Desde que puedo recordar siempre quise masturbarme.”

Con una clara referencia a Goodfellas (1990), la quinta temporada de Big Mouth (2017-) nos da la bienvenida a los nuevos diez episodios de la serie. Mientras que la cuarta temporada se enfocaba en temas relacionados a la identidad, la introducción del primer personaje transgénero de la serie había sido el puntapié para enfocarse en temas relacionados a cuestiones más introspectivas. Y si bien debemos aceptar que es muy probable que la serie no posea la maestría del clásico de Martin Scorsese, con sus inagotables chistes de penes en lugar de historias de gangsters, es innegable la calidad con la cual la serie explora los tan vergonzosos como siempre dignos de risotadas caminos de autodescubrimiento.

Sexo, intimidad y ahora un amor más maduro que la simple atracción juvenil se personifican en dos nuevas criaturas que acompañaran a nuestros protagonistas. Es así que a la troupe de monstruos se les unirá el Lovebug (o Bichito del Amor) Walter, interpretado por el guionista de la serie Brandon Kyle Goodman. Junto a él también se encuentra su compañera Sonya, con voz de Pamela Adlon, quien ya que es conocida en el mundo de la animación por haber dado vida a Beto Reyes en Los Reyes de la Colina (King of the Hill, 1997-2010) durante trece años.

Demostrando que en ocasiones el más puro amor, aunque no necesariamente romántico, puede con facilidad convertirse en odio, o cómo los celos pueden transformarnos en monstruos verdes dignos de enfrentar al mismísimo Hulk, también harán acto de presencia los Hateworms (Gusanos del Odio) para alimentar a sus víctimas con negatividad.

Así hace su debut la multifacética Keke Palmer detrás de una de las tantas bestias, de las que sin duda veremos más cuando se estrene Human Resources (2022-), el spin-off de la serie que, en un tono similar al de The Office (2005-2013), mostrará este mundo burocrático donde Maury, Connie y el resto de los monstruos tienen su hogar cuando no están acompañando a los humanos en sus horas de trabajo. Esta temporada nos da un segundo atisbo a esta tierra, una visita lo suficientemente interesante como para alimentar la curiosidad respecto a cómo funcionará esta nueva serie mientras nos dirige a un gag digno de un final de temporada.

Si bien estos nuevos episodios tienen algunas subtramas que aparentan dar vueltas en círculos, a medida que la historia avanza va recordándonos todo aquello por lo cual ha sido exitosa, siendo especialmente desopilante el especial navideño. Conducido por los Monstruos Hormonales en sus versiones de títere, varias mini-historias nos presentarán una particular versión del nacimiento de Cristo, elfos excitados o hasta una parodia a John Wick con un protagonista muy particular. Pero su principal promesa es la de darnos el único programa en mostrar el pene de Santa Claus. Y como es de esperar, no defrauda.

Entre constantes chistes sexuales y metalenguaje, la quinta temporada tarda un poco en calentar motores pero consigue continuar hacer crecer a sus personajes. Dándole profundidad tanto a protagonistas como sorpresivamente a personajes más secundarios, la serie vuelve a su eje enfocándose en la intimidad y la toxicidad de ciertas relaciones, encontrando vínculos sanos en lugares completamente inesperados. Los diez episodios ya se encuentran disponibles para ver la quinta temporada completa en la plataforma de Netflix.

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