Arte que transforma

Pintó la Isla: los vecinos que vieron a su barrio convertirse en un museo

Hablamos con Gonzalo Sierra sobre cómo fue filmar el documental en dónde un proyecto artístico cambió la autopercepción de una comunidad.

por | Dic 14, 2025

Para los vecinos de la isla Maciel, el  21 de septiembre de 2025 no fue un jueves cualquiera. Sin dejar una butaca vacía, el cine Gaumont estrenaba a sala llena algo más que un documental. En la pantalla, no solo se reconocían a sí mismos. Como una máquina del tiempo, viajaron en los años para volver a experimentar un recorrido de una década que no solo cambió la estética del barrio, sino que también a sus mismos habitantes.

Pinto la Isla (2025), es una película documental que tomó el mismo nombre de aquel proyecto artístico autogestivo nacido en una escuela secundaria barrial en 2014. En ese entonces, el maestro de plástica, Gerardo Montes de Oca, propuso a la dirección del colegio el acompañar a los chicos de 5to año a ir por el barrio, planteando a los vecinos la idea de pintar murales en los frentes de sus casas.

Aquello que nació con curiosidad y hasta con un grado de inocencia, encendió una chispa de creatividad en los alumnos mientras brindaba color al barrio. Diez años más tarde, la transformación llegó a lugares insospechados, convirtiendo a la isla Maciel en un museo al aire abierto que promovió el turismo y la participación de artistas reconocidos tanto locales como internacionales. Lo que comenzó como una intervención decorativa derivó hacia un movimiento de gran impacto social, cambiando la relación de los vecinos tanto con el afuera como la visión que tienen de ellos mismos.

Gerardo de la Oca, docente de una escuela secundaria, propuso esta iniciativa autogestiva en dónde alumnos salían a las calles, ofreciendo pintar murales en las casas de los vecinos.

Una bola de nieve

El documental, dirigido por Gonzalo Sierra, se dio de manera casi circunstancial hace ocho años atrás. Tras conocer a Montes de Oca en la inauguración de una de sus muestras, escuchó por primera vez sobre esta nueva aventura que el artista iniciaba con sus alumnos. Rápidamente, Sierra fue invitado a presenciar una de las pintadas.

Sin siquiera dimensionar que aquella primera visita a la isla se convertiría eventualmente en un largometraje, el futuro director comenzó a filmar el trabajo de los chicos en 360°, un formato de realidad virtual. Eventualmente, la cámara se convirtió en una más tradicional a medida que, cautivado, Sierra regresaba una y otra vez a la isla.

Gonzalo Sierra: “A partir de ahí empecé a ir siempre que pude, siempre que me invitaron, siempre que sabía que había una pintada. En ese momento hacían pintadas masivas. Por ahí convocaban a 30, 40 artistas y pintaban todos juntos en el mismo día. Cruzaban desde la Boca a la isla y ahí agarraban una calle, se iban distribuyendo los muros e iban pintando.

No fui con la idea de hacer un documental, pero después de un tiempo era como una especie de movimiento natural. Como decir «Bueno, che, ¿hacemos un documental?» También se venían los diez años del proyecto, de Pintando la Isla. Fue el año pasado. Ahí fue que empezamos a pensarlo como un proyecto documental. “

Para Gonzalo Sierra, el documental surgió de forma inesperada, convirtiéndose en su primer trabajo como director a la vez que se ganaba el cariño de los vecinos de la Isla Maciel.

Durante nuestra charla, Sierra hizo énfasis sobre un fragmento en particular, uno en dónde vecinos y miembros del proyecto debatían cual será el diseño a pintar sobre una fachada tan grande que haría que el mural fuera visible desde la otra orilla del Riachuelo. Consciente de las enormes dimensiones del diseño, los vecinos comprendieron que este mural funcionaría casi como una carta de presentación. La representación de cómo los isleños mismos quieren ser vistos por aquellos al otro lado del río.

Las diferencias generacionales quedan muy marcadas en este segmento. A diferencia de las nuevas generaciones, los isleños mayores pensaban en el pasado, sugiriendo hacer un mural del frigorífico que alguna vez fue una parte emblemática para definir a la isla como un barrio obrero. Durante ese debate, somos testigos así de un proceso que no solo es creativo, sino que ilustra el peso que puede acarrear una imagen. Ninguna decisión es casual. A pesar de las diferencias etarias, cada participante era muy consciente de la importancia de esa búsqueda.

Después de diez años, el proyecto da lugar tanto a estudiantes, vecinos y artistas emergentes como a destacados muralistas de todo el mundo.

