, Maddy va y viene con Nate, Fez sigue con el problema de Mouse, pero no se sabe bien cuál es el conflicto.

Mientras, otros argumentos de la trama iniciados en la temporada anterior, como conflictos cúlmines de la serie, se tiran por la borda por completo. Los nuevos conflictos presentados en esta temporada, como la relación entre Lexi (Maude Apatow) y Fez (Angus Cloud) o las dudas que tiene Kat (Barbie Ferreira) con su noviazgo, se diluyen ante tantas tramas abiertas sin resolución Y los fans, como los propios miembros del elenco, quedan insatisfechos. 

Los personajes se contradicen, pero no como parte de la idiosincrasia adolescente, sino por la falta de una consistencia en el guion y el drama entre los integrantes de la producción. Es triste ver que por una pelea entre el creador de la serie, Sam Levinson, y la actriz Barbie Ferreira, el personaje de Kat se haya desdibujado en esta temporada y sus escenas hayan sido cortadas casi por completo. Era muy interesante lo que se había planteado con Kat y el discurso de “Love yourself” de influencers en las redes sociales, donde un movimiento de apoyo emocional se había convertido en lo contrario, una exigencia de mostrarte bien y positiva todo el tiempo. Pero todo queda en una mini charla con Maddy en su cumpleaños.

En el episodio 2, “Out of touch”, la esencia de un drama adolescente estaba ahí. Los personajes fantaseaban con sus deseos, con su futuro, y finalmente lograban despegarse de su propia realidad: Nate se imaginaba una vida con Cassie, aunque los hechos de su padre no se lo permitieran, Cassie se imaginaba una familia con Nate, que no sería posible si su mejor amiga se enterara, Maddy se veía con una vida llena de lujos en una mansión donde trabaja como niñera, Kat se imagina una escena de Game of Thrones (2011-2019) para escapar de su relación amorosa poco excitante. 

Contradicciones adultas

Estos pequeños flashes que se mostraban en dos primeros episodios parecen haberse velado en dos siguientes, el film dejó de tener todo su color y se llenaron de manchones de luz, la mega producción audiovisual corrió de la narración el arco argumental. Un solo momento en el episodio 4 logra contar todo lo que le sucede al personaje de forma esencialmente visual y sin diálogos: la escena de Rue en ese filo entre la vida y la muerte con la aparición de Labrinth como el guía espiritual y del abrazo paterno.

La actuación de Zendaya aquí es sublime, nos muestra que Rue está muerta en vida, al entumecer sus sentimientos con la adicción a las drogas, a partir de la cual logra alcanzar ese contacto con su padre en ese vals cercano a la muerte, «I’m tired». Vemos su desesperación en su abrazo apretado con Labrinth/padre, y vemos el vacío total que atraviesa al mostrarnos la imagen de ella bailando sola, ida, en su habitación.

Lo que Sam Levinson puede retratar bien es el comportamiento de este personaje adicto, y las distintas adicciones que manejan los otros personajes, como puede ser el amor (Cassie y Jules), la atención (Maddy y Kat) o la adrenalina (Nate), pero poco se está mostrando de la angustia real adolescente. Los personajes toman decisiones equivocadas, como cualquier persona a los 17 años, pero no hay dudas, no hay reflexiones, solo contradicciones. Es allí cuando se nota mucho, más que nada en esta temporada, que los personajes están escritos desde la mirada de un adulto. 

En los últimos minutos del episodio 4, la narración ya no es de Rue, sino de Jules, con lo cual no sabemos hacia dónde va a ir la historia de Rue, su conflicto con las drogas y su incapacidad de expresar lo que siente, de dejarse sentir el duelo, no solo de su padre, sino el propio. Quedan solo cuatro capítulos para que termine esta temporada, y falta mucho por reconstruir, ya que los últimos dos episodios no fueron tan dinámicos como los primeros. Veremos qué depara para Rue con un avance del episodio 5 no muy esperanzador,

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