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Cine versus streaming: Así se decide nuestra forma de consumo

El legendario estudio Warner Bros. se pone en venta y la guerra de ofertas es brutal. Lo que se decide es mucho más que el futuro del cine.

por | Ene 19, 2026

Netflix y Paramount se encuentran en este momento en una batalla legal y económica por algo mucho más profundo que los estudios Warner: estos gigantes empresariales se están disputando directamente la forma en la que consumimos y el contenido que elegimos ver.

¿Ellison o Sarandos?

Hace poco se dio a conocer que Netflix avanzaba con la compra de Warner Bros., lo que simbólicamente se tradujo a que el streaming le ganaba la pulseada al cine. Pero muy pronto este apocalipsis moderno del arte audiovisual se transformó en un capítulo de Succession con la aparición de Paramount y su oferta agresiva para quedarse con todo Warner Bros. Discovery.

Succession - Temporada 3 Vuelve la familia que amamos odiar

Por un lado, tenemos un gigante del streaming queriendo comprar un estudio de cine cuando su co-CEO (Ted Sarandos) cree -según sus propias declaraciones- que la experiencia del cine es anticuada. Y por el otro, tenemos al CEO de Paramount, David Ellison, muy cercano al gobierno de Trump. Este le prometió a la Casa Blanca que, si es él quien compra Warner en lugar de Netflix, metería en el pack a la CNN, una de las cadenas de televisión de noticias más grandes e influyentes a nivel mundial que suele criticar al gobierno actual de Estados Unidos. Entonces, esto no se trata solamente de una simple pelea por los derechos de reconocidas marcas como la de Harry Potter.

Se están disputando la forma en que consumimos y qué consumimos.

EL MODELO DE NETFLIX: LA COMODIDAD

Las alarmas suenan porque una plataforma de streaming quiere comprar un estudio de cine mientras su co-CEO dice que la experiencia del cine es anticuada. Esto nos indica rápidamente que Netflix busca cambiar el paradigma de consumo una vez más.

El modelo actual mantiene los estrenos en cartelera 45 días hasta que llegan a las respectivas plataformas de streaming. Ante esto, Ted Sarandos, co-CEO de Netflix, expresó que esto está «totalmente fuera de sintonía con las necesidades de los espectadores«. En una entrevista comentó lo siguiente:

“Nos preocupamos de verdad por ofrecerles la programación de la forma en que desean verla. En casa”.

Un CEO utiliza palabras clave para hablar de sus consumidores: necesidad y deseo. Cuando no sabemos cómo desear y qué desear, ahí aparecen las grandes empresas para rellenar nuestras necesidades, incluso antes de que nosotros definamos qué queremos.

Volviendo a los modelos de cine y plataforma, la postura de Netflix dicta que las películas deben tener una presencia mínima, idealmente solo dos semanas en cartelera, o incluso omitir las grandes cadenas de cine por completo. Este enfoque se basa en el principio de que «es más fácil ver todo desde casa», apelando al modelo psicológico de la gratificación inmediata y la máxima comodidad del consumidor, minimizando cualquier esfuerzo.

Este modelo de consumo se remonta a los primeros años de Netflix como distribuidor, no como creador. En sus inicios, Netflix era un servicio de DVD por correo que enviaba películas y series por una cuota mensual. Era como Blockbuster, pero nunca tenías que salir de casa ni hablar con nadie.

Nuevamente, la idea de que todo se centra en la comodidad de no interactuar con otros ni salir de tu casa para satisfacer una necesidad. Es así que el streaming nace con la idea de volver activo al consumidor que antes esperaba pasivamente el día y el horario por su programa favorito. El problema es que en la espera se practica la paciencia y la reflexión, y esto se pierde con la inmediatez del extenso catálogo que ofrecen las plataformas.

Si bien el streaming democratiza el consumo y lo vuelve accesible, también genera una fatiga al espectador, alterando su capacidad de atención y de elección. Muchas opciones generan una representación descartable o no tan memorable de lo que vemos. Ver una película en casa puede implicar hasta tres pausas e incontables chequeos en el celular.

EL CINE INVITA UN CONSUMO FUERA DE CASA

Ir al cine no solo implica tiempo y dinero, sino que nos pide un compromiso cognitivo. Una sala a oscuras, una pantalla grande y sonido envolvente elimina distracciones para que los espectadores puedan comprometerse mentalmente con la historia. Ver una película en el cine no es un mero acto de consumo, sino un ritual colectivo. Es sumarse a una experiencia donde un grupo de personas comparten un mismo espacio y un mismo estímulo. El estreno de una película nos invita a movernos, a investigar qué ver y dónde verlo.

Pagar una entrada de cine es consumo y el consumo es un espacio de diferenciación, pero también un espacio de encuentro y comunicación. Y en esto el arte y el consumo tienen funciones similares: intercambiar significados. Tal vez por esto Netflix crea experiencias por fuera de la plataforma para acompañar sus estrenos mundiales. El marketing y la creación de eventos sobre sus títulos originales intentan replicar la idea de ver en comunidad.

Pero no podemos asumir que el streaming es el malo de la película y que el cine es el héroe caído; no es tan sencillo. El acceso al cine puede ser un privilegio, como consumidor y como artista. Llegar a Hollywood no es fácil. Las salas vacías existen y activan los números de inversionistas que prefieren hacer una nueva serie antes que una película en pantalla grande.

Netflix se apresuró a confirmar la compra en su plataforma, bajo el lema «Definiendo juntos el próximo siglo de historias»

Y sí, esto sucede por la forma en que consumimos, que una parte tiene que ver con nuestra elección y otra parte con lo que eligen por nosotros: con el algoritmo prefabricado. Volvemos así a las palabras del co-CEO de Netflix, ellos miden nuestras necesidades, deseos y patrones de consumo. Y la tendencia parece que la gana la inmediatez.

¿DECIDIMOS NOSOTROS?

El riesgo psicológico tiene que ver con no saber la causa de nuestro consumismo. Porque, aunque seamos seres consumidores, si no nos preguntamos por qué elegimos lo que elegimos, si no distinguimos entre el compromiso cognitivo de una experiencia intencional y la simple evasión hedonista, estamos delegando nuestro criterio a un CEO o a un algoritmo. El llamado es a la intencionalidad: nuestro poder como consumidores de pedir por diversidad de elecciones y formatos, para alejarnos de la palabra monopolio.

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