Bella y hueca

Citadel: Una serie de espías con todo el presupuesto y las convenciones del género

Una aventura visualmente espectacular y tan vacía como para perder identidad a fuerza de explosiones y conflictos a la sombra que nunca se revelan.

por | Abr 29, 2023

Citadel: Una serie de espías con todo el presupuesto y las convenciones del género

Una vez más, Prime Video apuesta a la super producción en lugar de la complejidad en su obra. Con el dudoso honor de ser la segunda serie más cara de la historia, la espectacular secuencia inicial de Citadel (2023-) la acerca a las franquicias de acción cinematográfica más importantes de los últimos tiempos.

La cámara se desliza a través de un tren en marcha, mientras sus protagonistas analizan un plan complejo que el guion de Bryan Oh, Josh Appelbaum, Sarah Bradshaw, André Nemec, Jeff Pinkner y Scott Rosenberg no explica demasiado. Solo aclara lo imprescindible para avanzar. Lo que se deduce son tres puntos concretos.

Por un lado, que Mason (Richard Madden) y Nadia (Priyanka Chopra) son sofisticados agentes secretos de la organización con aires altruistas que da título a la serie. Por otro, que luchan contra una organización misteriosa llamada Manticore, decidida a tomar el control mundial. Y por último, que ambos están a punto de ser atacados den una trampa de factura internacional con una sola intención: acabar con todos los hombres y mujeres de Citadel. 

Estilo sobre sustancia

En menos de veinte minutos, la serie desarrolla su premisa. Pero lo hace con tanta torpeza como para que al pasar al segundo tramo — que incluye explicar quien sobrevivió o no al ataque de Manticore — el argumento opte por construir una idea vaga sobre el peligro. 

Ahora, Mason debe afrontar que hay un pasado que no recuerda y que Nadia — con la que comparte una relación de amor y lealtad — es parte de ese gran territorio borroso. No obstante, cuando la producción intenta combinar ambas versiones acerca de una amenaza mundial y personal, Citadel decae hasta llegar a sus puntos más bajos. 

Si algo distingue a Citadel es, paradójicamente, su carácter genérico. La serie tiene mucho de la ambición de una película de suspense con toques políticos, pero está tan interesada en demostrar sus alcances, que termina por desvirtuar cualquier sentido de la identidad. 

Lejos de sus antecesoras

Appelbaum, conocido por producir Mission: Impossible — Ghost Protocol (2011), trae a la serie su experiencia para la narración frenética. Mason, en especial, tiene un sospechoso parecido con el Ethan Hunt de Tom Cruise. Ambos son hombres rudos, bien entrenados, pero con una sensibilidad que les hará tomar decisiones a riesgo de su vida. 

Sin embargo, la serie se encuentra lejos de la franquicia de la que toma varias de sus principales ideas. Su mayor problema radica en su incapacidad de narrar un conflicto cada vez más enrevesado, sin recurrir a los lugares comunes de otros argumentos, mucho mayores y mejor relatados.

Hacia ninguna parte

Poco a poco, Mason -que sobrevivió al fatídico primer golpe de Manticore, pero perdió la memoria- debe intentar reconstruir su vida. Ahora es un hombre sin pasado que trata de descubrir su presente.

El guion recurre entonces a citas de psicólogos, conversaciones interminables y previsibles flashbacks, para profundizar en el hallazgo de la identidad, o intentar hacerlo. Lo hace, además, sin prestar atención al desarrollo del enigma que planteó una y otra vez durante sus primeras secuencias. ¿Quién los traicionó? ¿Hasta dónde llega su alcance?

Al menos, en la medida en que sus protagonistas deben desentrañar dos misterios a la vez. Por un lado, quienes son y de dónde provienen sus recuerdos, pero en específico, cuál es su propósito. La serie divaga entre la ultratecnología y un escenario artificial, creado a la medida de Mason y todos los que lograron evitar ser asesinados por Manticore

Sin la capacidad de construir un enigma que no dependa de explicaciones inmediatas o de un apartado visual producido para deslumbrar, la serie se queda a medias en su necesidad de profundizar en sus propios misterios. Su mayor problema y lo que convierte a su prometedor inicio en, quizás, una de las grandes decepciones del año.

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