G.S.: “Antes que nada es una decisión de la gente del lugar, de querer dar vuelta ese estigma. Que en gran parte es externo porque claramente que es un lugar que en un momento fue muy peligroso y donde se generó un espacio marginal. Pero tambien es mucho del mismo barrio, internamente donde ellos creen que no tienen más posibilidades que lo que hay. Eso es lo que me parece más maravilloso. Decidieron cruzar esa frontera o ese límite e ir por más, por otra cosa. Hoy la Isla Maciel es un lugar que aparece mucho en las noticias por un proyecto cultural, por los murales. Y antes aparecía por otro tipo de noticias que eran más negativas.

Eso la verdad es producto de un trabajo muy comunitario, muy hablado, muy conversado. Esta decisión de querer transformarse y dejarle a las otras generaciones otro lugar muy distinto. Es como cortar con una herencia de estigmas que se iba pasando de generación en generación. “

¿Considerás que el proyecto cambio la relación de estos chicos con el arte?

G.S.: “Si, totalmente. El proyecto generó un acceso a la cultura y eso abrió los horizontes de lo que las personas piensan en cómo es ganarse la vida (dedicándose al arte) y a que están ‘destinados’.  Me parece que parte del mensaje de la película es: «Solamente somos pobres, no somos boludos. Podemos hacer arte, puede venir el muralista más groso del mundo, pero si a la vecina no le gustó el mural no lo vas a pintar.» Primero es un proyecto social y después es un proyecto cultural. Al ser todo el tiempo en la calle, hace que ese acceso sea directo a los chicos y a toda la gente.

En el documental está Braian, que es el más representativo (de los chicos) porque él lo cuenta desde su perspectiva. Para él era «soy de la Isla Maciel, mi único destino es trabajar en una pizzería, ser repartidor o tener un trabajo que no me gusta». Este proyecto le abrió la perspectiva. Le dio el acceso a aprender de primera mano de artistas muy grandes. A ver los procesos que siempre es lo más interesante porque en definitiva es un oficio. De tanto verlo y hacerlo se aprende. Y después de convivir en un barrio donde está lleno de obras de artistas. “

Gonzalo Sierra observa que Pintó la Isla comenzó como un proyecto artístico, para convertirse principalmente en uno social.

La metamorfosis

Durante sus primeros minutos el documental puede que dé la impresión de que esta es otra historia enfocada puramente en una experiencia artística. Sin embargo, con el correr del tiempo, Sierra va demostrando como su lente capturó aspectos mucho más íntimos de los que intuíamos podríamos ver. Esos ocho años de acompañamiento retratan un cambio lento y seguro, uno en donde los vecinos confiaron mucho más que la fachada de sus casas. Un gesto que de por sí es de suma confianza entre extraños. Poco a poco, la calle volvió a ser habitada, dejando atrás el mote de barrio peligroso con el que alguna vez cargó.

G.S.: “Hace poco fui a la isla, hace dos semanas. En la calle principal, las fachadas están recién pintadas de colores. Cambió el ánimo y aura del barrio. El barrio se siente más lindo, se va embelleciendo, esta como acostumbrado a recibir turismo de otros lugares, a escuchar gente hablando en otros idiomas. Cosas que nunca en la vida pensaron que podía pasar.

La isla hoy es un semillero de artistas. Porque es el lugar del país con más murales concentrados por metro cuadrado. Hay un montón de artistas que van a pintar a la isla o que empiezan pintando en la isla y después terminan proyectando a otros lugares. Es un semillero de artistas y un lugar en donde hoy está pasando la movida del arte urbano. No es lo que pasa en Palermo o lo que pasa en otros lugares que también tienen un lindo nivel de arte. Está buenísimo, pero finalmente son obras más decorativas. Acá tiene otro sentido y otro fin.”

El proyecto Pintó la Isla cambió mucho más que las fachadas de las casas en la Isla Maciel.

¿Sentís que hacer el documental también te transformó a vos de alguna manera?

G.S.: “Si, la verdad fue un proceso súper largo. La isla me queda súper lejos, no es un lugar que me quede para nada cómodo, por eso fue no solo mucho tiempo sino mucha distancia recorrida. Obvio que me transformó. Primero en este accidente me convirtió en director de una película, cosa que siempre hubiese querido ser y nunca pensé que podía. Lo cual es el primer acto transformador en mi vida. Es mi primera película, mi primer largo documental. Si bien trabajo hace un montón en televisión y en otras cosas, es la primera vez que estoy en un cine. Lo cual es una transformación increíble.

Y después me transformo en la manera de vincularme, en pensar cómo encarar los proyectos. Como pensarlos. Me transformo en el sentido de tener como un segundo lugar, un segundo lugar en el mundo que para mí es la isla. Es Carla, Romi, Gerardo. (Sierra hace honor además de a Montes de Oca, a Carla Fodor y Romina Cabañas, la primera gestora y ambas integrantes del Museo Comunitario y la iniciativa Turismo Comunitario en la isla.) Todo ese lugar que ya es un lugar que entró y me es muy familiar. Creo que es el lugar al que más fui después de mi casa. Entonces sí, me generó una transformación fuerte.”

