El universo poético de Park Chan-wook y el de Costa Gavras tienen algo en común: la novela The Axe, de Donald E. Westlake. El realizador franco-griego la adaptó en Le Couperet (2005); el surcoreano hace lo propio con No Other Choice (2025), que cierra con dedicatoria a Gavras.
The Axe tiene una cualidad tan valiosa como inusual: su temática se presta a la actualización permanente. La crueldad del mercado laboral, al fuego de un capitalismo que convierte a los seres humanos en activos intercambiables, parece no tener límites. En el 506, y en el 2000 también. Hoy, en tiempos de inteligencias artificiales -y contrariamente a los beneficios que esta tecnología podría traer- la valoración del ser humano como ente creativo e intelectual parece en franco declive, y el miedo a nuestro eventual descarte aumenta. El hombre es más lobo del hombre que nunca, inmerso en luchas fratricidas por una porción cada vez más pequeña de bienestar.

No había un contexto más apropiado para que Park Chan-wook ubique a Yoo Man-su (Lee Byung-hun), un dedicado marido y padre de familia que es despedido de la fábrica de papel donde trabaja desde hace años. El papel, un elemento que parece tan obsoleto como el protagonista, tiene su origen en la destrucción: en máquinas que talan, despedazan y trituran los árboles; así nos lo recuerda el realizador en una secuencia de montaje particularmente significativa.
Árboles o humanos, todo es la misma cosa cuando el engranaje productivo se decide a sacar provecho. En este escenario, la única opción (pun intended) parece ser combatir fuego con fuego. Y eso mismo decide Yoo Man-su, cuando su dificultad para conseguir un trabajo nuevo lo induce a tomar una decisión drástica: asesinar a los empleados que podrían ocupar el puesto que siente suyo por derecho.

Así, el protagonista desata una cacería (más escasa, menos desaforada y menos sangrienta de lo que este humilde redactor estaba esperando) en la que pasará de lamentable víctima a manipulador y perverso victimario. Fingiendo solidaridad, derrama la sangre de sus semejantes. La familia -al principio desconociendo sus crímenes, luego aceptándolos- lo acompaña hasta la implosión. Una suerte de reverso cómico de A History of Violence (2005), en la cual el crimen permitía develar la verdadera faz de un presunto inocente, el hombre que siempre estuvo allí, a costa del derrumbe simbólico del núcleo familiar.
Durante el extenso transcurso de la película, Park Chan-wook demuestra que está en un punto muy alto de su carrera como narrador. Nada tiene que envidiar esta película a su anterior Decision to Leave (2022), que encadenaba sus ya legendarias transiciones con angulaciones insólitas y movimientos de cámara milimétricos. No parece haber lugar donde el realizador no pueda poner la cámara, ni género que deje sin explorar, ni anécdota que su puesta en escena no eleve.

Esta vez, sin embargo, la excusa es bastante menos satisfactoria que otras veces. Si Decision to Leave se intrincaba y retorcía en un laberinto hitchcockiano, aquí Park Chan-wook apuesta por un cuento al hueso que bien podría formar parte del compendio de Relatos salvajes (2014), pero no cuenta con el beneficio de la breve extensión. En manos del realizador coreano, The Axe deviene una fábula esquemática sobre entregar el alma. A cambio nos deja muy poco, apenas algunas muertes creativamente filmadas y un compendio de personajes caricaturescos que nos arrancan alguna risa entre tanta crispación.
«No hay otra opción”, repiten una y otra vez los personajes de la película, un mantra al cual recurren a medida que sus acciones se vuelven más graves y más desesperadas. Por supuesto, en la afirmación hay también autoengaño. Un poco como esos ejercicios de tapping en los que los desempleados manifiestan, con los ojos cerrados, la certeza de que volverán a conseguir trabajo. Todos reconocemos estos gestos, en los que la espiritualidad new age parece fundirse con la frialdad de los procesos de selección. Y reímos, claro. Para no llorar.

En una escena que espeja llamativamente el destino patético del Coronel Lockjaw en la reciente One Battle After Another (2025), Yoo Man-su descubre que su objetivo (por el cual ha dejado alma y vida), era ínfimo. Dos maestros (Paul Thomas Anderson y Park Chan-wook) miran a la lucha despiadada por pertenecer de la misma manera: como una piedra de Sísifo que cambia la forma, pero usa los mismos trucos.
Mientras que Anderson postula alternativas; Park Chan-wook no. No hay recompensa, ni posibilidad de salir indemne de un engranaje que siempre está un paso adelante. A título personal, me pregunto si en los tiempos que corren la enunciación cínica de las mezquindades del capitalismo resulta más parte del problema que la solución. Park Chan-wook no nos ofrece otra opción. En su defensa, nos avisó desde el título.
💡 PopCon Tip:
A partir del 13 de marzo, ya podés ver La única opción en streaming a través de la plataforma MUBI.



0 comentarios