Acoso sexual

Bebé Reno: Un fenómeno para Netflix entre el dolor, la angustia y la redención 

Richard Gadd tomó las peores experiencias de su vida y las convirtió en un documento de dolorosa y cruda belleza, que explora las formas del trauma.

por | Abr 25, 2024

El dolor — y las formas de expresarlo — son procesos misteriosos y personalísimos que, rara vez, pueden ser categorizados bajo algún elemento concreto, ya sea artístico, intelectual o emocional. Hay la posibilidad (no muy clara y sin duda, poco concreta) que pueda comprenderse como una serie de fragmentos de información emocional que poco a poco se ordenan, como síntesis de algo mayor.

Pero incluso, esa perspectiva resulta incómoda cuando pensamos en el hecho de que el sufrimiento emocional, es, sin duda, un lenguaje sin nombre y mutable, que procede de nuestra capacidad para sostener algo más elaborado. ¿De qué podría tratarse? Todavía no es muy claro, ni tampoco evidente. Lo que sí es bastante notorio es que el arte es el vehículo por excelencia para ese lenguaje. O al menos, podría serlo.

En la serie Baby Reindeer (2024) de Netflix, protagonizada y escrita por Richard Gadd, el dolor lo es todo. Es una implosión de consecuencias incalculables, pero invisibles, a la vez que una herida que no cura en la vida cotidiana, emocional y espiritual del personaje central. Donny (el personaje y alter ego de Gadd en la ficción), sufre un ataque sexual que no admite, pero a pesar de eso, el miedo y el trauma están allí, en la superficie y tan cercanos a la realidad de lo que vive día a día, que termina por sacudir los cimientos de su vida. 

Donny, que es escritor y comediante, intenta poner en orden lo que está ocurriendo a cierto nivel inconsciente. ¿Lo logra? En realidad, la dolorosísima y violenta experiencia es solo un conjunto de sensaciones e impresiones físicas que se hacen vergonzosas a medida que el personaje comprende sus implicaciones. De modo que necesita comprender la experiencia en todo su destructor alcance, el poder de lo que construye — la experiencia de la supervivencia y cómo la vive — y al final, la concepción de lo temible como una obra que pondera algo más misterioso que un mero proceso de curación.

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Al otro extremo, Martha Scott (Jessica Gunning), comienza una pertinaz persecución y acoso contra Donny. Lo que convierte a la serie — y la manera en que Gadd cuenta su visión de las cosas — en capas superpuestas de conocimiento. A la vez, en una mirada angustiosa acerca de los puntos oscuros de los traumas y las heridas no resueltas. Donny está en la búsqueda de redención, de paz e incluso, de esperanza. Pero para llegar a eso, debe atravesar la necesidad de ser reivindicado y comprendido. Lo que convierte a Baby Reindeer en más un testimonio sobre el dolor emocional, que un argumento ficcional propiamente dicho. 

El dolor en todas sus formas

La serie de Gadd ha sido criticada y alabada en partes iguales por su manera cruda de tocar el tema del abuso sexual y la violencia del acoso. Pero también, porque en realidad, hay una línea muy final que separa la vida de lo que ocurre con el escritor, de lo que pasa en pantalla. El comediante escocés también es sobreviviente a una agresión sexual y, de la misma manera que su personaje, enfrentó el hecho de la violación como una experiencia que debió expresar en un código íntimo, brutal y al final, conmovedor. 

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Es evidente que Baby Reinder es parte del proceso de curación y de hecho, la historia en la pantalla chica es un tránsito de peculiar potencia, sobre la forma en que una víctima puede procesar lo temible de un acto de brutalidad incalculable. Donny fue violado y acosado y esa conexión entre la violencia física y sus secuelas psicológicas se sostienen como un diálogo no solo con el espectador. A la vez, con quienes asimilan la concepción de algo más profundo en la necesidad de sanar.

Por supuesto, el testimonio de Gadd— entre líneas y confundido en medio del contexto de lo ficticio — llega en el momento adecuado. La interpretación sobre el consentimiento, el sexo y la noción de la agresión sexual cambiaron para siempre luego de la repercusión cultural del movimiento #MeToo y quizás, lo que hace que la serie — y el guion del escritor— sea el reflejo más claro de esa definitiva transformación.

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Al otro extremo, la reflexión acerca de la intimidad y cómo la violencia del acoso puede afectar es parte de una discusión actual acerca del uso de recursos online y de otra índole. Con su mirada compasiva acerca de la víctima y el contexto que le rodea, la nueva producción de Netflix parece dispuesta a convertirse en un símbolo de la nueva sensibilidad contemporánea sobre la agresión sexual. Particularmente, en lo respectivo a los hombres que la sufren. 

El miedo, el sufrimiento, la búsqueda de redención 

Pero más allá de eso, es la visión de Gadd sobre la violencia sexual. Y eso queda en claro desde las primeras escenas de la serie, en la que la identificación del personaje y el autor es total. Baby Reindeer deja claro que Donny es tan semejante a Richard Gadd, como para ser una versión suya, masificada y construida a través de la percepción de la escritura como una vertiente creativa. El guion de la serie, escrito por Gadd, está muy interesado en dejar claro que su personaje se encuentra en la dolorosa posición de cuestionar no solo las decisiones que toma sobre su cuerpo.

Sino también, la manera en que una tragedia invisible puede devastar lugares de su mente, que hasta ahora, le habían resultado desconocidas. Una ruptura inevitable, angustiosa y definitiva que lo arrojará a las sombras de lo que hasta entonces fue su modo de comprender su historia. Sobrepasado por la violencia que dejó cicatrices indelebles en su vida, Donny deberá comenzar a recorrer un durísimo trayecto hacia posibilidad de curar una profunda herida, que amenaza con destruir todos los elementos que sostienen su vida y esperanzas.

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La violación y el consentimiento son temas frecuentes en la televisión actual y de hecho, la propuesta de Gadd no intenta agregar nada novedoso a la idea sobre un tipo de violencia difícil de explicar y mucho menos, de mostrar. No obstante, el guionista toma la acertada decisión de construir un recorrido incómodo por la pérdida del control y los dolores inclasificables que las víctimas deben afrontar, en medio de una percepción sobre la violencia sexual que aún está sujeta al cuestionamiento inevitable sobre la conducta y la moral.

Los delicados matices sobre el miedo que Gadd incorpora a la narración, sostienen un diálogo fluido y audaz sobre la cuestión del consentimiento. Además, ponen en tela de juicio la forma en que la víctima puede comprender o juzgar la agresión que sufrió. El punto más duro de esta serie de Netflix.

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