Si bien Gonzalo Sierra ya había tenido experiencia en el terreno audiovisual, el documental Pintó la Isla es su primera película largometraje.

¿Cómo crees que fue para los vecinos de la Isla Maciel la experiencia de estar en le Gaumont  el día del estreno del documental?

G. S.: Fue increíble. El año pasado tuvimos una proyección ahí dentro del Museo Comunitario para los vecinos y bueno, toda la gente que se vio por primera vez en la película en el marco del festejo de los diez años en diciembre. Pero después en este año trabajamos con las inscripciones del INCAA, con las habilitaciones. Cuando nos dieron el Gaumont fue finalmente como expresión de deseo.

Esa idea de vamos a saludar al otro lado de la orilla, que es capital desde provincia, como a veces como dicen ahí ‘la tierra de las oportunidades’ o el lugar donde ellos tienen como cierta expectativa de todo tipo. A  veces con prejuicio, pero bueno, les genera como alguna superioridad. Finalmente haber cruzado no solo con el mural, sino que con la película, estrenando un proyecto, yendo a un cine, nada, genero mucha alegría. Mucha satisfacción. Tambien esa sensación de lo importante que es trabajar en equipo y poder construir algo tan genuino que termine llegando a lugares donde uno ni siquiera puede imaginar. “

Mirando al horizonte

Pintó la Isla emociona por el hecho de que trasciende lo que consideramos una narración de hora y media. Es un registro de un capitulo inicial, uno que nos invita a repensar nuestra relación con el arte, ya que deja de lado las fronteras entre aquellos que se sienten alejados de las prestigiosas galerías u obras que solo los privilegiados pueden pagar. Desde la comunión de compartir una brocha o rodillo, la práctica creció, invitando a que nuevas generaciones tomen el pincel sin miedo al prejuicio. De la misma forma, también dio lugar a otro tipo de público, que comprendió la magia de la experiencia estética con el simple actor de recorrer las calles de un barrio que alguna vez fue considerado marginal.

En el documental podemos observar como la fotografía lleva a construir algunos de los bocetos que se convertirán en pinturas.

¿Planean proyecciones en el futuro?

G.S.: “La idea es poder moverlo, ahora estamos buscando otras salas. Hay unas tensiones un poco políticas. En Quilmes nos rechazaron, en la Plata están viendo. Y en el Gaumont nos deberían dar una nueva fecha por haber llevado un porcentaje de la sala que ponen ellos en ñas únicas funciones.

Después estamos proyectando hacer como una movida, como un circuito más cultural de cine debate. Me parece que el estreno fue maravilloso, el cine es hermoso, pero el espíritu del proyecto es más de estar en la calle. Así que vamos a ir por esa vía y poder ir ocupando los espacios que podamos ocupar para poder difundirlo y estar más cercano a la gente.”

El documental efectivamente se encuentra en movimiento. El 31 de Octubre, la escuela de Bellas Artes de Quilmes dio lugar a una proyección en donde tanto Sierra como Montes de Oca estuvieron presentes para charlar con los espectadores. Hay un peso particular en buscar instituciones educativas en donde compartir un recorrido tan inspirador, tanto para futuro artistas como para aquellos que necesitan recordar el poder detrás del simple acto de encontrarnos con el otro.

Destacándose en pintura, grabado, escultura y hasta animación, Gerardo Montes de Oca es uno de los principales gestores del proyecto Pintó la Isla en la Isla Maciel.

Difundir este modelo de experiencia es algo que Gerardo Montes de Oca sigue implementando, trascendiendo fronteras incluso geográficas gracias al trabajo que logra con sus colegas y alumnos. Con Pinta tu Barrio, una experiencia derivada de aquella lograda en la Isla Maciel, uno de los murales que pintaron en Quilmes fue destacado el pasado noviembre por el sitio holandés Street Art Today, reconocido ahora como una de las siete mejores obras de este tipo en todo el mundo.

Por su parte, la iniciativa artística Pintó la Isla también continúa creciendo. Este diciembre cumplió once años de transformar aquellas paredes de gris cemento en espacios en donde retratos, la fantasía, la flora y fauna y hasta íconos de la cultura pop conviven en armonía. Convertidos en espacios de encuentro, llevaron a que cada vez más artistas, destacados o novatos, tomen los pinceles para reafirmar la identidad y la memoria en futuro más brillante para su comunidad.

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Ro Tapias

Artista visual. Madre de dragones, gatos y un corgi. Hablo de cine, a veces demasiado.