Ya todos la conocemos, al fin y al cabo es una de las frases más famosas del Universo Cinematográfico de Marvel: “¡Wakanda por siempre!” es más que un grito de guerra. Es un llamado a la unidad, una declaración de resiliencia y de orgullo por la tradición.
Llevando ya dos entregas de la saga de Black Panther a la pantalla, uno de los puntos más interesantes en los que Ryan Coogler hizo hincapié fue la solidez de esta nación escondida. No solo la alimentó a base de diversas culturas africanas reales, dándole además una cosmogonía propia.

En la miniserie Los ojos de Wakanda (2025) se explora aún más profundamente ese legado. Esta es una histórica épica, en donde la ficción atraviesa tanto a hitos históricos como a mitos que hoy nos suenan reales. Agregándole un toque de novela de espías para más sazón, nos adentramos en un relato en donde el pasado muchas veces puede reflejar, formar y hasta cambiar el futuro.
Una cuestión de herencias
Ahora como productor, Coogler le pasó el manto a Todd Harris, artista del storyboard que ya había trabajado en varios grandes proyectos de Marvel. Lo primero que llama la atención de la serie creada por Harris es ante todo su corta duración, ya que consta de tan solo cuatro episodios. Eso sí, la redondez de la historia y la calidad de su arte nos recuerdan que a veces menos es más.

Esta antología pone en el centro a los Hatut Zeraze, un grupo de elite conocido también como los Perros de Guerra, encargados de llevar a cabo diversas misiones especiales dentro y fuera de Wakanda. Con la intención de recuperar vibranium robado y esparcido por el mundo, seguimos a varias generaciones de estos guerreros en distintas eras y lugares, así como sus diversas estrategias para recuperar esos artefactos.
Si antes la tecnología wakandiana nos parecía avanzada, la serie pone en aún mayor perspectiva el daño que podría significar que cayera en manos equivocadas. Un peligro tanto para Wakanda como para el resto del mundo.
A la vez, la serie recupera preguntas que Black Panther ya había planteado, marcando la dicotomía entre una identidad formada en el afuera, pero aún anclada en el adentro. Ejemplo de esto eran Erik Killmonger (Michael B. Jordan) y su padre, alejados de su tierra pero leales a la nación.
En Los ojos de Wakanda nos encontramos con soldados que acarrean el trauma de veteranos de guerra, volviendo al hogar pero sintiéndose extraños. Es una problemática además compartida por las generaciones descendientes de esclavos. Una noción de pertenencia dividida, anclada emocionalmente a un hogar al que se llegó por razones forzadas y dolorosas, mientras se tiene un anhelo por una tierra madre que resulta lejana y hasta a veces desconocida.
Haciendo un poco de historia
Jugando con los mitos, la leyenda y la realidad, el relato se va hilando con puntadas que atraviesan una investigación histórica, tanto desde el guion como desde su estética. El primer episodio nos lleva al año 1.260 A.C., con una Creta atacada por el autodenominado León (Cress Williams), un dictador con aspiraciones mesiánicas seguido por guerreros de distintas naciones. Si bien la serie no lo aclara, parece hacer alusión a los Pueblos de Mar, un conjunto de navegantes y guerreros que atacaron las costas del Mediterráneo a finales de la Edad de Bronce.

Más adelante conocemos al príncipe Tafari (Zeke Alton), quien muy probablemente hace alusión a Tafari Makonnen, emperador de Etiopía y figura casi divina para el movimiento jamaiquino rastafari. Las rastas en el cabello del personaje no son casualidad.
La monarquía Etíope es referenciada en el segundo episodio también, siendo Memnon un rey que apoyó a Grecia durante la guerra de Troya. En el episodio, este guerrero wakandiano asume esta falsa identidad, pero tras diez años de camaradería con Aquiles (Adam Gold), el vínculo que la serie nos presenta es uno mucho más complejo comparado al que conocíamos en los mitos.

Cuando el arte habla por sí mismo
Aquiles parece diseñado en referencia a Botticelli, el pintor renacentista. Las obras basadas en aspectos religiosos o mitológicos eran algunos de los motivos más famosos de la época, siendo este artista muy conocido por su representación del nacimiento de Afrodita.
Los rizos de esta diosa son parecidos a aquellos con los que este Aquiles fue diseñado, así como ciertos rasgos, como su perfil, se asemejan a los de los personajes masculinos de este pintor. Esto no es casualidad, ya que los artistas europeos de esa época basaban sus ideales de belleza en aquellos heredados directamente de la misma Grecia.

Los ojos de Wakanda deja bien en claro el fuerte peso de la pintura tradicional en sus influencias visuales. Desde el uso de la carbonilla en la introducción, el polvo del carbón no solo habla de un arte clásico, sino que recuerda a la arena usada en las figuras proyectadas por la tecnología de este país ficticio. Por otra parte, los impresionantes fondos de cada episodio destacan por sus coloridas y vibrantes paletas. Emulan la pintura al óleo, paisajes que parecen sacados directamente de obras neoclásicas.
El mismo diseño de los personajes africanos hace referencia al estilo de Ernie Barnes, un pintor afrodescendiente conocido por sus figuras de proporciones exageradas, con largas extremidades. Muchas de sus obras tienen además una fuerte sensación de dinamismo, algo que la serie aprovecha en sus impecables escenas de acción. Barnes además ya había sido homenajeado por Coogler, haciendo que uno de los posters de la exitosa Pecadores (2025) estuviera basada en pinturas como The Sugar Shack o Ballroom Soul.

Los ojos de Wakanda es un diálogo constante entre el antes y el ahora. Nos permite observar la evolución de la arquitectura y tecnología wakandiana, profundizando así la historia que ya conocíamos, mientras demuestra como algunas de las problemáticas que T’Challa (Chadwick Boseman) enfrentó fueron las mismas de sus antepasados, así como lo serán para sus descendientes.
A pesar de su corta duración, aprovecha cada segundo de pantalla para entregar personajes y relatos redondos, narrando de una forma tan poco convencional como gratificante. Visualmente bella, se nota que la serie está planteada con una genuina búsqueda por mostrar más que las impactantes peleas y la animación fluida que, vale aclarar, entrega desde el primer momento. Es un nuevo gran capítulo para agregar al legado de Black Panther.
Historia Marvelita
Si llegaste hasta acá, es porque seguramente te gusta Marvel y te atrapan sus producciones llenas de aventuras, personajes icónicos y rica mitología. Sin dudas, Black Panther (2018) fue una de las películas más celebradas del estudio porque supo aportarle todos estos elementos al Universo Cinematográfico de Marvel. Si te gustó mucho, quizás la viste más de una vez y te animes a contestar esta trivia que armamos para vos sobre los detalles de esta gran nación marvelita y sus habitantes:
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