A principio de año, cuando los cines de Argentina todavía estaban cerrados por la pandemia, las plataformas de streaming batallaban por llevarse para su catálogo las mejores películas que se presentaron en el Festival de Cine de Sundance. Finalmente, Apple ganó la contienda ofreciendo una cifra que superó por varios millones la suma que el año pasado había pagado Hulu por Palm Springs.

La gran elegida por el jurado, el público y los empresarios del streaming fue CODA, titulada así por el acrónimo en inglés de Child Of Deaf Adults, o sea Hijo de Adultos Sordos. En este caso, hija. Ruby Rossi (Emilia Jones) es una adolescente que trabaja en el negocio de pesca de su familia, pero encuentra su verdadera pasión en el canto, algo muy difícil de comprender y aceptar para su entorno íntimo y una verdadera revolución en uno de los momentos más vulnerables en la vida de cualquier persona, la exploración de su propia identidad.

Remake de la película francesa de 2014 La Famille Bélier, CODA (2021) es mucho más que una versión hollywoodense de una película europea que nadie pidió. Es un verdadero desafío de su directora y guionista Sian Heder, quien no solo reescribió la historia original para adaptarla a su visión y a la idiosincrasia norteamericana, sino que decidió trabajar con actrices y actores sordos en la vida real para interpretar a los familiares de la protagonista y darle así un lugar central a la lengua de señas para transmitir la perspectiva de Ruby.

En esta búsqueda para concretar su visión, lla directora se puso en contacto con Marlee Matlin, la actriz ganadora del Oscar por su papel en el drama Te amaré en silencio (Children of a Lesser God, 1986) y juntas iniciaron la búsqueda para encontrar al resto del elenco entre la comunidad de actores de teatro sordos. Por su parte, la británica Emilia Jones fue elegida como la protagonista entre más de cien jóvenes actrices y entrenó durante nueve meses para aprender lengua de señas americana.

La historia del otro lado de la pantalla es doblemente fascinante. Durante toda su vida, Ruby fue el nexo entre su familia y el mundo de los oyentes, oficiando de intérprete para sus padres y hermano mayor, al ser la única de ellos con audición perfecta. Una problemática que en la vida real afecta al 90% de los hijos de personas sordas. Pero al llegar a la adolescencia y enfrentarse con la disyuntiva de seguir su propio camino en la adultez o quedarse ayudando a su familia, la protagonista debe tomar una decisión que no será nada fácil.

Gracias a su profesor de música, un exigente pero amoroso mentor interpretado por el mexicano Eugenio Derbez, Ruby tiene la oportunidad de explorar sus propios intereses y perseguir una carrera que nunca creyó posible por sus especiales circunstancias. Mientras tanto, en su casa, los problemas económicos también pondrán a su familia en una delicada posición. Sin embargo, la película evita muy conscientemente caer en golpes bajos y aprovecha todos los lugares comunes de este tipo de historia para darles una vueltita llena de humor.

El efecto y resultado de todas estas decisiones es una película realista y agridulce, con una visión clara detrás que se hace presente en momentos como la primera vez que los padres de Ruby descubren el talento de su hija, o en subtramas como la de su hermano, frustrado por la dependencia de sus padres hacia su hermana menor, o la visibilidad que le da la trama a la precarización en el rubro de trabajo de esta familia. Todo con una sensibilidad reservada a las producciones independientes, de la que la mayoría de los acaramelados dramas hollywoodenses no son capaces.

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