¿A quién pertenecen nuestros días? es una de las incógnitas que se repite como mantra en la trama de La Grazia (2025). Una propuesta madura que aborda inquietudes sobre el amor, la vida, los duelos y la ética. Una exploración melancólica con la moral como pivot en la piel de un hombre que cuestiona las potencialidades del poder en el ocaso de su carrera. El último trabajo de Paolo Sorrentino jugó de local el pasado septiembre, cuando fue seleccionado para la función inaugural de la última edición del Festival Internacional de Cine de Venecia.
DOS POTENCIAS SE SALUDAN
Paolo Sorrentino nació en 1970 en Nápoles, la ciudad italiana que conectamos, casi instantáneamente, con Diego Armando Maradona. Hay algo en los orígenes del director italiano que puede resultarnos familiar, porque las pinceladas de todo ese génesis se traducen directamente en su filmografía.

El sitio que lo vio nacer y la admiración por el astro del fútbol se fusionan en una de sus obras más recientes, la semi autobiográfica È stata la mano di Dio (2021), en donde vuelca los fragmentos más sensibles de su propia historia en una poesía audiovisual conmovedora. Esta película no es la única que se desarrolla en Nápoles en los años 80, también es el eje central de L’uomo in più (2001), que marcó el despegue de su carrera tras una primera presencia en la Mostra de Venecia.
En ambas producciones encontramos en el elenco al siempre fiel Toni Servillo. Porque si bien es cierto que la idiosincrasia italiana marca un trazo identitario en la obra de Sorrentino, es aún más destacable el tándem creativo infalible entre el director y su actor fetiche. A ambos los vimos coronarse con La grande belleza, que en 2013 se llevó el Oscar en la categoría Mejor película de habla no inglesa.

Con La Grazia, Sorrentino regresa a una temática que ya exploró antiguamente: la política. Aunque esta vez haya optado por el camino ficcional, mientras que en proyectos anteriores hurgó en las historias reales de ex mandatarios italianos. En Il Divo (2008) indaga en la vida de Giulio Andreotti y en Loro (2018) retrata al siempre polémico Silvio Berlusconi. Para sorpresa de nadie, ambos personajes encarnados por Toni Servillo. Y la lista de colaboraciones puede seguir.
LA PREGUNTA COMO MOTOR HUMANO
La Grazia narra la historia de Mariano De Santis, presidente ficticio de la República italiana, en los meses finales de su mandato. Servillo elabora en su papel protagónico a un personaje de gran templanza. Un letrado que enfrenta dos últimas decisiones cruciales: conceder o denegar indulto a condenados por asesinato y aprobar o desestimar una ley sobre eutanasia.

En voz del propio director, según declaraciones en el marco de la Biennale:
“La Grazia es una película sobre el amor. Ese motor inagotable que da origen a la duda, los celos, la ternura, la emoción, la comprensión de las cosas de la vida y la responsabilidad».
Porque De Santis, además de un político con trayectoria, es también un adulto mayor que recapitula cíclicamente incertidumbres del pasado mientras se enfrenta a un presente con sabor a fin de fiesta.
Sorrentino confecciona en su último trabajo un manifiesto a favor de la duda. Fiel a su estilo, desenvuelve de manera poética dilemas humanos primitivos, con diálogos filosóficos que oscilan entre la solemnidad y el absurdo pero no abandonan la profundidad. También destacan escenas que ridiculizan el trato protocolar o reflexionan sobre la magnitud del ser humano en el universo.

De Santis se presenta como un personaje de la política más idílico que realista (a juzgar por este presente avasallante), un hombre atravesado por la inquietud de desentrañar la verdad y la justicia en cada uno de sus actos. En su cotidianidad lo acompañan su hija y mano derecha (Anna Ferzetti) con quien comparte la vocación de jurista, un amigo cercano aspirante a suceder el gobierno (Massimo Venturiello) y un confiable guardaespaldas (Orlando Cinque), quien presencia los estados contemplativos más íntimos del mandatario.
Algunos otros personajes que intervienen son tan aleatorios como memorables. Una excéntrica crítica de arte con lengua karateca (Milvia Marigliano), un Papa canchero que maneja una moto (Rufin Doh Zeyenouin) y el cameo de un rapero italiano conocido como Guè. La Grazia es una reflexión viva sobre la toma de decisiones y delega en un personaje extraordinario (por su cualidad de hombre al poder) una meditación sobre las preocupaciones humanas más básicas.

💡 PopCon Tip:
La Grazia llega a cines argentinos el 19 de marzo y luego estará disponible en la plataforma MUBI.




0 comentarios