“Si sigo las reglas del mundo, ¿rechazó el designio de Dios? La pregunta clave
sería… ¿Debo obedecer al mundo o debo obedecer a Dios?”. Esa constante
ambigüedad entre lo divino y lo mortal se vuelve decisiva en este thriller político que
golpeó fuerte en la pantalla de Netflix. La serie escrita por Claudia Piñeiro (La Viuda
de los Jueves, Betibú) lleva ocupando los primeros lugares de la plataforma de
Reed Hastings a fuerza de intriga, actuaciones sólidas y un marco reconocible para
los espectadores, en el que pueden sentirse identificados como sociedad.

A diferencia de lo que se pueda pensar, es muy difícil hablar de una obra que logra
tanto impacto y después ser imparcial. Y esta historia arrebata desde el primer
episodio. Un asesinato público con un culpable desenmascarado pone en jaque la
escena política argentina. Emilio Vázquez Pena (Diego Peretti) es un pastor
evangélico, precandidato a presidente de la Nación, que compone la coalición entre
un partido de centro-derecha liderado por Armando Badajoz (Daniel Kuzniecka) y un
grupo religioso representado por el personaje de Peretti. La trama da un vuelco de
180 grados en los primeros minutos, cuando Badajoz, compañero de fórmula y
candidato a presidente, es asesinado en pleno acto de cierre de campaña. El crimen
es cometido frente a los ojos de todo el mundo por Remigio Cárdenas (Nicolás
García), quien es detenido inmediatamente.

Pero, como tantas otras producciones nos han demostrado anteriormente (The
Sinner, Arenas Movedizas), si conocemos la identidad del asesino, el misterio a
resolver radicará en su motivación. A partir de ese momento, comienza una carrera
por descubrir las verdaderas razones del asesino, en medio de un rompecabezas de
pistas y relaciones ocultas que van encajando episodio tras episodio, hasta
completar la fotografía. El camino se volverá un viaje de traición, especulaciones,
juegos e intriga, que mantendrán al espectador dibujando teorías con los ojos y, por
suerte, equivocándose una y otra vez.

En El Reino, el mundo de la política y la religión se encuentran en una colisión
constante, al mismo tiempo que intentan conseguir el balance perfecto que funcione
convenientemente para ambos bandos. En medio de esa compleja búsqueda
conoceremos a personajes como Ruben Osorio (Joaquín Furriel), ex jefe de
campaña del candidato asesinado, que no está dispuesto a perder su posición de
poder, por lo que deberá lidiar con Julio Clamens (Chino Darín), mano derecha de
Emilio y una de las piezas fundamentales de la iglesia junto con su compañero
Tadeo, interpretado por Peter Lanzani.

El elenco principal se completa con Mercedes Morán como Elena, la enigmática
mujer del pastor, Vera Spinetta como la hija del matrimonio evangélico y Nancy
Dupláa (quizás la mejor actuación de la serie junto con la de Nicolás García) como
la fiscal Candía.

Mientras que El Reino muestra un lado de la política bien conocido por todos, quizás
su novedad sea la forma en que desentraña el costado de la religión que no muchos
se animan a exponer en una pantalla, no solo por la ola de críticas que puedan
recibir, sino porque es un juego que no todas las productoras nacionales están
dispuestas a enfrentar (la incursión de Netflix es, sin dudas, crucial en este tipo de
relatos).

La serie no escatima en criticar fuertemente las formas más oscuras del negocio de
la iglesia. El imperio, el cual se construye bajo el lema de un dios de varios
nombres, termina siendo más terrenal que divino, y Claudia Piñeiro no duda en
preponderar la ambición de sus personajes por sobre la fe de una manera cruda y
reveladora. Por eso no es extraño que varios grupos religiosos se hayan opuesto al
estreno de este mega tanque nacional que los deja bastante mal parados.

Sin embargo, la serie funciona, no solo porque plantea un escenario común que puede ser fácilmente reconocible por los espectadores de cualquier país del mundo, sino porque lo hace mediante el clásico juego del gato y el ratón que tanto nos gusta, liberando datos a cuentagotas y desentrañando el misterio junto con los mismos personajes. Buscamos algo, pero no sabemos qué, le seguimos la pista a alguien, pero no sabemos a quién, somos parte del argumento, pero no tenemos ningún tipo de control sobre él. Una fórmula infalible en este género. Por supuesto esto es posible gracias a un guion inteligente que contó con el desarrollo de Marcelo Piñeyro (Plata Quemada, Tango Feroz) y la colaboración de Miguel Cohan (Betibú).

Si hay que ponerle un “pero” a la trama, ese sería el componente pseudo mágico
que plantea en cierto punto. Arrastrado a manotazos, intenta introducir una historia
de santos milagrosos de manera forzada y presentada con más aire de superhéroes
de cómics que de folklore popular.

Otro punto débil es el papel de Sofá Gala, que no termina de encajar. Comienza
prometiendo más de lo que entrega y su arco termina por hacer agua frente a la
imposición de las tramas principales. Quizás la idea de sus creadores haya sido la
de presentarla de manera sutil en esta primera temporada, pensando en una
secuela. Sin embargo, no lo sabremos hasta que llegue ese momento.

Por lo demás, es una gran recomendación para disfrutar en Netflix que cuenta con
ocho episodios de entre 45 y 60 minutos cada uno y que ya confirmó su segunda
parte, aunque difícilmente vea la luz antes del próximo año.

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