Heridas heredadas

Edipo en Ezeiza: el mito, la historia y qué pasa cuando lo ajeno nos habita

El mito griego reencarna en la historia argentina, convirtiendo la memoria del país en una tragedia que entrelaza la política y la poética.

por | Oct 30, 2025

Ya conocemos a Pompeyo Audivert de la magnífica puesta de Habitación Macbeth, el unipersonal que concentra todos los personajes de la tragedia de Shakespeare en una experiencia que dio que hablar. En esta ocasión, utilizando su método de enseñanza de teatro físico («la fisicación») monta y transforma el mito griego en una experiencia profundamente argentina.

No se trata de una adaptación, sino de una reescritura del inconsciente colectivo: el mito se funde con los ecos de nuestra historia reciente, y la tragedia se vuelve un espejo donde todavía podemos reconocernos.

De lo histórico a lo personal

¿Por qué Ezeiza? ¿Qué pasó en Ezeiza? ¿Qué hijo fue en contra de su padre, porque su padre lo abandonó primero…. en Ezeiza?

Hugo Cardozo y Francisco González Bertín en Edipo en Ezeiza.

Podemos pensar en la masacre de Ezeiza, 20 de junio de 1973 (el día de la bandera, justamente esa bandera con la que comienza la obra). Para los que no lo estudiamos en el colegio, les cuanto que la bienvenida a Juan Domingo Perón tras su regreso al país se convirtió en un enfrentamiento violento entre facciones del peronismo, resultando en al menos 13 muertos y cientos de heridos. Esta tragedia marcó el fin del gobierno de Cámpora y la polarización dentro del movimiento peronista. Se rompió la familia.

Análogamente, la acción de la obra se sitúa en una familia que podría ser cualquiera, o todas. Una familia atravesada por la sospecha, la culpa y el miedo. Una familia que busca una verdad que ya no existe o que se multiplicó en versiones imposibles de conciliar. Como si el mito de Edipo se hubiera reencarnado en el corazón político y emocional del país, en esa necesidad de encontrar culpables y padres ausentes que definan el sentido del horror.

Julieta Carrera en Edipo en Ezeiza.

Audivert desplaza el relato hacia un territorio simbólico y nacional. Pero más que reconstruir un hecho histórico, la obra propone un ritual. Un espacio donde lo político, lo íntimo y lo poético se mezclan hasta volverse indistinguibles. Todo vibra en un límite entre la confesión y la parodia, entre la memoria y la pesadilla.

La incomoda convivencia con lo no dicho

La puesta en escena de Edipo en Ezeiza es precisa, casi hipnótica. El espacio parece cerrado, vigilado, cargado de signos. Los actores tiene un entrenamiento corporal e interpretativo de otro planeta. Julieta Carrera, Hugo Cardozo y Francisco González Bertín se transforman constantemente: cambian de rol, de tono, de identidad. No hay un personaje fijo, ni una verdad posible. Cada gesto revela la fractura entre lo que se dice y lo que se calla, entre lo que se representa y lo que se siente.

Edipo en Ezeiza es un diálogo entre nuestra historia, lo íntimo y lo poético.

El humor aparece como un mecanismo de defensa: no suaviza, sino que perfora. Nos reímos de lo insoportable, de lo absurdo, de la repetición del trauma. Esa risa es incómoda, pero que permite que el espectador respire dentro de un paisaje donde todo parece asfixiar.

Edipo en Ezeiza no busca explicar la historia, sino exponer sus fantasmas. No se ocupa de lo que ocurrió, sino de lo que sigue ocurriendo adentro nuestro cada vez que intentamos entender quiénes somos. El mito, el padre, la patria, el cuerpo: todo se confunde en una misma pregunta que no tiene resolución.

Con Edipo en Ezeiza, Pompeyo Audivert transforma el mito griego en una experiencia profundamente argentina.

Lo más impactante es cómo la obra logra desarticular la mirada complaciente. No invita a recordar, sino a revivir. No a comprender, sino a sentir. Frente al escenario, uno percibe que el pasado no terminó, que sigue latiendo en cada silencio, en cada gesto de violencia que heredamos sin saberlo.

No es coincidencia que se reestrene en estos días, en tiempos donde los discursos tienden a simplificar y a borrar las fisuras. Edipo en Ezeiza aparece como una respuesta poética y política. Nos recuerda que la identidad no es una certeza, sino una herida abierta. Que el teatro puede ser todavía ese espacio donde lo ajeno que nos habita encuentra cuerpo y voz. Donde el mito, lejos de apagarse, se actualiza cada vez que alguien se anima a mirar lo que no quiere ver.

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Greta Emma tiene 27 años, se licenció en Artes Dramáticas en la Universidad Nacional de las Artes en el año 2024. Es actriz, improvisadora, productora, directora teatral y escritora. Publicó su primera novela "Lluvia de primavera" en 2023, acaparando la atención del público juvenil. Y en 2024 sacó su poemario interactivo llamado "Perpetua". Amante del teatro es productora de dos teatros independientes, además de participar en varias obras.