A sus 40 años, y después de casi quince como comediante en Saturday Night Live, Bill Hader cambió el rumbo de su carrera por completo, creando un personaje tan trágico como complejo para lidiar con la ansiedad que le provocaba su trabajo. La idea de alguien que es muy bueno en lo que hace, pero que sufre haciéndolo, fue el disparador para el high concept de Barry (2018-), un tipo de mediana edad que atraviesa una crisis existencial y vocacional. Pero, a diferencia de su creador, su línea de trabajo es un poco más complicada de dejar: Barry es un ex-marine devenido en asesino a sueldo, hasta que un buen día descubre en la actuación un escape para su atormentada vida.

En manos de cualquier otro equipo creativo, una serie con esta premisa hubiera sido una simple comedia negra, quizás con un humor más absurdo que reflexivo. Pero en manos de Bill Hader y su socio Alec Berg (guionista de series como Seinfeld, Silicon Valley y Curb Your Enthusiasm), el concepto del sicario “arrepentido” que busca cambiar de rumbo su vida, se convirtió en una profunda exploración de la culpa y las expectativas de redención. Por supuesto, ya entonces sabían que iban a tener que jugar con esas expectativas y construir bien a su protagonista para no caer en terreno fácil. No querían tratar la violencia con humor ni banalidad, sino darle el peso dramático suficiente para que se sintieran los riesgos. Para contar una historia de vida o muerte.

Así, Barry construye no solo el arco principal de su protagonista alrededor de esta premisa, sino las subtramas de personajes tan ricos que terminan siendo casi tan importantes como quien da título a la serie, cuyas historias se entrelazan para influir en su destino. Siempre apostando por la decisión más arriesgada y menos previsible, la narrativa de la serie profundiza temas tan complejos como la culpa y el abuso con suma destreza, mientras toca otros como la hipocresía de la sociedad y la industria, balanceando distintos tonos con la misma magia: de la comedia negra al drama más descarnado y del suspenso a la acción al más puro estilo policial. La tercera temporada llega con una base sólida, después de un cliffhanger de season finale solo equiparable con series de la talla de Breaking Bad (2008-2013).

Una nueva oportunidad

El comienzo de esta temporada encuentra a nuestro protagonista (Bill Hader) desempleado, conviviendo con Sally (Sarah Goldberg) y en constante riesgo de ser descubierto, mientras busca trabajo en la dark web y lidia con sus traumas emocionales. En contraste, su novia no podría estar más ajena a lo que pasa en su propia casa, completamente absorta en un nuevo proyecto televisivo que la tiene en el rol de creativa y protagonista, después del inesperado éxito de su puesta teatral. Por su parte, el Sr. Cousineau (Henry Winkler) encuentra una segunda oportunidad con su hijo y nieto, tras el traumático final de la temporada anterior. Noho Hank (Anthony Carrigan) también parece encontrar la felicidad en un giro inesperado de las circunstancias e incluso Fuches (Stephen Root) vislumbra una oportunidad de redención, tras ser inculpado por la muerte de Janice (Paula Newsome).

Todo podría funcionar tranquilamente para Barry y compañía con este esquema perfectamente diseñado para estirar lo inevitable, pero el guion como siempre decide ir hacia los lugares más jugados, aquellos que Berg y Hader prometieron conllevarían riesgos “de vida o muerte”. Es que, a fin de cuentas, no parece haber redención posible para ninguno de estos victimarios, e incluso sus víctimas tienden a perpetrar los ciclos de violencia, a falta de buenas decisiones y estabilidad emocional en sus vidas. Todos buscan desesperadamente ser queridos y perdonados, pero nadie está dispuesto a enfrentarse a su pasado y pagar el precio de esa redención. Así, la primera parte de la temporada explora el perdón, las segundas oportunidades y el abuso emocional, a través de actuaciones escalofriantes y diálogos poderosos que, una vez más, nos llevan de la risa al pánico en cuestión de minutos.

Escritos y dirigidos por Bill Hader, los dos primeros episodios elevan la calidad artística de la serie a nuevos niveles, al igual que supo hacerlo en temporadas anteriores con capítulos como “ronny/lily”, que funciona casi como un “embotellado” dentro de la historia general. Con una puesta en escena que cuenta algo importante sobre el conflicto interno de los personajes desde el más pequeño detalle, en cada decisión tomada desde la dirección de arte hasta la fotografía, en cada toma y en cada plano, el inicio de la tercera temporada ubica rápidamente al espectador en la evolución de cada historia individual tras una elipsis temporal de casi tres años para nosotros (!) y de lo que parecen ser apenas unos meses para nuestros desafortunados protagonistas.

Este domingo estrena el primer episodio de 29 minutos, irónicamente titulado “Forgiving Jeff”, a las 23hs de Argentina por la pantalla de HBO y en la plataforma de HBO Max.

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