De amor y de engaños

“Black Bag” de Steven Soderbergh: Espías, traiciones y la inevitable naturaleza humana

El director crea una sofisticada visión sobre el género que convierte a un thriller de espías en una aproximación a la lealtad, el dolor y el amor.

por | Mar 27, 2025

Steven Soderbergh es uno de los cineastas más versátiles e innovadores del cine contemporáneo. Su estilo se caracteriza por su constante experimentación con la narrativa, el uso creativo de la cámara y su habilidad para abordar diversos géneros cinematográficos. Desde dramas íntimos hasta thrillers comerciales, Soderbergh siempre aporta una perspectiva única a cada proyecto.

Una de sus marcas distintivas es su inclinación por asumir múltiples roles en sus producciones: a menudo sirve como director, editor y cinematógrafo bajo el seudónimo “Peter Andrews” para la fotografía y “Mary Ann Bernard” para la edición. Esto le permite mantener un control artístico total sobre sus obras, otorgándoles una coherencia estilística que las distingue. Su enfoque técnico incluye el uso de iluminación natural, movimientos de cámara fluidos y composiciones visuales que refuerzan el tono emocional de sus historias.

Otro rasgo destacado en el cine de Soderbergh es su habilidad para equilibrar películas independientes con proyectos de alto presupuesto. Su debut como director con Sex, Lies, and Videotape (1989) fue un hito en el cine independiente, ganando la Palma de Oro en Cannes y marcando el inicio de su carrera como un autor innovador. Al mismo tiempo, ha demostrado ser un maestro en el cine comercial con éxitos como la trilogía Ocean’s Eleven (2001) y sus secuelas, donde su estilo elegante y dinámico elevó el género de los robos a un nivel sofisticado. Su capacidad para moverse entre estos dos mundos lo ha convertido en un pionero que desafía las normas tradicionales de Hollywood, manteniéndose relevante tanto en el circuito de festivales como en las taquillas globales.

Por lo que no sorprende que varias de las mejores escenas de su más reciente largometraje Black Bag (2025) transcurran durante conversaciones entre sus personajes y puntos de vista novedosos. De una cena en la que nada es lo que parece, hasta la intimidad de una habitación a puertas cerradas. El director enfoca todo su interés en convertir el guion de David Koepp en una lucha de voluntades.

También, en una percepción cuidadosa, burlona y en ocasiones tenebrosa, acerca del peso de los secretos que se usan como armas para atacar. Pero, no solo entre las esferas de poder, como podría suponerse en un thriller de espías, sino en la intimidad de una pareja enamorada pero opaca en sus verdaderas intenciones y lealtades.

lealtades controvertidas

Esta elaborada premisa se muestra a través de George Woodhouse (Michael Fassbender), un espía profundamente comprometido con su trabajo. Para las primeras escenas de la cinta, George es el centro de gravedad en la forma en que el argumento explica su ambigüedad de fondo. Preciso, violento y listo para matar, es también un hombre que ama a su esposa, la también agente Kathryn St. Jean (Cate Blanchett). Entre ambos, la convicción por hacer lo correcto y por mantener a flote su matrimonio, se transforma en una red de decisiones complicadas. 

En especial, cuando George recibe una información peligrosa. Una tecnología potencialmente mortal y crítica ha sido robada. Los sospechosos son cinco agentes a los cuales conoce de manera cercana. Pero el nombre más complicado de la lista es el de Kathryn. Paso a paso, Black Bag muestra la forma en que la tensión de una potencial traición atraviesa no solo el terreno de las lealtades compartidas — y las que se brindan al poder — sino a los hilos sutiles que une a George y a su esposa.

Soderbergh es lo suficientemente brillante, como para evitar que el dilema de George sea obvio, o mucho menos, pueda comprenderse de inmediato. De modo que permite a su personaje enfrentarse a sus dudas, preocupaciones y al final, a la sensación de que todo a su alrededor empieza a desplomarse.

Por supuesto, la posibilidad de que uno de sus amigos o su mujer sea un traidor, pone a George en la mira de una decisión que podría destruir su carrera o su vida. O a ambas cosas a la vez. Pero la cinta no prodiga con facilidad sus secretos y logra profundizar en la sensación perenne de que cualquier cálculo, estrategia o decisión de George podría ser incorrecta.

Mucho más, amenazar su vida, la de Kathryn y hasta su capacidad para discernir qué es lo correcto y qué no, en un mundo en que esa cualidad es especialmente necesaria. La cinta es hábil, al parecer compleja sin volverse confusa y sin perder el punto central que hace que, también, sea una reflexión con toques de un humor negrísimo sobre la convivencia y la vida en pareja.

El guion además, juega con las dimensiones y la importancia del amor, el riesgo que se corre al ser vulnerable e incluso, el valor de los silencios. Todo, mientras sus personajes maquinan sin cesar y temen ser traicionados o traicionar por causas que les superan y contra las que no pueden luchar. 

Una historia tramposa

Con frecuencia Black Bag apela a la sospecha y a la paranoia, en medio de situaciones triviales y largas peroratas que no parecen llegar a ninguna parte. Pero Soderbergh, que utiliza la cámara como un observador silencioso, incómodo y en ocasiones poco fiable, transforma las secuencias en una colección de pequeños momentos inquietantes. Desde el momento que reúne en una misma mesa a todos los sospechosos, que comen platillos impregnados del suero de la verdad, a las discusiones llenas de alegorías y metáforas que ocurren entre George y Kathryn.

La película intenta que cada discusión tenga varios trasfondos que indagar. E incluso, que cada paso a través de ideas y percepciones sobre lo que sus personajes ocultan — o pueden hacer — sea terreno movedizo. Soderbergh logra que buena parte de la trama se desplace hacia lugares inquietantes, en los que cada una de sus oscuras figuras pueda ser tanto un peligro como una víctima de subterfugios minuciosamente preparados. Pero a la vez, todos los personajes son criaturas nocturnas, efímeras, en medio de situaciones que les condenan o les absuelven, sin que el guion sea preciso o evidente en el motivo por el cual hacer lo primero o lo segundo.

En manos menos hábiles, esta combinación de insinuaciones y pistas falsas, habría dado como resultado una confusa mezcla de situaciones superpuestas. Pero en manos de Steven Soderbergh, Black Bag es una esmerada revisión acerca de la naturaleza de las relaciones — políticas, de trabajo, de poder y amorosas — en la que el escenario tiende a cambiar de cataduras y matices a medida que la lealtad se resquebraja.

Elegante, sofisticada y violenta, la película es una demostración del buen cine creado para analizar y reflexionar acerca del comportamiento humano desde sus lugares más extraños. El escenario más tramposo que la cinta muestra con una decadente belleza. 

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