Durante una conferencia científica en Seúl, el equipo de seguridad recibe una llamada que los alerta de un futuro ataque terrorista. Seo Young-chul (Koo Hyo-hwan) enfrenta a su ex jefe, (Kom Jeong-tae), el CEO de la empresa de biotecnología para el cual antes trabajaba. Tras inyectarlo con una sustancia misteriosa, se retuerce, vomita y al poco tiempo empieza a atacar salvajemente a todo quien se cruce en su camino, contagiando a sus víctimas con el virus. Pero Young-chul no teme. Su sangre es inmune. Para los supervivientes de la masacre, en él está la única esperanza de una vacuna.

Un enfoque renovador
Mientras que Danny Boyle revivió a la saga Exterminio, dando junto a Nia DaCosta dos magníficas secuelas, algunas de la mejores o más originales películas de zombies de los últimos años nacieron en el ámbito internacional. Desde Francia, Mads (2024) retrató en una toma secuencia el inicio de la epidemia. De Noruega, Handling de Undead (2024) se enfocaba ante todo en el proceso de transitar un atípico duelo que carcomía por segunda vez, mientras que la australiana We Bury The Dead (2024) nos llevaba a acompañar a una mujer en la búsqueda de sea lo que fuere que quedara de su marido.
Pero ninguno de estos últimos títulos tuvo el impacto a nivel mundial que consiguió Yeon Sang-ho hace diez años atrás cuando dirigió Train to Busan (2016). Estación Zombie, como la conocimos en Latinoamérica, plasmaba una epidemia zombie dentro de los confines de los vagones de un tren. Un escenario claustrofóbico como nunca antes habíamos visto que encontraba el balance perfecto entre brutalidad y drama.

Pero el director no se limitó a eso. Ese mismo año, estrenó Seoul Station (2016), un spin-off animado que retrataba una calma noche en Seúl, la misma en donde se inició la propagación del virus. Con animación digital que parece emular la naturalidad del rotoscope, el tono resultó más cruento que la película original pero no solamente por la violencia de sus imágenes. Este crudo retrato social nos mostró una Seúl en donde las adolescentes son prostituidas y las primeras víctimas de los infectados fueron las personas en situación de calle.
Cuatro años más tarde llegó Península (2020), una secuela que demostraba cómo había cambiado Corea desde que fue aislada del mundo. Mucho más enfocada en construir este nuevo mundo y a sus supervivientes, lo que empieza como una heist movie da mucha más peso a la acción

En Zona cero (2026), Yeon Sang-ho hace algo que rara vez otros directores demostraron. Porque a pesar de sus varias incursiones en el cine zombie, estos cuatro largometrajes apelaron a ángulos muy distintos. La primera brillaba por su originalidad, la segunda fue animación, la tercera una distopía de acción. Con esta nueva película, el director opta por explorar al “zombie inteligente”. Una criatura capaz de adaptarse y evolucionar.
Es cuestión de adaptarse
Colony, como es su título original, usa justamente el concepto de la colonia como un eje. Lo que aprenden, estos zombies lo comunican entre ellos de una forma no verbal. Así como la conexión de estos monstruos en The Last of Us (2023-) estaba basada en las redes creadas por los hongos, en este caso es por feromonas que transmiten información a través de secreciones, como lo hacen las hormigas. Estos infectados aprenden de lo que tienen alrededor y los transmiten, abriendo sus bocas y gritando, rígidos, en lo que parece ser un guiño a Invasion of the Body Snatchers (1972).

Para la suerte de los supervivientes, la doctora Kwon Se-jeong (Jun Ji-hyun) está entre ellos. Bastante huraña, había asistido a la conferencia porque su ex marido Han Gyu-seong (Go Soo) la convenció. Es claro que hay conversaciones que quedaron pendientes entre ambos, y esta reconexión se corta de cuajo cuando el caos se desata.
Tomando refugio dentro del shopping del edificio, es Se-jeong quien empieza a notar los patrones que se dan entre los infectados, comenzando así un entretenido y bastante original ir y venir. Mientras los zombies se adaptan y se vuelven más peligrosos, los supervivientes deberán ir escapando y encontrando nuevas maneras de engañar y eludir a las criaturas. Incluso resolver nuevas formas de comunicarse, cuando lo verbal pasa a convertirse en una trampa. Porque, por supuesto, siempre el peligro mayor se encuentra entre los vivos.

Se entendió la idea
El problema con Zona cero radica en que por más que esa dinámica es fascinante en un comienzo, con el tiempo cae en dos trampas. Por un lado, la sobreexposición. Constantemente deben sernos explicadas las nuevas reglas del juego, no sea cosa de que olvidemos cómo funciona el virus. Flashbacks nos recuerdan las escenas que vimos en la primera hora. Ahí está el segundo tropiezo. Caer en la redundancia.
Pero el amor de Yeon Sang-ho por sus zombies es palpable, ya que ciertamente siempre se las rebusca para encontrar dentro de sus películas una cierta novedad. En este caso, sus criaturas son se mueven como una mezcla entre animales y contorsionistas. Hay un gran trabajo coreográfico que, en las pequeñas o en grandes proporciones, impresiona. Si bien el gore no destaca especialmente, las babas y secreciones le suman un grado de asquerosidad notable.

La idea de la mente de enjambre, esa pérdida del individualismo como estrategia frente a la soledad, tambien marca algo distinto. Así como también hay un discurso que, aunque básico, funciona al señalar que el monstruo encontró una forma de comunicación eficaz mientras el humano constantemente cae en la desconexión.
Al final del día, Yeon vuelve a la crítica social, mostrando cómo el ego de las grandes empresas o los altos cargos del gobierno, la milicia, lleva a que no hagan caso a los verdaderos especialistas. A quienes desinteresadamente buscan una solución. Por más que no haya nada nuevo bajo el sol bajo este señalamiento, da una cierta satisfacción que sean dos mujeres, Kwon Se-jeong y la actual mujer de Han, Gong Seol-hee (Shin Hyun-bin), las voces de la razón en un país tan machista como lo es Corea. Se-jeong, con nada que perder en una sociedad que no la toma en serio, habla de otro tipo de individualismo, uno que aspira al bien mayor de su propia colonia.

Entretenimiento puro
Unas vez que nos levantamos de la butaca podemos estar de acuerdo en una cosa. Zona cero es lo que se llama una película de terror cumplidora. Tiene esos personajes sobre los cuales ya podemos anticipar su destino, así como la suficiente sangre, tensión y uno que otro momento que son un espectáculo.
Yeon Sang-ho todavía no consigue recapturar el encanto y la frescura de Train to Busan, pero es llamativo como parece enamorado con este particular subgénero. ¿Sera esta su última incursión en el cine de los no muertos? De lo que no cabe duda es que, así como las criaturas de su última película, el director se continúa adaptando al desafío de contar nuevas aunque diferentes historias de zombies, evolucionando con cada nuevo largometraje.
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