Es el festival de cine más importante de Latinoamérica, a la altura de los europeos y prestigiosos Cannes, Venecia, Berlín y San Sebastián. Hubo una época dorada donde estos nombres figuraban también en las marquesinas del festival de cine de Mar del Plata, haciendo gala de su importancia internacional. Distintas delegaciones de todo el mundo se daban cita en La Feliz y reconocidas luminarias recorrían sus alfombras rojas, desde Paul Newman hasta Catherine Deneuve. El “paseo de la fama” en la histórica explanada del Hotel Hermitage ostenta las huellas de personalidades como Susan Sarandon, Tim Robbins, Juliette Binoche y Gerard Depardieu. Galardonados directores como Bong Joon-Ho, Alex de la Iglesia y Barry Jenkins vinieron a presentar sus películas y dar charlas para los asistentes.

Ahora, muy de a poco, el festival comienza a recuperarse de un 2020 devastador, en el que su realización presencial se vio comprometida por la pandemia del COVID-19, al igual que otros grandes festivales como el de Cannes. El cambiante panorama político de Argentina y nuestras sucesivas crisis tampoco colaboraron al crecimiento de este histórico evento que lucha por sobrevivir y hoy en día es apenas una sombra de lo que fue. Pero, al igual que su país y todos sus compatriotas, el Festival de Cine de Mar del Plata es un luchador. Un evento que sabe reinventarse con ingenio y perseverancia, para seguir vigente contra viento y marea (nunca mejor dicho que en el contexto de nuestra Costa Atlántica).

Este año volvieron a participar todas las salas de la ciudad

Entre 1954 y 1970, el festival tuvo diez ediciones que sobrevivieron todo tipo de inclemencias climáticas y políticas, y luego atravesó una interminable pausa de 26 años hasta su resurgimiento en 1996, cuando volvió para consolidarse en otras 26 ediciones consecutivas como uno de los más importantes del mundo. Justo este es el año en que el festival marplatense rompe la racha, a pesar de la pandemia y de todos los obstáculos sociopolíticos. Retomando parcialmente su presencialidad en todas las salas de cine de la ciudad, convoca a cinéfilos, estudiantes, trabajadores de la industria y público general de todo el país, muchos de los cuales pudieron disfrutar por primera vez el año pasado de esta experiencia a la distancia, gracias a la virtualidad que propuso la 35ª edición.

Una vez más, el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata convirtió la adversidad en una circunstancia a su favor, federalizando el acceso a sus películas y actividades a través de su plataforma de streaming. Con acceso libre y gratuito a todo el país, el festival incorporó a la virtualidad su programación de competencia argentina, latinoamericana e internacional en las categorías de cortos, largos y work in progress, además del ciclo Estados Alterados. Este año las películas vuelven a poder disfrutarse en la pantalla grande y siguen estando disponibles online, además de una serie de actividades simultáneas para todo el mundo a través de su canal de YouTube. Como siempre, se presentaron ciclos de realizadores clásicos, nuevas miradas, cine experimental, animación y una oferta inabarcable dedicada al séptimo arte.

Con barbijos y la sala al 70% de su capacidad

La ciudad también volvió a vestirse de gala para ser el escenario de actividades especiales vinculadas a estas propuestas, como la instalación audiovisual de Jean-Luc Godard Accueil Livre D’image (El libro de imagen, 2019) que recrea las condiciones del montaje realizado en el estudio casero del director, en el bellísimo Centro Cultural Victoria Ocampo (o Villa Victoria), la mansión que supo ser retiro de verano de la escritora y lugar de reunión de intelectuales y artistas de todo el mundo. Este año vuelven a realizarse también las Charlas con Maestros, con transmisiones en vivo a través del canal de YouTube del festival, al igual que la mayoría de las actividades programadas para esta edición.

Desde el 18 hasta el 28 de noviembre, la ciudad costera vuelve a ser testigo de este triunfo cultural, mientras el resto del país se une a la fiesta a la distancia y algunos pueden darse el lujo de asistir personalmente. El amor por el cine nos lleva a recorrer kilómetros y nos sube por el cuerpo hasta convertirse en un caluroso aplauso, en una charla en el hall a la salida de la función, en una ovación de pie que se vuelve colectiva para celebrar este arte que nos une y nos devuelve esa experiencia que extrañamos tanto, de la sala llena de gente que ama el cine tanto como uno.

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