El acuerdo entre Netflix y Warner Bros. avanza a paso firme pese a las objeciones y alertas que despertó en la industria. Incluso se supo recientemente que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había adquirido acciones del gigante del streaming apenas después de que se hiciera el anuncio de la compra del histórico estudio de Hollywood.
A eso se suma que, de concretarse la adquisición como está previsto, Netflix garantizaría para las producciones de Warner una ventana en salas de apenas 45 días antes de que vayan a parar al streaming. Lo que inevitablemente va a cambiar la forma de ver películas. Así empieza 2026 para la industria del cine.
DonalD Trump lo hizo
El medio especializado Variety reveló que, apenas dos semanas después de que se conociera el acuerdo entre Netflix y Warner, Trump compró al menos 500.000 dólares en bonos de ambas compañías, según fuentes de la propia Casa Blanca.

Según los números públicos de la administración republicana, el presidente adquirió entre 250.000 y 500.000 dólares en títulos de deuda de Netflix en la primera quincena de diciembre, la misma cantidad de títulos que compró de Discovery Communications, de Warner.
Los movimientos financieros de Trump -que según la Casa Blanca son llevados por instituciones tercerizadas, sin influencia del presidente ni de su familia- abarcaron transacciones entre mediados de noviembre y fines de diciembre. Justo en las fechas en que se conoció el acuerdo, que al propio Trump le había parecido incluso que generaría un “problema” en términos de concentración de mercado.
La ventana indiscreta

Mientras tanto, y para calmar las aguas, el co-CEO de Netflix Ted Sarandos aclaró que el objetivo de hacerse con Warner es usufructuar sus producciones y no absorberlas para el streaming. Por eso se mantendría un período obligatorio de exhibición en cine de 45 días para las películas del estudio.
“Si vamos a estar en el negocio cinematográfico, y lo estamos, somos competitivos; queremos ganar. Quiero triunfar en el fin de semana de estreno. Quiero triunfar en taquilla”
Sarandos hizo esta aclaración en una entrevista con The New York Times, ya que previamente se hablaba de una ventana de exhibición de apenas dos semanas. Dijo además que el negocio de Warner sigue siendo “próspero” y “rentable”, con lo que buscó calmar las aguas sobre el riesgo que correrían las películas en las salas del mundo.

Paramount quiere ir a la guerra
Mientras tanto, Paramount SkyDance sigue batallando para ser el estudio que adquiera el paquete de Warner, HBO y HBO Max en lugar de Netflix. A principios de enero este histórico estudio hizo su ¡octava! oferta a Warner, en este caso por 30 dólares por acción, para hacerse con el control de todo el contenido. La propuesta volvió a ser rechazada en favor del acuerdo con el gigante del streaming y Warner declaró:
“No es más favorable para los accionistas de Warner que la fusión con Netflix y sigue siendo inadecuada, incluso por su valor insuficiente, teniendo en cuenta el precio y numerosos riesgos, costos e incertidumbres”
¿Cuáles serían esos riesgos para el estudio? ¿Mantener todas las películas en salas de cine y que el público no vaya a verlas? Simplificando: para Warner no hay suficientes Tom Cruises en avionetas que salven a las proyecciones en las salas.

El acuerdo actual de compra de Warner por parte de Netflix es de 83.000 millones de dólares y establece un promedio de 27,75 dólares por acción. Se pagará en efectivo y, de concretarse, se anunciará en abril.
Impacto profundo
Si todo marcha como parece, Warner Bros, una compañía nacida en 1923 que fue hogar de películas como Citizen Kane (1941) y Casablanca (1942); conocida desde siempre como “el estudio de los directores” y la que le daba carta blanca a Stanley Kubrick para que hiciera lo que quisiera, terminará cediendo todo su catálogo a la propiedad intelectual de Netflix.
La historia de uno de los estudios fundadores del Hollywood clásico será absorbida como en el final de Babylon (2022). Ni siquiera hay garantías de que se respete la ventana de 45 días para las salas de cine, que podría reducirse o incluso variar dependiendo del lugar del mundo. Así que ya saben: si se concreta la compra, habrá que correr al cine para ver nuestros estrenos preferidos en pantalla grande.








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